martes, 3 de mayo de 2022

5 poemas de Gabriel García Márquez

 


5 poemas de Gabriel García Márquez


 

Cuando oímos su nombre pensamos en Macondo.

 Siempre lo identificamos con sus novelas, pero también escribió poesía.

 Descubre a continuación 5 poemas de Gabriel García Márquez.

Canción

Llueve en este poema
Eduardo Carranza.

Llueve. La tarde es una
hoja de niebla. Llueve.
La tarde está mojada
de tu misma tristeza.
A veces viene el aire
con su canción. A veces
Siento el alma apretada
contra tu voz ausente.

Llueve. Y estoy pensando
en ti. Y estoy soñando.
Nadie vendrá esta tarde
a mi dolor cerrado.
Nadie. Solo tu ausencia
que me duele en las horas.
Mañana tu presencia regresará en la rosa.

Yo pienso cae la lluvia
nunca como las frutas.
Niña como las frutas,
grata como una fiesta
hoy está atardeciendo
tu nombre en mi poema.

A veces viene el agua
a mirar la ventana
Y tú no estás
A veces te presiento cercana.

Humildemente vuelve
tu despedida triste.
Humildemente y todo
humilde: los jazmines
los rosales del huerto

y mi llanto en declive.
Oh, corazón ausente:
qué grande es ser humilde

Poema desde un caracol

Yo he visto el mar. Pero no era
el mar retórico con mástiles
y marineros amarrados
a una leyenda de cantares.

Ni el verde mar cosmopolita
-mar de Babel- de las ciudades,
que nunca tuvo unas ventanas
para el lucero de la tarde.

Ni el mar de Ulises que tenía
siete sirenas musicales cual siete islas rodeadas
de música por todas partes.

Ni el mar inútil que regresa
con una carga de paisajes
para que siempre sea octubre
en el sueño de los alcatraces.

Ni el mar bohemio con un puerto
y un marinero delirante
que perdiera su corazón
en una partida de naipes.

Ni el mar que rompe contra el
[muelle
una canción irremediable
que llega al pecho de los días
sin emoción, como un tatuaje.

Ni el mar puntual que siempre tiene
un puerto para cada viaje
donde el amor se vuelve vida
como en el vientre de una madre.

Que era mi mar el mar eterno,
mar de la infancia, inolvidable,
suspendido de nuestro sueño
como una Paloma en el aire.

Era el mar de la geografía,
de los pequeños estudiantes,
que aprendíamos a navegar
en los mapas elementales.

En el mar de los caracoles,
mar prisionero, mar distante,
que llevábamos en el bolsillo
como un juguete a todas partes.

El mar azul que nos miraba,
cuando era nuestra edad tan frágil
que se doblaba bajo el
peso de los castillos en el aire.

Y era el mar del primer amor
en unos ojos otoñales.

Un día quise ver el mar
-mar de la infancia- y ya era tarde.

La muerte de la rosa

Murió de mal aroma.
Rosa idéntica, exacta.
Subsistió a su belleza,
Sucumbió a su fragancia.
No tuvo nombre: acaso
la llamarían Rosaura,
O Rosa-fina, o Rosa
del amor, o Rosalba;
o simplemente Rosa,
como la nombra el agua.
Más le hubiera valido
ser siempreviva, Dalia,
pensamiento con luna
como un ramo de acacia.

Pero ella será eterna:
fue rosa; y eso basta;

Dios la guarde en su reino
a la diestra del alba.

Si alguien llama a tu puerta

Si alguien llama a tu puerta, amiga mía,
y algo en tu sangre late y no reposa
y en tu tallo de agua, temblorosa,
la fuente es una líquida de armonía.

Si alguien llama a tu puerta y todavía
te sobra tiempo para ser hermosa
y cabe todo abril en una rosa
y por la rosa desangra el día

Si alguien llama a tu puerta una mañana
sonora de palomas y campanas
y aún crees en el dolor y en la poesía

Si aún la vida es verdad y el verso existe.
Si alguien llama a tu puerta y estás triste,
abre, que es el amor, amiga mía.

Soneto matinal a una colegiala ingrávida

Al pasar me saluda y tras el viento
que da al aliento de su voz temprana
en la cuadrada luz de una ventana
se empaña, no el cristal, sino el aliento

Es tempranera como una campana.
Cabe en lo inverosímil, como un cuento
y cuando corta el hilo del momento
vierte su sangre blanca la mañana.

Si se viste de azul y va a la escuela,
no se distingue si camina o vuela
porque es como la brisa, tan liviana

que en la mañana azul no se precisa
cuál de las tres que pasan es la brisa,
cuál es la niña y cuál es la mañana

Con afecto,

Ruben

 

lunes, 2 de mayo de 2022

Poemas de Jesús Hilario Tundidor

 

Poemas de Jesús Hilario Tundidor


 

 

AL CORAZÓN

Mirad,
ahora lo pongo
sobre mi mano: oídlo,
justifica
una vida. Dentro
de su volumen cabe
la desesperación y la esperanza,
los ríos en tinieblas y la clara
posesión de la luz.

Si lo tuviera
unos instantes más me quemaría
su peso, su ternura, su profundo
misterio. Jamás frente a mis ojos
a tal extensión tuve:
aquí el presentimiento, allá las sombras,
en largo cauce el júbilo, la dicha
mortal y repasada, y ocupando
su contorno o distancia el agua siempre
ávida de entregarse,
el buen amor que nunca
termina concedido.
Honda fue su verdad y es su ceniza.
Bajo
su sencillez de forma,
en el ámbito
luminoso de su noche sonora reposa,
da principio y concluye
el triste sueño humano.

A UNA ARAÑA

 

 

Pudiera ser un pulpo y es araña.
Pudiera ser dolor y es tejedora,
acompañante de mi vida ahora
en una habitación triste de España.

Pudiera ser que araña que te araña
llegase al corazón, no cavadora
sino hilandera alegre, portadora
de una madeja de oro gris extraña.

Pudiera ser que en el tabique oscuro
del corazón, sobre las cosas viejas,
tejiese allí su urdimbre de bonanza,

y se me hiciese luz hacia un futuro
dorado a paz, sin sombras y sin rejas:
¡Inmensa araña azul de la esperanza!

AQUELLO

 

 

A veces se me ocurre que estoy harto,
que ya no puedo más, y abro la vida:
un hombre en pie, una barca
náufraga camina.

A veces pongo el corazón de nuevo
al aire como un poco de agua y brisa.
Y todo ya absoluta¬-
mente ceniza.

Hay noches que estoy ciego por el vino
de Dios, del Dios que busco cada día.
Y nada tengo y creo
en la mentira.

Ocurre en otras náuseas que me parto,
que me reparto el cuerpo en la desdicha.
Y todo ya absolutamente ceniza.

A veces se me ocurre que estoy triste:
toco mi edad, las cosas, la amplia vida.
Y todo es absoluta-
¬mente ceniza.

PERFIL DE JULIO

 

 

Tienes un corazón.
Tú tienes un corazón infectado.
Infectado tu corazón tienes
un corazón de corazón lleno.

Poema inicial

Aquí, tranquilamente,
voy a decirte una palabra,
la última palabra
donde quedó tu corazón antiguo…

Aquí, tranquilamente:
Dios era carne entonces
y tú lo recreabas en tu espíritu.

Ay, arrodíllate,
no volverás dos veces a ser niño.

 

Tú tienes tu corazón infectado lleno de soledad.
Lleno de corazón tu corazón infectado
llora.

Tienes un corazón,
tu corazón, lleno de corazón
y soledad. Y tú no sabes
que está cansado, que está inútilmente
cansado tu corazón lleno infectado
de soledad.

Y que ahora le duele, ahora mismo le duele
entre tanto despojo, tanta máscara
hirsuta y lentas voces

y X

Y así pasa la noche,
el tiempo, el agua de la muerte, el agua
de la vida, el circo amigo.
Y hay una dulce dejadez de amor
que nos empaña.
Afuera
las estrellas y el campo duermen, solos,
sin luz, sin Dios, sin claridad o ruido.

Todo
estaba conjurado.
Nadie
sabía que al entrar
se le daría un puesto, una ribera
donde el agua y el ser se marchitaran.

Y pasa así la troupe
como si ajenos, desentendidos, tristes
contempladores fuésemos nosotros.
Vienen sombras, carátulas,
figuras de oro falso y papel viejo,
barras, trapecios, trampolines, pistas,
la dulce musiquilla del rugido
del hombre… Todo
para un último fin que nadie sabe.

Alegres, sonoros
en la fraternidad,
cobrada la moneda,
divertidos
de tanto amor y engaño,
en masa, en bando, en emoción
única y sencilla, damos
humildemente
desconocidos,
cuando el gallo nos llama,
término al contemplar, y cesa el circo.


 

Con afecto,

Ruben