lunes, 16 de julio de 2018

Decimas al colegio militar



Decimas al colegio militar
 

AL C. M. L. P.

Si pudiera hoy volver
A mi época escolar
Yo lo haría sin dudar
Al colegio militar

Hoy que el tiempo ha transcurrido
Como ríos que han corrido
Bajo puentes sin olvido,
Les confieso que he sentido
Añoranza a lo vivido

Alto el pensamiento
Como una bandera
Es la huella duradera
De un profundo sentimiento
Que ha dejado nuestras vidas
Para siempre muy unidas

Con vistosos gallardetes
Que a su paso van flameando
Oficiales y cadetes
Con orgullo van marchando

Colegio militar Leoncio Prado
Al país tú le has legado
En tus años de existencia
Lo mejor de tu docencia

 Ahhh ¡!! si pudiera yo volver
A mi época escolar
Del colegio militar

SALIDA GENERAL

Que noticia tan genial!!
Dan salida general
Para suerte no han valido
Papeletas de castigo

Me pillaron con un pucho
En la hora del recreo
Y por más que no lo creo
De salida ya me veo

Me pusieron veinte puntos
Más los diez que ya tenía
Al sumarlos todos juntos
Ni el domingo yo salía

Es por eso mi alegría
Porque el sábado en la noche
A un tono voy en coche
Con los patas del salón
Que hacen todo un pelotón

Y el domingo al retornar
Al colegio militar
Mil historias a contar
A la hora de acostar

HORA DE RANCHO

En la hora de almorzar
Del colegio militar
Todos forman sin dudar
Pues no existe ni un cadete
Que su hambre no respete

Paso a paso van marchando
 Y en sus mentes van pensando
Qué menú lo está esperando

Del enorme comedor
Todo bulle en rededor
Van los mozos con las ollas
De lentejas con cebollas
Y a la hora de servir
Todos quieren repetir

Con el rancho no se juega
Pues el último que llega
Es seguro que se friega
Que si algo va a quedar
Es su hambre sin saciar

Y con fondo musical
De una música genial
La canción del cubanito
O la flaca popotito
Todos cantan un poquito

En la hora de almorzar
Del colegio militar,


Jorge Valverde Challe,
XX Promoción, joraival@yahoo.es

 

Con afecto,
Rubén


Tengo un sueño Martin Luther King



"Tengo un sueño"
Martin Luther King


Unos años antes, el 28 de agosto de 1963, Martin Luther King pronunció su discurso más recordado, "Tengo un sueño", frente a unos 250.000 manifestantes en Washington durante la Marcha por el Trabajo y la Libertad.
A continuación el discurso completo:
"Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy en la que quedará como la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestra nación. Hace cien años, un gran americano, cuya sombra simbólica nos cobija, firmó la Proclama de Emancipación. Este importante decreto se convirtió en un gran faro de esperanza para millones de esclavos negros que fueron cocinados en las llamas de la injusticia. Llegó como un amanecer de alegría para terminar la larga noche del cautiverio. Pero 100 años después debemos enfrentar el hecho trágico de que el negro aún no es libre. Cien años después, la vida del negro es todavía minada por los grilletes de la discriminación. Cien años después, el negro vive en una solitaria isla de pobreza en medio de un vasto océano de prosperidad material. Cien años después, el negro todavía languidece en los rincones de la sociedad estadounidense y se encuentra a sí mismo exiliado en su propia tierra.

Y así hemos venido aquí hoy para dramatizar una condición extrema. En cierto sentido, llegamos a la capital de nuestra nación para cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y la Declaración de Independencia, firmaban una promisoria nota de la que todo estadounidense sería heredero. Esa nota era una promesa de que todos los hombres tendrían garantizados los derechos inalienables de 'vida, libertad y búsqueda de la felicidad'. Es obvio hoy que Estados Unidos ha fallado en su promesa en lo que respecta a sus ciudadanos de color. En vez de honrar su obligación sagrada, Estados Unidos dio al negro un cheque sin valor que fue devuelto con el sello de 'fondos insuficientes'. Pero nos rehusamos a creer que el banco de la justicia está quebrado. Nos rehusamos a creer que no hay fondos en los grandes depósitos de oportunidad en esta nación. Por eso hemos venido a cobrar ese cheque, un cheque que nos dará las riquezas de la libertad y la seguridad de la justicia.
También hemos venido a este lugar sagrado para recordarle a Estados Unidos la urgencia feroz del ahora. Este no es tiempo para entrar en el lujo del enfriamiento o para tomar la droga tranquilizadora del gradualismo. Ahora es el tiempo de elevarnos del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el iluminado camino de la justicia racial. Ahora es el tiempo de elevar nuestra nación de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la sólida roca de la hermandad. Ahora es el tiempo de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento. Este sofocante verano del legítimo descontento del negro no terminará hasta que venga un otoño revitalizador de libertad e igualdad. 1963 no es un fin, sino un principio. Aquellos que piensan que el negro sólo necesita evacuar su frustración y que ahora permanecerá contento, tendrán un rudo despertar si la nación regresa a su rutina.
No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que el negro tenga garantizados sus derechos de ciudadano. Los remolinos de la revuelta continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que emerja el esplendoroso día de la justicia. Pero hay algo que debo decir a mi gente, que aguarda en el cálido umbral que lleva al palacio de la justicia: en el proceso de ganar nuestro justo lugar no deberemos ser culpables de hechos erróneos. No saciemos nuestra sed de libertad tomando de la copa de la amargura y el odio. Siempre debemos conducir nuestra lucha en el elevado plano de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas de la resistencia a la fuerza física con la fuerza del alma. Esta nueva militancia maravillosa que ha abrazado a la comunidad negra no debe conducir a la desconfianza de los blancos, ya que muchos de nuestros hermanos blancos, como lo demuestra su presencia aquí hoy, se han dado cuenta de que su destino está atado al nuestro. Se han dado cuenta de que su libertad está ligada inextricablemente a nuestra libertad. No podemos caminar solos. Y a medida que caminemos, debemos hacernos la promesa de marchar siempre hacia el frente. No podemos volver atrás.

Hay quienes preguntan a los que luchan por los derechos civiles: '¿Cuándo quedarán satisfechos?' Nunca estaremos satisfechos mientras el negro sea víctima de los inimaginables horrores de la brutalidad policial. Nunca estaremos satisfechos en tanto nuestros cuerpos, pesados por la fatiga del viaje, no puedan acceder a un alojamiento en los moteles de las carreteras y los hoteles de las ciudades. No estaremos satisfechos mientras la movilidad básica del negro sea de un gueto pequeño a uno más grande. Nunca estaremos satisfechos mientras a nuestros hijos les sea arrancado su ser y robada su dignidad con carteles que rezan: 'Solamente para blancos'. No podemos estar satisfechos y no estaremos satisfechos en tanto un negro de Mississippi no pueda votar y un negro en Nueva York crea que no tiene nada por qué votar. No, no estamos satisfechos, y no estaremos satisfechos hasta que la justicia nos caiga como una catarata y el bien como un torrente.
No olvido que muchos de ustedes están aquí tras pasar por grandes pruebas y tribulaciones. Algunos de ustedes acaban de salir de celdas angostas. Algunos de ustedes llegaron desde zonas donde su búsqueda de libertad los ha dejado golpeados por las tormentas de la persecución y sacudidos por los vientos de la brutalidad policial. Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen su trabajo con la fe de que el sufrimiento sin recompensa asegura la redención. Vuelvan a Mississippi, vuelvan a Alabama, regresen a Georgia, a Luisiana, a las zonas pobres y guetos de las ciudades norteñas, con la sabiduría de que, de alguna forma, esta situación puede ser y será cambiada. No nos deleitemos en el valle de la desesperación. Les digo a ustedes hoy, mis amigos, que pese a todas las dificultades y frustraciones del momento, yo todavía tengo un sueño. Es un sueño arraigado profundamente en el sueño americano.

Yo tengo un sueño de que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo: 'Creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales'.
Yo tengo el sueño de que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad.
Yo tengo el sueño de que un día incluso el estado de Mississippi, un estado desierto, sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia.
Yo tengo el sueño de que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter. ¡Yo tengo un sueño hoy!
Yo tengo el sueño de que un día, allá en Alabama, con sus racistas despiadados, con un gobernador cuyos labios gotean con las palabras de la interposición y la anulación; un día allí mismo en Alabama, pequeños niños negros y pequeñas niñas negras serán capaces de unir sus manos con pequeños niños blancos y niñas blancas como hermanos y hermanas. ¡Yo tengo un sueño hoy!
Yo tengo el sueño de que un día cada valle será exaltado, cada colina y montaña será bajada, los sitios escarpados serán aplanados y los sitios sinuosos serán enderezados, y que la gloria del Señor será revelada y toda la carne la verá al unísono. Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la que regresaré al sur. Con esta fe seremos capaces de esculpir en la montaña de la desesperación una piedra de esperanza. Con esta fe seremos capaces de transformar las discordancias de nuestra nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a prisión juntos, de luchar por nuestra libertad juntos, con la certeza de que un día seremos libres.
Este será el día, este será el día en que todos los niños de Dios serán capaces de cantar con un nuevo significado: 'Mi país, dulce tierra de libertad, sobre ti canto. Tierra donde mis padres murieron, tierra del orgullo del peregrino, desde cada ladera, dejen resonar la libertad'. Y si Estados Unidos va a convertirse en una gran nación, esto debe convertirse en realidad. Entonces dejen resonar la libertad desde las prodigiosas cumbres de Nueva Hampshire. Dejen resonar la libertad desde las grandes montañas de Nueva York. Dejen resonar la libertad desde los Alleghenies de Pennsylvania. Dejen resonar la libertad desde los picos nevados de Colorado. Dejen resonar la libertad desde los curvados picos de California. Dejen resonar la libertad desde las montañas de piedra de Georgia. ¡Dejen resonar la libertad de la montaña Lookout de Tennessee. Dejen resonar la libertad desde cada colina y cada montaña de Mississippi, desde cada ladera, dejen resonar la libertad! Y cuando esto ocurra, cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar desde cada pueblo y cada caserío, desde cada estado y cada ciudad, seremos capaces de apresurar la llegada de ese día en que todos los hijos de Dios, hombres negros y hombres blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, serán capaces de unir sus manos y cantar las palabras de un viejo espiritual negro: '¡Por fin somos libres! ¡Por fin somos libres! Gracias a Dios todopoderoso, ¡por fin somos libres!'".

Con afecto,
Rubén


miércoles, 20 de junio de 2018

Citas citables: 5Reader’Digest (1984)



Citas citables: 5Reader’Digest (1984





82. Cuando era  jojoven pensaba que el socialismo constituía las matemáticas de la justicia. Pero hoy comprendo que es la aritmética  de la envidia.
83. El inconveniente de ser puntuales es que damos a los demás, la impresión de que no tenemos nada que hacer.
84. Al hombre que tiene de todo esto le  preocupa menos, si ese todo incluye a su esposa.
85. Solo quien intenta lo ridículo, puede  lograr lo imposible.
86. Lo grave de nuestra economía actual es que el rico es rico en papel; si empobrece, se le exige dinero contante y sonante.
87. La prueba de la inteligencia superior estriba en la habilidad de tener la mente dos ideas opuestas  al mismo tiempo y conservar sin embargo la habilidad de funcionar.
88. Como los adolescentes ya son demasiados grandes para hacer lo que hacen los niños, no tienen la edad suficiente para conducirse como los mayores, mas hacen lo que a nadie se le ocurre.
89. El aburrimiento es un problema vital para el moralista, pues el temor al tedio  es causa al menos de la mitad  de los pecados de la humanidad.
90. Una de las formas de derroche es hacer un gasto de palabras superior al ingreso de ideas.
91. No hace falta saber cantar. Basta sentir el hacerlo para que nuestro día sea un éxito.
92. El hombre inteligente que se enorgullece de su inteligencia, es como el presidiario que presume de su amplia celda.
93. Quien dijo que la juventud es un estado de ánimo, tiene indudablemente más ánimo que juventud.
94. El televisor jamás sustituirá al periódico  no (por completo). Trate usted de matar una mosca con un televisor.
95. Ni siquiera nos queda tiempo para amar. ¿Qué nos queda para odiar?
96. Nada prueba el ruido. A menudo la gallina pone un solo huevo y cacarea como si hubiera puesto un asteroide.
97. Para hacerte daño, solo hace falta que actúen conjuntamente; tu amigo. Aquel para calumniarte y este para darte la noticia.
98. Es posible que un mensaje de la vuelta al mundo en una fracción de segundo, pero quizás se necesiten años para que llegue del exterior al interior de la cabeza del hombre.
99. Con demasiada frecuencia, nuestras mentes se quedan trabadas en una sola posibilidad. Buscamos rojo y no advertimos el azul. Y por consiguiente muchas grandes mentes y pensadores se han perdido, porque no esperaban lo inesperado.
100. La juventud es como la primavera: una estación sobrevalorada, en que abundan más los vientos cortantes que las brisas templadas. El otoño es la estación de la madurez: lo que perdemos en flores lo ganamos en frutos.
101. La televisión fue el acontecimiento más revolucionario del siglo. Su importancia fue  equiparable al descubrimiento de la pólvora y la invención de la imprenta, que cambiaron la condición humana en los siglos posteriores. Con tanta televisión la humanidad  ya no se sentó a charlar en los escalones del frente, ni se reunió en la sala ver si el rose  o calor humano amenizaba la velada. En lo sucesivo, la   gente se sentó en habitaciones escasamente iluminadas, solas o en grupos silenciosos, que es lo mismo, para ver parpadear imágenes en un mueble electrónico.

Con afecto,
Rubén