El
Código de Hammurabi
El Código de Hammurabi
por Joshua J.
Mark, traducido por Antonio Elduque
Publicado el 30 junio 2021
El Código de Hammurabi era un conjunto de 282 leyes
inscritas en una piedra por el rey de Babilonia Hammurabi (r. 1795-1750 a.C.),
que conquistó y posteriormente reinó en la antigua Mesopotamia. Aunque este
código legal no fue el primero, fue el definido con más claridad e influyó en
las leyes de otras culturas.
Los primeros restos de un conjunto de leyes de la
Antigua Mesopotamia corresponden al Código de Ur-Nammu, que data de ca.
2100-2050 a.C., realizado en la ciudad de Ur durante el reinado de Ur-Nammu (r.
2047-2030 a.C.) o de su hijo Shulgi de Ur (r. 2029-1982 a.C.). Esas leyes
fueron dictadas por un rey que gobernaba sobre una población homogénea y se
basaban en un reconocimiento estándar de lo que se esperaba de los ciudadanos.
Durante el reinado de Hammurabi, la población era más diversa, y su código lo
refleja en su precisión, para asegurarse de que todos entendieran lo que se
esperaba de ellos.
Las leyes regulaban contratos de negocios y precios
adecuados para los productos, así como la familia y el enjuiciamiento criminal.
Cada crimen inscrito sobre la estela viene seguido por el castigo a infligir.
Nadie podía alegar ignorancia de la ley, porque la estela, de más de 2 metros
(7 pies) de alta, estaba expuesta en público. En su parte más alta, estaba
grabada la imagen de Shamash, el dios de la justicia, entregando las leyes a
Hammurabi, y el texto que sigue deja claro que esas son leyes de los dioses, no
unas reglas arbitrarias creadas por mortales.
El imperio de Hammurabi colapsó tras su muerte, y
Babilonia fue saqueada repetidas veces a lo largo de los años. Hacia 1150 a.C.,
Shutruk Nakhunte, rey de Elam, saqueó la ciudad de Sippar, cerca de Babilonia,
y se cree que se llevó a Elam el Código de Hammurabi, junto con la estatua del
dios Marduk, como botín de guerra. La estela fue descubierta en 1901 en las
ruinas de la ciudad elamita de Susa y actualmente se exhibe en el Museo del
Louvre de París, Francia.
Código de Ur-Nammu
El código de leyes más antiguo de Mesopotamia fue el
Código de Urukagina (ca. Siglo XXIV a.C.), del que hoy sólo existen algunos
fragmentos. El Código de Ur-Nammu, aunque también fragmentado, todavía tiene la
cohesión suficiente para ofrecer una idea clara del contenido de las leyes.
Estaban escritas en cuneiforme, sobre tabletas de arcilla, y siguen un modelo
posiblemente establecido por primera vez en el Código de Urukagina, que también
influiría en las posteriores Leyes de Eshnunna (ca. 1930 a.C.), el código del
rey Lipit-Ishtar (r. ca. 1870-1860 a.C.) y el de Hammurabi.
Ur-Nammu afirmó que las leyes provenían de los dioses
y que él no era más que el administrador, que transmitía al pueblo la voluntad
de sus dioses para poder prosperar.
Código legal de Ur-Nammu
Mesopotamia había sido gobernada por Sargón de Acad
(r. 2334-2279 a.C.), que fundó su Imperio acadio en 2334 a.C. El imperio cayó
ante los invasores gutis en ca. 2083 a.C. quienes, según los registros y la
literatura de la época, no quisieron reconocer a los dioses y las tradiciones
de la región. El rey de Uruk, Utu-Hegel, lideró con éxito una rebelión contra
los gutis y los derrotó aunque, poco después, se ahogó. Fue sucedido en la
guerra por su yerno Ur-Nammu quien, junto con su hijo, expulsó a los gutis de su
tierra.
Aunque el pueblo de Mesopotamia se había rebelado
repetidas veces contra Sargón y sus sucesores, tras la caída del Imperio acadio
y el caos resultante de la dominación guti, los reyes acadios fueron
reverenciados como héroes de una época dorada. El género literario conocido
como literatura mesopotámica Naru presentaba a Sargón o a su nieto Naram-Sin
(r. 2261-2224 a.C.) como personajes centrales que encarnaban los principios de
la realeza o servía como figuras ejemplares sobre cómo se debía respetar y
acatar la voluntad de los dioses para poder prosperar.
Law Code
of King Ur-Nammu
Código legal del rey Ur-Nammu
Osama
Shukir Muhammed Amin (Copyright)
Ur-Nammu comprendió la importancia de identificarse
con esos héroes del pasado que, en su época, ya no eran recordados como
opresores sino como grandes patriarcas que habían cuidado de la tierra y su
gente. Por tanto, se presentó a sí mismo como uno de esos patriarcas e
instituyó un estado patrimonial, animando a sus súbditos a considerarse como
sus hijos, todos miembros de una única familia. Para que ese modelo funcionara,
sin embargo, la gente tenía que estar de acuerdo. El investigador Paul
Kriwaczek comenta:
Para que un estado patrimonial sea estable en el
tiempo, es preferible que sea gobernado por consenso, como mínimo con el
consenso de la minoría más grande, si no es posible la mayoría. La obediencia
instintiva ha de ser la norma, porque de lo contrario se precisa destinar
demasiados esfuerzos a suprimir la desafección, para que los objetivos más amplios
del régimen sean realizables. (149)
Los reyes acadios (en la realidad, no en la forma
idealizada en que la gente de Ur-Nammu les recordaba) habían sufrido numerosas
rebeliones, precisamente porque no contaban con el consentimiento del pueblo.
Para evitar los mismos problemas, Ur-Nammu afirmó que las leyes provenían de
los dioses y que él no era más que el administrador, el intermediario, que
transmitía al pueblo la voluntad de sus dioses y hacía cumplir sus preceptos.
Todas las leyes siguen la estructura de frase condicional (si pasa esto –
entonces esto), como en esta breve muestra:
Si un hombre viola a la esclava virgen de otro hombre,
ha de pagar cinco siclos de plata.
Si un hombre declara como testigo, y se demuestra que
ha cometido perjurio, ha de pagar quince siclos de plata.
Si un hombre hace perder un ojo a otro hombre, pagará
el peso de media mina de plata.
Si un hombre hace perder un diente a otro hombre,
pagará dos siclos de plata (Kriwaczek, 150).
Las multas por infracciones tenían efecto disuasorio,
y no hacían falta penas más severas, porque Ur-Nammu contaba con el consenso de
los súbditos que entendían – al menos en teoría – lo que constituía una
conducta aceptable. Bajo el mandato de Ur-Nammu y de su hijo y sucesor Shulgi,
este modelo funcionó bien y propició durante sus reinados el gran resurgir
cultural conocido como Renacimiento sumerio. Las leyes de Eshnunna parecen
haber utilizado las de Ur-Nammu como modelo, aunque solamente se aplicaron a la
ciudad de Eshnunna y no tuvieron tanta influencia como las otras.
Código de Lipit-Ishtar
No está claro si Ur-Nammu escribió y promulgó este
código legal o si fue Shulgi quien lo publicó tras la muerte de su padre, pero
la estabilidad que generó continuó a lo largo de la Tercera Dinastía de Ur,
hasta el reinado de Ibbi-Sin (ca. 1963-1940 a.C.), tras el que fue sucedida por
la dinastía de Isin, fundada por Ishbi-Erra (ca. 1953-1940 a.C.). El reino se
había ido debilitando progresivamente incluso antes de Ibbi-Sin, pero durante
su reinado era demasiado débil como para rechazar las invasiones de amorreos y
elamitas, que finalmente instauraron la Tercera Dinastía de Ur.
En tiempos de Lipit-Ishtar, ya no podía suponerse que
toda la gente actuara con el mismo criterio de lo que era una conducta adecuada.
Ishbi-Erra era un funcionario bajo el reinado de
Ibbi-Sin, que criticó al rey por la debilidad frente a las invasiones. Derrotó
tanto a amorreos como a elamitas y restauró el orden, pero la población bajo su
gobierno ya no era el estado patriarcal homogéneo de Ur-Nammu. Aunque los reyes
de Isin establecieron y mantuvieron el orden, en tiempos del quinto rey,
Lipit-Ishtar, era preciso un nuevo código.
A diferencias del Código de Ur-Nammu, el de
Lipit-Ishtar tenía que ser más preciso para atender las necesidades de una
sociedad mucho más compleja. Seguían las multas monetarias como disuasorias,
pero hacían falta leyes más detalladas para la familia y los contratos
comerciales. Ya no podía suponerse que toda la gente sometida a la ley actuara
con el mismo criterio de lo que era una conducta adecuada. El Código de
Lipit-Ishtar también está fragmentado, pero entre sus leyes estaban:
Si el dueño o la dueña de una finca no han pagado el
correspondiente impuesto, y otro lo ha hecho durante tres años, el propietario
no puede ser expulsado, pero después, el que pagó el impuesto será el
propietario sin que el anterior pueda reclamarlo.
Si la esposa de un hombre no le ha dado hijos, pero
una prostituta de la plaza pública sí, él le suministrará grano, aceite y
ropas. Los hijos de la prostituta serán sus herederos y mientras su esposa
viva, la prostituta no vivirá con ella.
Si un hombre corta un árbol en el jardín de otro, le
pagará media mina de plata. (Duhaime, 1)
No están claros los motivos de Lipit-Ishtar para
escribir este código legal, pero fue honrado por sus sucesores como un gran
rey, que derrotó a los amorreos y mantuvo el orden. Se compusieron himnos en su
honor y su código aportó la estabilidad necesaria hasta el reinado del último
rey de la dinastía, Damiq-ilishu, que fue destronado por Sin-Muballit (r.
1812-1793 a.C.), quinto rey amorreo de Babilonia y padre de Hammurabi.
Sin-Muballit no pudo competir comercialmente con el
lucrativo centro comercial de Larsa, aliado de la Dinastía de Isin, de forma
que lo atacó, siendo derrotado por su rey Rim-Sin I. Se han perdido los
detalles del acuerdo de paz, pero una estipulación fue que Sin-Muballit había
de abdicar en favor de su hijo. Hammurabi comenzó su reinado pacíficamente,
continuando las políticas internas de su padre, desarrollando Babilonia y sus
alrededores, construyendo templos, y sin dar a Rim-Sin I ni a otros monarcas de
la región ningún motivo para sospechar que a la vez estaba aumentando y
equipando su ejército, y planeando las campañas que le permitirían conquistar
Mesopotamia.
Code of Hammurabi - Detail
Código de Hammurabi - Detalle
ctj71081 (CC BY-SA)
Es posible que promulgara su código legal de ca. 1772
a.C. para asegurar la estabilidad interna necesaria para lanzar esas campañas,
aunque la fecha podría ser posterior. Tal como apunta Kriwaczek más arriba, un
rey necesitaba el consentimiento de sus súbditos para tener una base social
estable, si quería aumentar su poder y expandir su territorio. El Código de
Hammurabi sirvió para ese objetivo, explicando a la población cómo había de
comportarse para vivir en paz bajo la ley.
Mientras que códigos legales anteriores establecían
multas y otras penas menores para las infracciones, los castigos de Hammurabi
eran mucho más severos:
Si un hombre vacía el ojo de otro hombre, se vaciará
su ojo.
Si rompe un hueso de otro hombre, se le romperá su
hueso.
Si un hombre arranca un diente a un igual, se le
arrancará su diente.
Si un constructor construye una casa para alguien, y
no lo hace adecuadamente, y la casa se hunde y mata a su propietario, el
constructor será ejecutado.
Si mata al hijo del propietario de la casa, el hijo
del constructor será ejecutado. (Pritchard, 161)
El Codigo de Hammurabi ejemplifica la ley de justicia
retributiva conocida como Lex Talionis, definida por el concepto “ojo por ojo y
diente por diente”. Era necesaria, porque la población era ahora mucho más
diversa de lo que lo había sido en el reinado de Lipit-Ishtar. Kriwaczek
comenta:
Las leyes de Hammurabi reflejan el shock de un entorno
social sin precedentes: el mundo babilónico multiétnico y multitribal. En los
tiempos anteriores de sumerios y acadios, todas las comunidades se sentían
miembros de la misma familia, todos igualmente siervos a los ojos de los
dioses. En tales circunstancias, las disputas se resolvían según un sistema de
valores aceptado colectivamente, en el que los vínculos familiares estaban por
encima de todos los demás, y una compensación justa era preferible a la venganza.
Ahora, sin embargo, que los ciudadanos urbanos se codeaban con nómadas, con una
forma de vida completamente distinta, en la que gentes que hablaban diversas
lenguas amorreas semíticas occidentales, entre otras, se mezclaban con acadios
desconcertados, la confrontación podía convertirse en conflicto con demasiada
facilidad. Las revanchas y las reyertas familiares podrían haber amenazado con
frecuencia a la cohesión del imperio. (180)
Para prevenir tales reyertas, que podían generar
inestabilidad social, Hammurabi se aseguró de que se entendieran sus leyes como
absolutas. Del mismo modo que Ur-Nammu afirmaba haber recibido sus leyes de los
dioses, así lo hizo Hammurabi pero, para que quedara totalmente claro, dejó
grabada en la parte superior de la estela una imagen de Shamash, dios de la
justicia, entregando las leyes a Hammurabi. Las leyes que siguen debajo de esa
imagen, en líneas de escritura cuneiforme, hacen referencia a su origen divino
así como a la grandeza de Hammurabi como bani matim (“constructor de la
tierra”), que levantó templos majestuosos a los dioses, construyó canales e
irrigó las tierras, y que administraba esas leyes por el bien común.
Hammurabi
and Shamash
Hammurabi
y Shamash
Mbzt (CC BY-SA)
Conquista y consolidación
Hammurabi demostró ser un rey bueno y justo con sus
súbditos y, habiendo logrado su consentimiento mediante sus políticas y sus
leyes, estaba listo para la expansión. Cuando los elamitas invadieron el sur de
Mesopotamia, Hammurabi se alió con Larsa y les derrotó. A continuación, rompió
rápidamente dicha alianza y conquistó las ciudades de Uruk e Isin, que estaban
bajo el control de Larsa, y se basó en esos recursos para lograr otros.
Hammurabi hizo repetidas alianzas, manteniéndolas sólo mientras le eran de
utilidad y rompiéndolas cuando creyó que ya no lo eran.
Una vez conquistado el sur de Mesopotamia, se dirigió
al norte. En una deslumbrante exhibición de su capacidad de volverse contra
antiguos aliados, atacó el reino amorreo de Mari cuyo monarca, Zimri-Lim (r.
1775-1761 a.C.), le había apoyado en los comienzos de su expansión. En sus
campañas, Hammurabi conquistaba una ciudad – a menudo bloqueando el suministro
de agua hasta que los defensores se rendían o bien embalsándola y liberándola
de repente para inundar la ciudad y crear confusión previamente al ataque – y
después la reconstruía y la restauraba. En el caso de Mari, sin embargo,
destruyó completamente la ciudad y la dejó en ruinas, mientras siguió sus
campañas a través de la región y consolidó su control sobre toda Mesopotamia en
1755 a.C.
Babylon
at the time of Hammurabi
Babilonia en tiempos de Hammurabi
MapMaster (CC BY-SA)
Conclusión
El código de Hammurabi se instituyó en todo el
territorio, unificando a la gente bajo la ley en lugar de hacerlo solamente por
la conquista. A diferencia del Imperio acadio, que había necesitado situar
oficiales seleccionados cuidadosamente para administrar las ciudades
conquistadas, Hammurabi controló su imperio mediante la ley. En el prólogo a su
Código, no solamente deja claro que son leyes divinas sino que su único interés
al administrarlas es el bien común:
Cuando el noble Anu, rey de los anunnakis, y Bel,
Señor del Cielo y de la Tierra, que determina el destino de la tierra,
encargaron a Marduk el mando de toda la humanidad, cuando pronunciaron el noble
nombre de Babilonia, cuando lo hicieron famoso en todos los cuadrantes del
mundo y en su centro establecieron un reino perpetuo, con fundamentos tan
firmes como el cielo y la tierra – entonces Anu y Bel me llamaron, Hammurabi,
el príncipe excelso, el devoto de los dioses, para hacer prevalecer la justicia
en la tierra, destruir al malvado y al mal, evitar la opresión del débil por el
fuerte, iluminar la tierra y traer el bienestar al pueblo. Yo soy Hammurabi, el
gobernante nombrado por Bel, el que trae consigo la abundancia. (Durant, 219)
El concepto de la ley como una institución que protege
al débil frente al fuerte, como una fuerza ante la cual todos eran iguales,
generó respeto y admiración, no sólo por las leyes, sino también por el
legislador. Aunque Hammurabi se adueñara de ciudades conquistándolas, durante
los últimos cinco años de su reinado no hay evidencias de revueltas o
desacuerdos. La gente reconoció que las leyes de Hammurabi iban a favor de sus
propios intereses y las mantuvo, generando estabilidad y permitiendo el
progreso cultural.
Desafortunadamente, el imperio legal que Hammurabi
creó no le sobrevivió mucho tiempo tras su muerte. Su hijo y sucesor,
Samsu-Iluna, que había reinado conjuntamente con él desde 1755 a.C., no estaba
por la labor de ser un segundo Hammurabi. Las ciudades-estado que habían estado
satisfechas bajo la dominación babilónica durante la vida del gran rey, se
rebelaron tras su muerte, y aunque es posible que conservaran sus leyes en sus
comunidades individuales, no parece que consideraran necesario mantener la
unidad creada por Hammurabi.
Esta falta de unidad hizo de las ciudades-estado
presas fáciles para los invasores. Los hititas les invadieron en 1595 a.C., los
casitas poco después, y más tarde los elamitas (ca. 1150 a.C.), al mando de su
rey Shutruk Nakhunte. Se cree que fue entonces cuando la estela con el Código
de Hammurabi fue llevada a Elam, donde sería encontrada en 1901 d.C., rota en
piezas. Su influencia fue notable, sin embargo, en la creación de códigos
legales posteriores, tales como las Leyes del Imperio Asirio Medio, las Leyes
Neobabilónicas, y la Ley Mosaica de la Biblia, todas las cuales siguen el mismo
modelo del Código de Hammurabi en el sentido de proporcionar una directiva
universal y objetiva sobre cómo tratar a los demás y cómo uno puede esperar ser
tratado, en una sociedad civilizada.
Bibliografía
1860 BC:
The Code of Lipit Ishtar by Lloyd Duhaime, accessed 23 Jun 2021.
Bertman,
S. Handbook to Life in Ancient Mesopotamia. Oxford University Press, 2005.
Bottéro,
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2012.
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Pritchard,
J. B. The Ancient Near East: An Anthology of Texts and Pictures, Volume I.
Princeton University Press, 2010.
Van De
Mieroop, M. A History of the Ancient Near East ca. 3000 - 323 BC. Blackwell Publishing, 2006.
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Sobre el
traductor
Soy doctor en
Química y trabajo en el sector biomédico. También licenciado en Humanidades,
especialmente aficionado a la Historia. Me gusta traducir porque obliga a una
lectura lenta y cuidadosa, buscando el sentido del texto más que el significado
de las palabras.
Sobre el autor
Joshua J.
Mark es cofundador de World History Encyclopedia's y Director de Contenidos. Ha
sido profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde ha enseñado historia,
filosofía, literatura y escritura. Ha viajado por todo el mundo y ha vivido en
Grecia y en Alemania.
Con afecto,
Ruben


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