sábado, 11 de julio de 2026

RECORDANDO A TRES PATINES Y LA TREMENDA CORTE

 

RECORDANDO A TRES PATINES Y LA TREMENDA CORTE



Wikipedia La enciclopedia libre

Marta Campos Redactora


La Tremenda Corte fue en principio un exitoso programa de

radio del género cómico, producido en La Habana, Cuba, con guiones de Cástor

Bispo, un escritor y actor español que después adoptaría la nacionalidad

cubana. Dicho programa se transmitió por radio entre 1942 y 1961 de forma

ininterrumpida, con aproximadamente 360 episodios, que fueron incluso

escuchados a nivel internacional. El final del programa de radio en Cuba se

debió principalmente a la censura del gobierno de Fidel Castro.

El programa fue llevado a la televisión también con mucho

éxito a nivel internacional a mediados de la década de 1960, específicamente en

Monterrey, Nuevo León, México, durante tres temporadas y media, entre 1966 y

1969.

 

El programa es considerado, por muchos conocedores en la

materia, como la mejor comedia radiofónica producida en Latinoamérica en

aquella época y rescata lo mejor de la idiosincrasia popular cubana.

 

Tanto Vispo como el equipo de producción se dieron a la

tarea de buscar cómicos locales para crear un espacio de corte liviano y humor

blanco en 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, como una forma de alegrar y

hacer olvidar los problemas a los habitantes de la isla. Pronto dieron con Leopoldo Fernández, un talentoso

comediante que ya era reconocido en espacios radiales y teatrales, así como con

su inseparable amigo, Aníbal de Mar,

que ya había trabajado tiempo atrás con Vispo. El resto del elenco surgió de

pruebas con otros cómicos menos conocidos, pero igualmente destacados.

 

El programa de La tremenda Corte inició sus transmisiones

en la emisora radiofónica RHC-Cadena Azul el 7 de enero de 1942.

 

En 1947, «La Tremenda Corte», al igual que

otros programas diversos de su época, fue llevado a la emisora competidora CMQ

Radio por sus anunciantes y patrocinadores en busca de mayores ventajas

competitivas. Los programas se transmitían en ese entonces en vivo, tres veces

por semana de lunes a viernes a las 8:30 PM, y eran patrocinados por una firma

de productos de perfumería y jabones.







 

Actores principales de «La Tremenda Corte» en la radio 1942-1961

Para llenar un libreto radial de quince minutos había que

escribir muchas cuartillas de texto, y su único escritor fue Vispo. Esta labor,

por lo tanto, resultaba bastante extenuante para su imaginación, algo que

siempre logró sacar adelante durante ese lapso. Así, “La Tremenda Corte” estuvo

en el aire sin interrupción desde 1942 a 1961 (primero en RHC Cadena Azul y más

tarde en CMQ).

 

Se calcula que se grabaron más de 360 episodios, muchos

de los cuales aún se escuchan por radio, pero hay unos pocos que nunca han

salido de Cuba, y por ende poco se conoce de ellos.

 

De todos esos programas radiofónicos que se grabaron en

la estación CMQ de La Habana entre 1947 y 1961, nadie sabe cuántos existen aún,

y se consideran objetos raros de valor incalculable para los admiradores y

coleccionistas de la serie.

La Tremenda Corte

LEOPOLDO FERNANDEZ Y ANIBAL DE MAR



En 1951, se estrenó la película cómico musical llamada

“Hotel de muchachas”, filmada en blanco y negro, y dirigida por Manuel de la

Pedrosa. En ella destacan, con sendos papeles protagónicos, Leopoldo Fernández

y Aníbal de Mar, debutando en la pantalla grande como «Pototo» y

«Filomeno»; cabe mencionar que Julito Díaz (el “Secretario” de

«La Tremenda Corte») tuvo un papel secundario. La cinta pronto se

convirtió en un clásico dentro de su género para esa época, a pesar de tener

una concepción bastante liviana, y motivó a que sus actores continuaran con los

personajes.



 

En 1955, el programa radial recibió un segundo aire de

forma indirecta al estrenarse el espacio humorístico de TV «El show de

Pototo y Filomeno», a través de CMQ TV, en el cual Leopoldo Fernández

(«Pototo») hacía un papel muy similar al de «Tres Patines»;

su compañero era nuevamente Aníbal de Mar («Filomeno»).

 

El espacio consistía de segmentos humorísticos y

canciones de música tropical con orquesta, formato precursor en su estilo en la

isla. El espectáculo fue presentado en los centros nocturnos Sierra y

Montmartre de La Habana, y el éxito del mismo propició dos discos de la pareja

y una segunda película («¡Olé Cuba!») en 1957.

 

El éxito hizo que el reparto del programa fuera a países

como Puerto Rico, Venezuela, Colombia, Perú, Panamá y la República Dominicana,

donde fueron aclamados.

 

Todo esto sucedía en conjunto con su trabajo en «La

Tremenda Corte», y, debido a ello, gran parte del público los identificaba

aún con sus caracterizaciones de radio.



 

En noviembre de 1958, Adolfo Otero, un actor esencial del

elenco, sufrió un infarto y posteriormente falleció a los 65 años. Casi simultáneamente,

también murió de una causa similar Julito Diaz, el secretario en algunos

episodios. Aun así, el programa siguió adelante sin ellos casi tres años

consecutivos.

 

EL FINAL DEL PROGRAMA RADIAL

 

Cerca del año 1960 hubo un giro drástico en la producción

del programa, debido a la revolución encabezada por Fidel Castro y a una

sociedad políticamente convulsa que se manifestaba en esos años. Sin embargo,

las circunstancias de aquel tiempo no detuvieron a los dos protagonistas

principales, que años después llevarían el programa a la televisión,

manteniendo la mayor parte del estilo que tuvo en la radio.

 

Previamente, se hicieron adaptaciones para teatros

locales, en donde hubo algunas funciones polémicas, en vista de que los actores

del programa (en particular Leopoldo Fernández) eran abiertamente críticos con

la política, y así lo manifestaban en sus actuaciones.



 

El castrismo, con su rígida tendencia marxista de esos

años, mostró su disconformidad con la existencia de espacios humorísticos en

los medios de comunicación, sobre todo cuando sus líderes empezaron a ser

objeto de los chistes.

 

Los años 1960 y 1961 fueron particularmente difíciles

para el elenco, debido a que el Gobierno empezó a enviar grupos de

simpatizantes para que escandalizaran con consignas comunistas durante las

actuaciones e interrumpieran por todos los medios las funciones.

 

Como no lograron su fin, en 1961 se emitió un decreto por

el que se obligaba a toda compañía teatral, radial o televisiva a someter sus

programas a la Comisión de Censura.

 

A pesar de ello, una noche de ese mismo año en la que se

presentaba “La Tremenda Corte”, adaptada para el Teatro Nacional, se desató una

balacera por parte del cuerpo de represión G2. Leopoldo Fernández fue

arrestado, y purgó una condena de 27 días de arresto domiciliario sin mayor

justificación.



 

Luego de ser absuelto se cuenta que Fernández elaboró una

pequeña pieza cómica que presentó en la capital cubana. Interpretando a “Pototo”,

él y otro actor revisaban un archivo de fotos de los presidentes de Cuba para

colgarlas en la pared. El otro actor mostró una foto de Fulgencio Batista y

Leopoldo le dijo: —» A éste lo botas…». El actor siguió tomando

diferentes figuras de políticos con la invariable respuesta del comediante:

—» A éste también lo botas…». Finalmente, el ayudante tomó una

fotografía de Fidel Castro; Leopoldo la miró, la mostró al público y

dirigiéndose a la pared dijo con su habitual socarronería: —» Déjame, que a

éste lo quiero colgar yo…».

 

El chiste, que en su momento tuvo gran difusión y fue

repetido en todas partes, concluía con la afirmación de que esta frase fue la

que obligó a su detención y posterior exilio en ese mismo año. Pero con todo y

lo bien rimada, la historia fue totalmente desmentida después en Miami por el

mismo Fernández que, cuando escuchó la versión de labios de un supuesto

asistente al teatro durante la citada función,

 lo corrigió no sin cierto dejo

de disgusto midiéndolo de pies a cabeza: “Caballero, si yo hubiera hecho y

dicho aquello, no estaría ahora aquí contando el cuento…”.



 

De cualquier manera (fuese el evento citado real o sólo

una especie de «leyenda urbana»), la policía de Castro clausuró el

espectáculo teatral de “La Tremenda Corte” y las presentaciones de «Pototo

y Filomeno» de forma definitiva.

 

A inicios de 1962, el medio artístico cubano sufrió un

fuerte revés cuando el gobierno fidelista incautó la radio CMQ y canceló todos

los programas de humor que ésta realizaba. La situación propició que la nómina

principal de «La Tremenda Corte» (a excepción del equipo de

producción, entre ellos Cástor bispo), emigrara de Cuba ese año en dirección a

Miami, Estados Unidos, para no regresar jamás.

El ambiente era incómodo e incierto para continuar
realizando trabajo humorístico, del que nunca obtuvieron remuneración económica
justa y proporcionada a pesar del reconocimiento público e internacional.

El exilio de los protagonistas del programa obedeció a
razones económicas, no por diferencias de ideología. De hecho, ninguno de los
actores del reparto manifestó alguna vez afinidad política, y decidieron
mantenerse al margen de los hechos que agitaban a la sociedad cubana, aun
cuando estuvieron radicados en el exterior.



En aquella época, los actores no recibían regalías por
los derechos de copia del programa, como sucede en la actualidad, por lo cual
Abel Mestre, (que había sido ejecutivo de la empresa CMQ antes de ser
expropiada por el castrismo) inteligentemente compró gran parte de los capítulos
de La Tremenda Corte a un precio verdaderamente irrisorio; después los ofreció
en venta a muchas de las principales estaciones de radio latinoamericanas de
esos años.

El valor de venta se estimó en ese entonces en $ 20 US
por episodio, o más de $ 7.000 US por la totalidad de los que aún se conservan
grabados, una cantidad exorbitante incluso hoy en día.



LA
TREMENDA CORTE EN LA TELEVISIÓN: 1966-1969

l programa de radio volvería a cobrar vida en México a
mediados de la década de 1960, gracias a la estación de radio XEFB-AM
(localizada en Monterrey). Ahí se comenzó a transmitir de nuevo los episodios
grabados en Cuba. Las emisiones de radio tuvieron una gran acogida en el
público, y la serie adquirió popularidad en el país.


El éxito del programa hizo que se creara una versión
adaptada a la televisión, y tiempo después, Televisión Independiente de México
(Cadena TIM) proyectó las primeras transmisiones de la serie en 1966 a través
del canal 6 de Monterrey (XET-TV 6), y del canal 8 en el Distrito Federal (XHTM
Canal 8), con un espacio semanal de media hora (alrededor de 21 minutos sin
comerciales); para esa época, la Cadena TIM tenía una magnífica programación,
gracias a que había contratado a varios escritores cubanos del momento.



Sin embargo, la serie televisiva evidenciaba las
limitaciones de la época, como el cartón pintado a modo de escenografía, los
equipos rudimentarios de video en formato de baja resolución, y la transmisión
en blanco y negro. La última temporada al aire mostraba que el público asistía
al foro de grabación, dándo así mayor credibilidad al Juzgado; ésta
circunstancia resaltó la capacidad de improvisación de los actores y su dominio
escénico.

«La Tremenda Corte» fue uno de los primeros
programas cómicos televisivos que se exportaron desde México hacia diversos
países de América. Cabe mencionar, como dato curioso, que en los primeros
capítulos de esta serie no aparece el personaje del gallego «Rudesindo
Caldeiro y Escobiña». Más adelante, el papel estaría a cargo del conocido
Florencio Castelló (de origen andaluz), uno de los pocos actores contratados
con amplia experiencia y trayectoria en actuación frente a las cámaras para
realizar el programa.

Del reparto original de radio, sólo repitieron sus
papeles Leopoldo Fernández (que además
escribía los libretos en ausencia de Vispo) y Aníbal de Mar, los personajes centrales e insustituibles en la
trama del programa. Mimí Cal («Luz
María Nananina») comediante habitual en la serie de radio, rechazó
participar desde su exilio en Miami. Mientras tanto, Adolfo Otero («Rudesindo») y Julito Diaz (el «secretario»), habían fallecido de
problemas cardíacos en 1958. Sus lugares los tomaron Norma Zuñiga («Luz María Nananina») y Florencio Castelló
(«Rudecindo»), mientras el puesto del secretario lo asumieron al
menos tres actores diferentes.





El resto del elenco se conformaba por actores cubanos y
mexicanos, en su gran mayoría totalmente desconocidos del público, pues la
televisora no estaba dispuesta a pagar salarios altos. Algunos comediantes,
como el joven Alfonso Zayas («Casimiro» de participación muy
esporádica), se dieron a conocer a través de esta serie. Otro actor particular
fue «Tonina Jackson», conocido en el país como un personaje de lucha
libre durante las décadas de 1950 y 1960, el cual apareció en unos cuantos
episodios. Una muy joven María Antonieta de las Nieves hizo su debut en la
pantalla chica apareciendo en un programa reeditado. Muchos actores volvieron
al anonimato -una vez que se canceló la serie- sin que se sepa mucho de su
vida. Junto a este elenco, se sumaron personajes distintos a los que se habían
escuchado décadas atrás.



El programa televisivo a pesar de que tuvo éxito tuvo
corta vida (hasta mediados de 1969) puesto que los costos de producción
resultaron insostenibles para la televisora, y no existía un patrocinio suficientemente
fuerte que lo sustentara, aunado a las evidentes limitaciones técnicas con las
que se realizaba. La cuarta temporada resultó inconclusa, a pesar de que ya era
un éxito en otras latitudes del continente, y del hecho que los actores se
esforzaron por mantenerlo al aire.

Por otro lado, la Cadena TIM estaba en medio de una seria
crisis financiera, junto con cambios de tipo administrativo que culminaron en
1973. Ese año TIM se fusionó con su competidor, Telesistema Mexicano, formando
de esa unión lo que hoy se conoce como Televisa, una de las cadenas mediáticas
más poderosas del mundo.



LA
TREMENDA CORTE: UN ÉXITO INTERNACIONAL

«La Tremenda Corte» ha sido uno de los

programas de radio más escuchados de los últimos años en muchos países de

América, y tanto ha sido su éxito que incluso hoy en día sigue transmitiéndose

en diversas emisoras de radio, principalmente para audiencias en México, Perú,

Panamá, Colombia, Costa Rica, Honduras, el Caribe (en particular en República

Dominicana), el estado de Florida en los Estados Unidos, y en otros países de

América (América Latina). La versión televisiva que duró solo tres años aun continua

retransmitiéndose en ciertas cadenas, principalmente en México, Perú, Ecuador y

Panamá.






Con afecto,

Ruben

 

 

 

 

 

 

lunes, 8 de junio de 2026

Cento : A imagen y semejanza

 A imagen y semejanza

[Cuento - Texto completo.]

Mario Benedetti






Era la última hormiga de la caravana, y no pudo seguir la ruta de sus compañeras. Un terrón de azúcar había resbalado desde lo alto, quebrándose en varios terroncitos. Uno de éstos le interceptaba el paso. Por un instante la hormiga quedó inmóvil sobre el papel color crema. Luego, sus patitas delanteras tantearon el terrón. Retrocedió, después se detuvo. Tomando sus patas traseras como casi punto fijo de apoyo, dio una vuelta alrededor de sí misma en el sentido de las agujas de un reloj. Sólo entonces se acercó de nuevo. Las patas delanteras se estiraron, en un primer intento de alzar el azúcar, pero fracasaron. Sin embargo, el rápido movimiento hizo que el terrón quedara mejor situado para la operación de carga. Esta vez la hormiga acometió lateralmente su objetivo, alzó el terrón y lo sostuvo sobre su cabeza. Por un instante pareció vacilar, luego reinició el viaje, con un andar bastante más lento que el que traía. Sus compañeras ya estaban lejos, fuera del papel, cerca del zócalo. La hormiga se detuvo, exactamente en el punto en que la superficie por la que marchaba, cambiaba de color. Las seis patas hollaron una N mayúscula y oscura. Después de una momentánea detención, terminó por atravesarla. Ahora la superficie era otra vez clara. De pronto el terrón resbaló sobre el papel, partiéndose en dos. La hormiga hizo entonces un recorrido que incluyó una detenida inspección de ambas porciones, y eligió la mayor. Cargó con ella, y avanzó. En la ruta, hasta ese instante libre, apareció una colilla aplastada. La bordeó lentamente, y cuando reapareció al otro lado del pucho, la superficie se había vuelto nuevamente oscura porque en ese instante el tránsito de la hormiga tenía lugar sobre una A. Hubo una leve corriente de aire, como si alguien hubiera soplado. Hormiga y carga rodaron. Ahora el terrón se desarmó por completo. La hormiga cayó sobre sus patas y emprendió una enloquecida carrerita en círculo. Luego pareció tranquilizarse. Fue hacia uno de los granos de azúcar que antes había formado parte del medio terrón, pero no lo cargó. Cuando reinició su marcha no había perdido la ruta. Pasó rápidamente sobre una D oscura, y al reingresar en la zona clara, otro obstáculo la detuvo. Era un trocito de algo, un palito acaso tres veces más grande que ella misma. Retrocedió, avanzó, tanteó el palito, se quedó inmóvil durante unos segundos. Luego empezó la tarea de carga. Dos veces se resbaló el palito, pero al final quedó bien afirmado, como una suerte de mástil inclinado. Al pasar sobre el área de la segunda A oscura, el andar de la hormiga era casi triunfal. Sin embargo, no había avanzado dos centímetros por la superficie clara del papel, cuando algo o alguien movió aquella hoja y la hormiga rodó, más o menos replegada sobre sí misma. Sólo pudo reincorporarse cuando llegó a la madera del piso. A cinco centímetros estaba el palito. La hormiga avanzó hasta él, esta vez con parsimonia, como midiendo cada séxtuple paso. Así y todo, llegó hasta su objetivo, pero cuando estiraba las patas delanteras, de nuevo corrió el aire y el palito rodó hasta detenerse diez centímetros más allá, semicaído en una de las rendijas que separaban los tablones del piso. Uno de los extremos, sin embargo, emergía hacia arriba. Para la hormiga, semejante posición representó en cierto modo una facilidad, ya que pudo hacer un rodeo a fin de intentar la operación desde un ángulo más favorable. Al cabo de medio minuto, la faena estaba cumplida. La carga, otra vez alzada, estaba ahora en una posición más cercana a la estricta horizontalidad. La hormiga reinició la marcha, sin desviarse jamás de su ruta hacia el zócalo. Las otras hormigas, con sus respectivos víveres, habían desaparecido por algún invisible agujero. Sobre la madera, la hormiga avanzaba más lentamente que sobre el papel. Un nudo, bastante rugoso de la tabla, significó una demora de más de un minuto. El palito estuvo a punto de caer, pero un particular vaivén del cuerpo de la hormiga aseguró su estabilidad. Dos centímetros más y un golpe resonó. Un golpe aparentemente dado sobre el piso. Al igual que las otras, esa tabla vibró y la hormiga dio un saltito involuntario, en el curso del cual, perdió su carga. El palito quedó atravesado en el tablón contiguo. El trabajo siguiente fue cruzar la hendidura, que en ese punto era bastante profunda. La hormiga se acercó al borde, hizo un leve avance erizado de alertas, pero aún así se precipitó en aquel abismo de centímetro y medio. Le llevó varios segundos rehacerse, escalar el lado opuesto de la hendidura y reaparecer en la superficie del siguiente tablón. Ahí estaba el palito. La hormiga estuvo un rato junto a él, sin otro movimiento que un intermitente temblor en las patas delanteras. Después llevó a cabo su quinta operación de carga. El palito quedó horizontal, aunque algo oblicuo con respecto al cuerpo de la hormiga. Esta hizo un movimiento brusco y entonces la carga quedó mejor acomodada. A medio metro estaba el zócalo. La hormiga avanzó en la antigua dirección, que en ese espacio casualmente se correspondía con la veta. Ahora el paso era rápido, y el palito no parecía correr el menor riesgo de derrumbe. A dos centímetros de su meta, la hormiga se detuvo, de nuevo alertada. Entonces, de lo alto apareció un pulgar, un ancho dedo humano y concienzudamente aplastó carga y hormiga.

FIN

La muerte y otras sorpresas, 1968

Con afecto,

Ruben




domingo, 7 de junio de 2026

Kikunae Ikeda (池田

 

Kikunae Ikeda (池田

 


Ikeda Kikunae; 8 octombre 1864] – 3 mayo1936) era japonés químico y Universidad Imperial de Tokio profesor de química que, en 1908, descubrió la base química de un sabor al que nombró umami. Es uno de los cinco gustos básicos junto con dulce, amargo, agrio y salado. [1]

 

Educación

Ikeda se graduó en 1889 en Universidad Imperial de Tokio



 en química

. En 1891 se convirtió en profesor en la Escuela Normal Superior de Tokio y en 1896 en profesor asociado en la Universidad Imperial de Tokio. A partir de 1899, el profesor Ikeda estudió en Alemania durante dos años en el laboratorio del profesor. Friedrich Wilhelm Ostwald en Universidad de Leipzig, que entonces era el centro de la química física.



 Después de una breve estancia en Londres, regresó a Tokio en 1901 y se convirtió en profesor titular de química en la Universidad Imperial de Tokio. [2]

 

Descubrimientos

, Ikeda estaba cenando con su familia cuando de repente dejó de hacerlo. Ese día el dashi El caldo de su sopa estaba más delicioso de lo normal; después de revolverlo unas cuantas veces, se dio cuenta de que la diferencia era el sabor umami de la adición de kombu, una especie de macro alga parda y escamas de pescado conocidas como katsuobushi.[3] Comprendió que el kombu era el secreto de ese sabor y desde ese día estudió la composición química de las algas.[1] Algunos notaron que el sabor del umami es similar al sabor de   alta cocina que el chef francés Auguste Escoffier había creado.[4]

 

En 1908, había aislado cristales marrones de ácido glutámico (glutamato) que transmitía el sabor característico. El químico glutamato monosódico (MSG) es la base química del sabor umami. Él eligió llamarlo Ajinomoto  (味の素; "esencia de sabor").



 En 1909 había desarrollado un proceso para producir glutamato monosódico en masa. [1] Pudo extraer glutamato monosódico del trigo y de la soja desgrasada y patentó el proceso para su fabricación. El glutamato monosódico se produce en masa a partir de almidón de maíz fermentado, caña de azúcar, melaza o remolacha.[5][6] Utilizando este método, la producción mundial de glutamato monosódico aumentó rápidamente.[7] A partir de 2007 su Compañía Ajinomoto, Inc. emplea a más de 32.000 personas. El glutamato monosódico se clasifica como uno de los principales potenciadores del sabor después de la sal y la pimienta. [8]

 

Kikunae Ikeda también estudió otros alimentos para ver si contenían umami y confirmó que el glutamato era responsable de parte del sabor de carne, algas y  y omates. Creía que los humanos probablemente desarrollaron un gusto por el glutamato porque señalaba la presencia de proteínas. [1]

 

Elogio

El 18 de abril de 1985, el Oficina de Patentes de Japón lo seleccionó como uno de Diez grandes inventores japoneses.

Con afecto,

Ruben