domingo, 26 de agosto de 2018

Nicolás de Piérola y su trayectoria política.



Nicolás de Piérola y su trayectoria política. 

 

(Un siglo sin Piérola)
No muchos han recordado que hace mas  cien años dejó de existir uno de los políticos peruanos más importantes y controvertidos de nuestra historia: Nicolás de Piérola. 

Por Víctor Liza

Las elecciones presidenciales de 1990 fueron, sin duda, las más sorprendentes de nuestra historia republicana, debido a la inesperada elección como primer mandatario del desconocido (en política) Alberto Fujimori. Era el principio del fin de los partidos “tradicionales”, y el comienzo de una de las épocas más oscuras de nuestro pasado reciente.

En esos mismos comicios hubo dos candidatos que, aunque lograron una minúscula votación, llamaron la atención por la herencia política que llevaban detrás. Una de ellas fue Dora Larrea del Castillo, quien además de destacarse por ser la primera mujer que postuló a la presidencia del país en 170 años, encabezaba un partido que firmó su acta de defunción en esa elección: la Unión Nacional Odriísta, fundada por el exdictador Manuel Odría, años después del “ochenio”.

El otro candidato llamaba la atención no solo por el nombre, sino por el apellido: Nicolás de Piérola Balta, que era candidato por la Unión Democrática, y era nada menos que el sobrino nieto del dos veces presidente del Perú, Nicolás de Piérola Villena, “el Califa”, personaje que marcó la vida política del país durante más de cuatro décadas, entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

Piérola Balta, que además era bisnieto del extinto presidente José Balta (que curiosamente nombró ministro de Hacienda al tío abuelo del candidato presidencial), apenas sacó 9,541 votos de entre casi ocho millones de votantes que participaron en aquellas elecciones de 1990. Eso demuestra que el apellido no endosa ni hereda el carisma político, el que Nicolás de Piérola Villena tuvo de sobra.


Los primeros pasos

José Nicolás Baltasar Fernández de Piérola y Villena nació en Arequipa el 5 de enero de 1839. A los 14 años ingresó a estudiar al Seminario de Santo Toribio, en Lima, pero en 1860 abandonó sus estudios de Teología y Derecho, y se casó con su prima hermana, Jesusa de Iturbide, hija del Príncipe Imperial de México Agustín Jerónimo. Sus padres habían fallecido tres años antes, y se dedicó a los negocios y el periodismo, colaborando en periódicos católicos.

Su aparición en la escena política ocurre al día siguiente de su cumpleaños número 30, el 6 de enero de 1869, cuando el entonces presidente José Balta lo nombra ministro de Hacienda. De inmediato pidió autorización al Congreso para negociar directamente la venta del guano al exterior, que estaba en auge en aquel momento, y logró realizar un contrato con la Casa francesa Dreyfus, firmado seis meses después, pese a las protestas de los consignatarios.

Con los 73 millones de soles que recaudó el Estado, producto de la venta de dos millones de toneladas de guano a Dreyfus, el gobierno de Balta comenzó a emprender la realización de obra pública. Luego de dejar el fajín ministerial en julio de 1871, Piérola debió enfrentar una acusación del Congreso en 1872 por sus responsabilidades como ministro, luego de considerar que el Contrato Dreyfus afectó los intereses nacionales. El joven ex ministro salió bien librado.

Dos años después, y luego de un periplo por Francia, Piérola encabezó una revolución denominada “la Expedición del Talismán” contra el presidente Manuel Pardo, que había sucedido a Balta, pero fracasó. Luego emprendió otros intentos de insurrección contra Pardo en 1876 (Moquegua) y contra Mariano Ignacio Prado en 1877 (Callao), los dos sin éxito.
Sin embargo, estas incursiones le dieron popularidad.


La guerra del pacifico

En 1879 el Perú ya estaba inmerso en el conflicto bélico con Chile. Piérola, de vuelta en el país, ofreció sus servicios al régimen de Prado, pero fue rechazado. En un hecho controversial hasta la fecha, este último viajó en noviembre a Europa con el supuesto propósito de comprar armas, y dejó la presidencia en manos de Luis La Puerta. Al mes siguiente, La Puerta debió enfrentar una nueva sublevación de Piérola, que esta vez fue victoriosa.

Una vez en el poder, Piérola declaró que Prado era un traidor a la patria por ausentarse del país en pleno conflicto con Chile. Sin embargo, su actuación al mando del país durante la guerra tampoco fue positiva para los intereses nacionales.

En su libro “La Campaña de la Breña – Memorias”, el futuro mariscal Andrés Avelino Cáceres relató que Piérola dejó abandonadas a su suerte a las fuerzas peruanas, que tenían que combatir en condiciones lamentables. Nunca equipó adecuadamente y tampoco envió refuerzos a los batallones comandados por Cáceres que, pese a su poca destreza y falta de armamento, dieron recia pelea, haciendo que el enemigo se sintiera desalentado por momentos pese a su superioridad numérica y técnica.

Además de esto, según historiadores y testimonios de combatientes de la Guerra del Pacífico, Piérola comenzó a nombrar en los batallones del Ejército a gente adicta a su entorno, hecho que perjudicó el desempeño de los soldados en el conflicto; además de tomar decisiones al mando de la guerra que perjudicaron a los luchadores. Y por si fuera poco, las medidas económicas que tomó llevaron al país a la bancarrota.

Piérola no pudo ver el final de la guerra como jefe de Estado peruano. El 17 de enero de 1881 las tropas chilenas ocuparon Lima y Piérola trasladó la sede de gobierno a Ayacucho, pero diversos pronunciamientos en diversas partes del país lo llevaron a dimitir el 28 de diciembre de ese mismo año.



Reinvención y vuelta al poder

Tras su fracaso como gobernante, Piérola fundó el Partido Demócrata en 1882, y poco después viajó nuevamente a Europa. Al año siguiente retornó al país, y mantuvo neutralidad en los regímenes de Miguel Iglesias (1883-1886); Cáceres, que sería su acérrimo enemigo (1886-1890); y Remigio Morales Bermúdez (1890-1894); bajo el argumento de que el país necesitaba tranquilidad, luego del desastre de la guerra.

Sin embargo, en 1890 fue apresado y sometido a proceso por su actuación en aquel conflicto. Logró escapar de la prisión en octubre de ese año, y embarcó del Callao rumbo a Panamá, y luego a Europa al año siguiente. En 1893 estuvo en Chile.

Al año siguiente, el presidente Morales Bermúdez falleció repentinamente, y su puesto quedó en manos de Justiniano Borgoña. Leal a Cáceres, disolvió el Congreso y convocó a nuevas elecciones, en las que naturalmente se impuso “el Brujo de los Andes”.

El Partido Civil, que había gobernado durante Pardo, y el Demócrata de Piérola, se aliaron para oponerse a Cáceres, formándose la Coalición Nacional. Inmediatamente surgieron grupos de montoneros para derrocar al héroe de la Guerra del Pacífico. 

Luego de esto, Piérola volvió al país el 4 de noviembre, lanzando un “Manifiesto a la Nación”, con el que se ponía al mando de los montoneros y daba inicio a una guerra civil. El 17 de marzo de 1895, Piérola ingresó a caballo junto a sus huestes en la Portada de Cocharcas, hecho retratado en un óleo por el pintor Juan Lepiani. Las fuerzas caceristas retrocedieron por dos días hasta Palacio de Gobierno. Aunque no habían sido derrotados, entendieron que había un cierto fervor popular a favor de Piérola.

Con la mediación del Cuerpo Diplomático, los caceristas accedieron a entregar el poder al civilista Manuel Candamo, quien convocó a elecciones en las que se presentó solamente Piérola. Tras vencer sin contendor, asumió en setiembre de 1895.

Segundo gobierno y últimos años

El segundo gobierno de Piérola logró completar los cuatro años de mandato que estipulaba la Constitución de 1860. En esta ocasión consiguió la recuperación económica del país, aunque inició la era denominada por los historiadores como “República Aristocrática”. También realizó varias obras públicas, reforzó el ejército, y modernizó la urbe.

Aunque no contó con oposición del Partido Constitucional de Cáceres, y contó con el apoyo del Partido Civil, Piérola afrontó duras críticas del destacado intelectual Manuel González Prada, quien sería gran influencia en los futuros movimientos sociales de los primeros treinta años del siglo XX, como fueron la alianza obrero-estudiantil que forjaron Víctor Raúl Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui.

González Prada reprochó a Piérola, con su discurso anarquista, haber dejado de lado a los indígenas, además de haber olvidado a los campesinos y los obreros. También denunció que la corrupción campeaba en el régimen pierolista.

En 1899 Piérola dejó la presidencia. Al año siguiente postuló a la alcaldía de Lima, pero fue derrotado sorpresivamente por el independiente Federico Helguera. En 1904 anunció su postulación a la primera magistratura de la Nación, pero luego declinó, hecho que favoreció a José Pardo, hijo de su rival de antaño, Manuel Pardo.

En 1909 ocurrió un hecho singular. Un grupo de simpatizantes pierolistas, sin la venia de su líder, entraron sorpresivamente a Palacio de Gobierno, donde se encontraba el entonces mandatario Augusto B. Leguía, a quien capturaron y pasearon por varias calles del centro de Lima.

Los pierolistas pidieron la renuncia al presidente, además de exigirle firmar un documento con el pedido, ante lo que   Le guía respondió, “¡no firmo!”. Esa respuesta generó la intervención de la fuerza pública, que dispersó y capturó a los opositores. Piérola, que ya tenía 70 años, tuvo que esconderse luego por la persecución gubernamental.

Una de sus últimas intervenciones fue la célebre frase que pronunció ante el entonces presidente Guillermo Billinghurst, al que dijo en 1912: “¿Cómo pretende gobernar bien el país si antes no gobierna bien sus nervios?”.

Piérola falleció el 23 de junio de 1913, a los 74 años. Su funeral al grito de “¡Viva Piérola!” fue multitudinario, según los historiadores y documentos de la época. 


Fuente: Diario La Primera. 24 de julio del 2013.
Publicado por Eddy Romero Meza en 8:26

Con afecto,

Ruben

Historia:Nicolás de Piérola: El gran traidor de la Patria



Relatos históricos

“La historia debe ser sobretodo la pintura de un tiempo, el retrato de una época.
 Cuando esta se limita a ser el retrato de una persona o la pintura de una época, de una vida, solo a medias es historia”. Joseph Joubert.

Nicolas de Pierola







Nicolás  de Piérola: El gran traidor de la Patria
Fuente: Con nuestro Perú
Tu revista digital te cuenta la verdad
(wwwconnuestroperu.com)

Esta es la historia que nunca nos enseñaron en el colegio. Por conveniencia de los gobiernos traidores y corruptos. Durante el gobierno de Prado, se corría un estribillo que decía: "Este jabón lava, pero nunca sacará la mancha" y todo aquel que lo decía o escribía terminaba en la cárcel  Nunca olvidaremos nuestra  Historia. Peruanos.  
El rol de Nicolás de Piérola en la historia del Perú

Seguramente Nicolás de Piérola debe ser uno de los personajes que más daño ha causado al Perú y sin embargo, a través del tiempo se le ha rendido pleitesía y hasta la principal avenida de Lima lleva su nombre. En las escuelas y colegios del país nunca se narro la historia verdadera de este político que le toco ser una figura preponderante en los aciagos años de la guerra del pacifico, por el contrario se le menciona como al patriota que dio todo de si, por su patria.
Ni los conocidos historiadores, Jorge Basadre, Pons Muzo ni otros, se atrevieron a escribir la verdad sobre Piérola y no porque no supieran cuál era lo cierto, sino, por el temor que casi siempre han tenido estos intelectuales a las clases dominantes y de poder en el Perú. Además sabían que pasando por encima de monstruosas verdades, podrían sus libros  no ser aceptados por el Ministerio de Educación del Perú y por otro lado no serian reconocidos como hombres ilustres. Por ejemplo, nadie dijo que en realidad la guerra del 79 no fue con Chile, sino que fue con un país poderoso como Inglaterra, la primera potencia del mundo en esos años, que uso a Chile como instrumento para arrebatarle a Perú y Bolivia las riquezas que guardaban su suelo, riquezas que como era natural fueron a parar a las empresas inglesas después. Como una muestra de esto, puedo señalar que Chile, por la adquisición de sus blindados Cochrane y Blanco Encalada, no pago ni un solo peso a Inglaterra que los construyó.
Sin embargo es importante que la historia real se vaya abriendo campo porque, como es sabido, solo los pueblos que conocen y respetan su historia pueden aspirar a un futuro mejor. Para no explayarnos en este tema nos  centraremos en una parte de la historia.
Era el mes de noviembre del 1879, ya el Perú había perdido el Huáscar en Angamos y solo le quedaba un débil barco de guerra  que era la corveta Unión. El gobierno de Mariano Ignacio Prado resolvió hacer una colecta nacional para comprar dos blindados que podían significar la salvación de la república; esta se llevo a cabo el último domingo del  ese mes de noviembre y cuentan los que vivieron por esos tiempos, que todo el Perú acudió a ese llamado, desde las esferas acaudaladas, hasta los más pobres, las mujeres entregaron sus joyas y los niños sus alcancías. Por los mismos días llegaba al Callao desde Santiago de Chile, Nicolás de Piérola, país donde se encontraba exiliado y con el amparo de la burguesía chilena que tenía el poder en esa nación. Apenas desembarco empezó a conspirar en la oscuridad contra el gobierno, cosa que era costumbre en él, porque este fue el eterno revoltoso, que hizo revoluciones y montoneras, que siempre fueron derrotadas, por el gobierno de turno.
El 18 de diciembre del mismo año, el presidente Prado a escondidas se embarca en el Callao en un vapor que iba a Panamá, llevándose el producto de la colecta, que el pueblo peruano hizo para comprar dos barcos blindados, cuando llego a Guayaquil renuncio a su cargo y se fue a Paris de donde jamás volvió y fue un hombre acaudalado* en la ciudad luz. Esta indignante traición apenas si se cuenta en la historia oficial del Perú. Mariano Ignacio Prado no volvió, pero años más tarde si volvió su hijo Manuel Prado Ugarteche y aunque parezca increíble, el pueblo peruano lo eligió dos veces presidente. Es cierto que la amnesia de los pueblos no puede tener limite y su familia en el país, fue poderosa y acaudalada, ostentando lujos y osadía y todo eso con el dinero del hombres y mujeres, de niños y ancianos que se desprendieron de lo que tenían, porque pensaron que así se salvaría la patria.
La huida de Prado significó el momento preciso que buscaba Piérola para hacerse del poder y así al frente de una montonera entró en Lima, para derrocar al gobierno que estaba a cargo del vicepresidente, general La Puerta, hombre entrado en años y de poco carácter, que no opuso mayor resistencia; además las tropas acantonadas en Lima, a través de sus jefes anunciaron que no se batirían contra peruanos en un momento tan difícil para el Perú, por lo que aceptaban el gobierno de Piérola, para no causar más males a la nación.
Apenas Piérola tomo las riendas del país, empezó un monstruoso plan contra su propio país, el Perú. Este hombre conocido como vanidoso, engreído y ego centrista, comenzó a dar los pasos para hundir a nuestro Perú, está claro que todo lo que hizo, fue cumpliendo consignas de sus amigos chilenos, de quienes él fue siempre un especial huésped.
Lo primero que hizo fue cortar todo apoyo y abastecimiento al ejército del sur acantonado en Tacna, sitio donde se llevaría la segunda etapa de la guerra con Chile.
 Al mando del ejército del sur o de Tacna, como también se le llamaba, estaba el Contralmirante Lizardo Montero, hombre que había combatido y derrotado a Piérola años antes en una de las muchas revoluciones que este inició. Por lo tanto lo tenía como enemigo político y sentía celos de él, porque si tenía éxito en la campaña del sur, podría ser bien visto por el pueblo peruano y podría arrebatarle la presidencia.
 Pensando así, de esa forma tan mezquina, condenó a estas fuerzas peruanas al más absoluto abandono, en momentos en que se jugaba el destino del país.
El pueblo limeño al notar esta actitud, por demás reprochable del dictador, salió a las calles en ruidosas manifestaciones, pidiendo que se envíe socorro a los defensores del sur, que sufrían por escasez de alimentos, armas, municiones, ropa y los refuerzos necesarios para  enfrentar al fuerte y numeroso ejército chileno que empezaba a desembarcar en Ilo, en ese tiempo llamado Pacocha.
 En Lima había en ese momento dos divisiones de ocho mil soldados cada una que había formado el general Lacotera, por orden del gobierno anterior y que permanecían inmóviles en sus cuarteles. Piérola para acallar las protestas ordenó enviar un cargamento secreto hacia Arica en la corbeta Unión, así fueron embarcadas con mucha fanfarrea y teatro un cargamento, en el que se suponía iba la salvación del ejército del sur. La misión era muy difícil, porque el puerto de Arica estaba bloqueado por la escuadra chilena. Manuel Villavicencio, marino hábil e inteligente, fue el encargado de llevar a la Unión a su destino, corrían los últimos días del mes de febrero de 1880.
 La Unión se acercó al puerto de Arica en la madrugada del 26 de ese mes y empleando buenos movimientos pasó en la oscuridad entre los buques chilenos y anclo en el muelle del puerto peruano e inmediatamente inicio la labor de descarga, sin ocuparse de contestar al cañoneo de la flota del país del sur. El Huáscar, que ya estaba al servicio de la escuadra chilena, intentó espolonear a la Unión, pero un certero cañonazo de una batería de tierra paró esa intención y además causo la muerte de su comandante, de apellido Thompson.
A las cuatro de la tarde la faena había terminado y sin perder tiempo y aun cuando el sol no se perdía en el horizonte, la Unión con una hábil maniobra logra romper el cerco de la poderosa escuadra chilena, en medio de las hurras peruanas del muelle, del asombro de los marinos chilenos y el aplauso y admiración de los barcos neutrales, que en señal de saludo lanzaron al aire sus sirenas. La Unión llego al Callao, sana y salva.
Pasada la euforia, los peruanos en Arica comenzaron a desempacar el cargamento que vino en cajas cerradas y se dieron con la triste  sorpresa de que solo les habían enviado montones de tela blanca y dos ametralladoras malogradas e inservibles. Piérola se había burlado de ellos y del pueblo peruano en la forma más cruel que se le pudo ocurrir.
 Este hecho, que había levantado la moral peruana en un principio,  significo un terrible golpe al ánimo de los defensores del Perú. Respecto a esto, el historiador chileno Vicuña Mackena dice "este hecho trajo desazón en los espíritus entre la oficialidad y tropas peruanas". Ahora sabían los peruanos del ejército del sur que estaban abandonados a su suerte y que no recibirían nada de su propio gobierno. Piérola estaba cumpliendo su cometido, facilitar la derrota del Perú.
En este escenario, se dio la batalla de Tacna o del Alto de la Alianza, los chilenos avanzaron desde el norte con 18 mil soldados y 1200 jinetes de caballería, con numerosa artillería manejada magistralmente por los artilleros ingleses. Los peruanos que estaban aliados con Bolivia opusieron 6500 peruanos y 3000 bolivianos, sin caballería y con 12 piezas de artillería.
El llamado ejército de Arequipa que había salido de Arequipa hacía dos meses antes, al mando del Coronel Leiva, con 2000 soldados, para unirse al ejército de Tacna, jamás llego, avanzó tan lentamente que el día 26 de mayo día de la batalla, se encontraba en Mirave a 130 kilómetros de Tacna, de donde regreso a Arequipa. Naturalmente, este mal coronel no llegó a su destino por órdenes de Piérola que era su amigo y coterráneo, ambos eran de Arequipa.
A pesar de la tremenda diferencia de fuerzas el encuentro fue horriblemente parejo, sobresaliendo el batallón Zepita al mando de Cáceres; y por el lado boliviano, los Colorados hicieron honor a su fama de aguerridos. Ante el tremendo empuje de valor y coraje aliado, el ejército chileno empezó a retroceder y parecía que la victoria sería aliada, los batallones chilenos retrocedían y estaban a punto de entrar en pánico, a pesar de que los oficiales de ese ejército sableaban a los que daban la espalda. Sobre este momento, Vicuña Mackena escribe: "Los batallones chilenos retrocedían y parecía que iban a entrar en pánico, en ese momento la suerte de Chile pendía de un hilo".  Y lo que decía este historiador era cierto, porque Chile había invertido todo lo que tenía en esta batalla y si la perdía, simplemente perdía la guerra, porque les hubiera sido imposible volver a formar otro ejército. Pero fue en esas circunstancias que se detuvo el avance peruano, lo que había sucedido era, que se habían agotado las municiones, entonces lo chilenos volvieron a la carga y a nuestros compatriotas no les quedo más que batirse a la bayoneta.
Se perdió la batalla de Tacna y con ello la oportunidad de salvar a la nación, todo por la traición de un cucufato que se creía dios, que servía al enemigo, Chile. La derrota del ejercito de Tacna agobió al pueblo peruano. Muchas lágrimas corrieron, cuando se difundió la noticia; sin embargo en palacio de gobierno en Lima, hubo fiesta. El 28 de mayo de ese mismo año, dos días después de la batalla, se publicó en el diario oficial del gobierno de Piérola, llamado La Patria, un editorial que empezaba con las siguientes palabras: “Hace dos días atrás fue destruido en Tacna, el último reducto del corrupto régimen anterior", se refería a los mártires del Alto de la Alianza, que todo el Perú lloraba. A ese punto llego la insania mental de este dictador al servicio de Chile, en el peor momento de la historia del Perú.
Pasaron los meses y el ejército invasor comenzó a desembarcar en las cercanías de Lima, todos los militares conocedores de su oficio le recomendaban salir al encuentro de esas tropas chilenas que estaban desembarcando para batirlas por separado impidiendo que puedan concentrarse, el diario El Comercio, en sus artículos y editoriales también exigía eso, sin embargo Piérola reacio a todo consejo, permaneció inmóvil permitiendo que los chilenos tranquilamente desembarcaran y se trasladaran a Lurín.
 En el fondo no quería delegar a nadie el mando del ejército, tampoco quería dejar palacio de gobierno; por eso decidió  esperar al ejército de Chile, en las puertas de Lima. Así llego el 13 de enero de 1881, en San Juan se dio el primer encuentro del compacto ejército chileno apoyado por su escuadra, contra un ejército peruano totalmente mal dirigido por un ego centrista pechoño, como era Piérola. Naturalmente el resultado no pudo ser bueno para los peruanos, que tuvieron que retroceder hacia la segunda línea colocada en Miraflores.
Terminada la batalla de San Juan, la soldadesca chilena se desbandó y comenzaron a saquear las residencias de Chorrillos y cercanías, donde había muchas bodegas de vinos y otros licores, productos que los soldados mapochinos comenzaron a beber en forma desenfrenada, mientras le prendían fuego al pueblo.
Preocupado el General Baquedano, comandante en jefe del ejército chileno, le pidió una tregua a Piérola, cosa que este aceptó inmediatamente. Naturalmente que tenía que ser así, Piérola no podía permitir una debacle del ejército chileno. En la noche, mientras el fuego consumía las casas y residencias y los chilenos se mataban entre si y otros dormían en las calles o deambulaban totalmente embriagados por el alcohol, se presentó ante el dictador peruano el Coronel Cáceres para pedirle permiso y atacar con su batallón de dos mil hombres a los chilenos en la absoluta convicción que con esa acción terminaría con el ejército chileno que se hallaba desbandado y borracho y con ello se ganaría la guerra. Naturalmente Piérola le negó el permiso, aduciendo que le había dado su palabra al comandante chileno de que no atacaría, una prueba más de que este hombre, servía a Chile.
Naturalmente, cuando ya a los chilenos se les pasó la borrachera y se reagruparon, se olvidaron de la tregua y empezaron el ataque contra la segunda línea defensiva que estaba en Miraflores; esto ocurrió a medio día del día 15 de enero. Las mal distribuidas fuerzas peruanas poco pudieron hacer y a Piérola, el comandante en jefe, no se le vio dar ni una sola orden y cuando ya todo estaba consumado, se retiró del escenario hacia Lima y para no dejar inconclusa su obra contra la Patria, ordenó a todos los soldados depositar sus armas en el cuartel Santa Catalina. Por esta acción, los chilenos cuando ocuparon Lima encontraron 15 mil fusiles en el mencionado cuartel. Piérola, después de haber dado esta última orden, huyó a la sierra, pero después de algunos años volvió a la escena política y como es normal el mal de amnesia de nuestro pueblo, fue hecho presidente nuevamente.
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* Diversas investigaciones no han demostrado que Mariano Ignacio Prado se apoderó del dinero que le dio el pueblo, o que lo robó. Lo que sí se sabe con seguridad es que tenía muchas propiedades y hasta un banco en Chile, producto del robo del dinero público (antes de la guerra). Como sucede con los empresarios peruanos de hoy, al tener intereses en Chile, sus decisiones buscan siempre traicionar al Perú y favorecer a Chile. [Nota del editor: Serias, tristes y vergonzosos episodios de la historia del Perú. 

Y nos preguntamos el porqué  de la corrupción que vive el país actual.

En su historia nacional podemos encontrar las semillas de tan destructor mal.



Con afecto,

Ruben