jueves, 13 de febrero de 2020

La Sabrosa Cocina Peruana Por Federico Moore Barrionuevo


La Sabrosa Cocina Peruana
Por Federico Moore Barrionuevo



Periodista nacido en Puno, en la hacienda Miraflores cerca de Lampa, en 1889. Federico es el mayor de cuatro hermanos, Federico, Gonzalo, Ernesto y Carlos. Su padre Federico More Ruiz fue diputado por Puno por lo que tuvo que viajar a la capital. Los jóvenes More Barrionuevo estudiaron en Puno, Lima y Arequipa.
Federico ya periodista escribe en El Comercio, en las revistas Caretas y Excélsior y en numerosos medios de provincias como El Deber y La Bolsa de Arequipa, El Siglo Y El Eco de Puno, El Comercio del Cusco. Como editor funda en 1917 Don Lunes, después El Momento. En el extranjero trabaja en Buenos Aires en los diarios La Crítica y La Razón y las revistas Caras y Caretas y Hogar.
En Lima es miembro del grupo de los famosos Colónidos, que a comienzo del siglo XX dirigía Abraham Valdelomar, su denominación viene del Almirante de la Mar Océano, quiere decir hijos de Colón, con los que edita la famosa revista Colónida, son ilustres miembros de su generación Baltazar Caravedo, Renato Morales Rivera, Luis Miro Quesada, Leonidas Yerovi, José Carlos Mariategui, José María Eguren, Félix del Valle, Enrique Bustamente y Ballivian. Entre 1935 y 1951 dirige el semanario de su propiedad Cascabel. Nos deja un valioso legado gastronómico y costumbrista en la serie de artículos "Del Buen Comer y Beber" que todo peruano debería leer. 
Su principal biógrafo, Humberto Rodríguez Pastor, nos cuenta que Federico More decía que fue miembro de una generación Infortunada y que él era el último de los Colónidos. Fue un intelectual de gran cultura, de gran memoria, de impresionante inteligencia; poseía el gran don de saber y escribir de manera hermosa y diáfana; lo hacía con firmeza y sin temblores en el pulso. Su pluma era de sólida argumentación. Fallece el 8 de febrero de 1955.
La Sabrosa Cocina Peruana
Artículo publicado en El Comercio, el 30 de abril de 1953 
Es natural que nuestra cocina sea, si no la más sabrosa, una de las más sabrosas del mundo. Para cocinar contamos con todo: carnes y verduras de toda clase. Nuestras faunas y nuestras floras son poco menos que inagotables. Tenemos pescado de río, pescado de mar y pescado lacustre.
Tenemos frutas como la chirimoya, con olor a boca de niña. En materia de plátanos contamos con una variedad que asusta. En cuanto a tubérculos, no citemos sino a tres: la papa, el olluco y la oca. Prescindamos del chuño. No hablemos de la tunta o chuño blanco que, hervido con leche y con queso tierno es uno de los platos más originales y gustosos del mundo.
No hablemos de los chupes, desde el de camarones más agradable que cualquier plato de langosta, hasta grandes chupes andinos: el chairo, el chaque, el timpusca, el pebre, el chupe de ollucos, el chupe de conejos y el chupe de habas.
¿Dónde hay plato que pueda competir con nuestra carapulcra, ese suntuoso guiso de papa seca, de carne de chancho y de maní?. Quien no ha comido el timpusca, chupe hecho a base de cecina de carnero y de algas marinas o lacustres, puede decir que no ha comido.
Nuestras cocineras morenas dicen carapulca en vez de carapulcra, así como dicen Mecedarias y Tinitarias. Es que cecean y sisean. Cuando nuestra primera negrita hizo el primer tamal lo probó y dijo: ¡Notamal!. El nombre ha quedado.
Nuestro cebiche, seviche o sihuichi, ocupa sitio de excepción en la alta cocina, pese a que los malos conocedores le llamen pescado crudo. Y no es crudo, porque lo cuece la maceración en naranja agria. Pero el que no sabe comer no sabe gustar. No todo el mundo podría comer sopa de palta. La motejarían de sopa de fruta, así como lanzan contra el seviche el denuesto de pescado crudo.
Entre nuestros ingredientes culinarios tenemos el ají, que vale por el mejor pimiento. Y entre los ajíes contamos con el rocoto, de aspecto florido, y con el quitumquitum de picor temible y soportable sólo para ciertos paladares. Se parece mucho a la ulupica, nativa de ciertos valles andinos del Perú y de Bolivia. Por ejemplo, de Sorata, de Sandia y de Carabaya.
En el norte peruano existe el arroz con pato - ¿o pato con arroz? - los tamalitos verdes y el cabrito, preparado en mil formas. Además, sirven la causa en lapa y los frejoles con pato o con cabrito.
La carapulcra chinchana tiene que ser hecha con pavita que aún no haya tenido cría. En materia de menestras, el departamento de Ica es inagotable, como lo es en frutas.
Para encontrar frutas parecidas a las iqueñas hay que ir a Tacna o a Moquegua. En la cocina tacneña existe el patache, que tiene un similar en Ayacucho. Y en Ayacucho preparan un mondongo, que vale por los mejores callos andaluces o madrileños. Las naranjas ayacuchanas no tienen rivales en el Perú. Quizá las haya iguales en Ranger.
Quien haya comido el plato limeño de patitas con maní, difícilmente comerá patitas preparadas en otra forma. Otro tanto puede decirse de las papas con ají y otro tanto de los olluquitos con charqui. Nuestro caucau – mondongo, callos o tripas – aromatizado con tomillo, con yerba buena y con comino y una punta de ají es otro de los platos peruanísimos que siempre le agradarán al turista.
Y ya que de yerbas hemos hablado, citemos a las intransferiblemente peruanas: el huacatay, el paico y la muña, cuyo aroma vale por el mejor aperitivo. Con estas yerbas, el plato más humilde adquiere categoría y elegancia. Es adorno de la mejor mesa.
Según los franceses, maestros de gastronomía, la salsa es lo que le da prestancia a la comida. Durante el sitio de Mahón, el duque y mariscal de Richelieu desfallecía de hambre y su jefe de cocina le dijo que no había sino huevos, ajos y aceite. Con estos elementos preparó la insuperable salsa de Mahón, a la que no sabemos por qué la llaman mayonesa. Su nombre es mahonesa.
Los franceses tienen incontables salsas. Ninguna supera a la Ocopa, salsa peruana, hecha con ají, camarones, aceite, papas y nueces. Otra salsa peruana sumamente agradable es la que nos sirve para bañar las papas a la huancaína, plato casi no conocido en Huancayo, así como las salchichas de Huacho son elaboradas en Lima.
El chuño servido con salsa de muña, huacatay y ají rivaliza con cualquier plato. Somos dueños de la quinua, uno de los cereales más alimenticios del mundo. Los que no saben comer dicen que es alimento para pollos. Nosotros hemos ensayado el pato con quinua. Vale tanto como el pato con arroz. Hay la quinua con leche y el chupe de quinua. Y hay la quinua atamalada o tamalizada, como habría dicho un literato de hace cuarenta años, que se engalana con huevos duros y aceitunas.
Y la chicha de quinua, ilustre como todas nuestras chichas, ya todas ellas muertas: la de garbanzos, la de maíz, la de arroz, la morada, la de pallares, la de maní. Si ponemos en una mesa una montaña de mote, otra de papas, dos lechoncitos preparados a la cusqueña y algunos cántaros de chicha, podemos hablar de las bodas de Camacho.
Y si en Ayacucho ponemos en una mesa varias jarras de chicha de molle, varias fuentes de pucapicante, mote y papas, no es aventurado citar a Pantagruel y a Gargantúa. Y si en Puno ponemos, sobre la tierra, algunos tachos – esto es más peruano que decir ánfora – de chicha de quinua, enterramos algunos kilos de papas y de queso y todo lo cubrimos de brasas, tendremos, al destapar el agujero, la huatia, plato sencillo y sabroso como un huaino bien bailado.
El atajjo ayacuchano es una yerba tan buena como la albahaca. Quizá valga más para unos tallarines al pesto. No hablemos de la abundancia de nuestras aves ni de la opulencia de nuestra repostería. Terminaríamos chupándonos los dedos, lo que no queda bien en un periodista.
Es difícil decir en qué zona del Perú es mejor la cocina. A nuestro juicio, Lima está a la cabeza; pero toda la república posee platos del más depurado gusto. Y licores, frutas y dulces. Y es que tenemos fauna y flora riquísimas. Y a la chola y a la negra, que han nacido en la abundancia y gustan del buen comer. Lo único que nos falta es peruanizar nuestra comida y nuestra mesa. Se es castizo cuando se vive castizamente. Nuestra cocina será peruana cuando comamos lo nuestro y preparado a nuestra manera. Cuando pueda lucir una tradición y una técnica. Cuando sea un arte y una ciencia.
Con afecto,
Ruben

Federico Guillermo More Barrionuevo


Federico Guillermo More Barrionuevo




Una pluma clara, punzante que marcó historia y se convirtió para siempre en trascendental e importante por donde se le mire.  Con un talento impresionante y de estilo enteramente polémico. Incisivo, mordaz, muchas veces irreverente. Culto al máximo, un crítico agudo del devenir histórico del Perú. Muchas veces insolente y se pasaba de la raya. Pero con una virtud constante, duela a quien le duela: buscaba de una u otra forma, la verdad.
 Federico Guillermo More Barrionuevo se autodefinía, sin tener ningún empacho en decirlo, como el franco tirador del periodismo. Camino por su cuenta en una trinchera calificada por el mismo de solitaria. Pero siempre en la picota de la crítica y la discusión. Su vida se fundó en la palabra.
Muy atento al espíritu de su época que mucho tuvo que ver con la formación de las ideas contemporáneas en diferentes e importantes ámbitos de la vida nacional. En el político, con Mariátegui y Haya de la Torre a la cabeza.
                                              
         José Carlos Mariátegui                                             
En el intelectual aparecen Basadre y Riva Agüero. Mientras que en el literario arranca el grupo Colónida, movimiento creado por Abraham Valdelomar, el auge de los poetas César Vallejo, José María Eguren, el indigenismo y las vanguardias. De todas estas realidades, More se alimentó intelectualmente. 
                                                         

                                                                                                     

El bagaje cultural del comunicador y su lectura de muchos aspectos de la realidad política así como su sensibilidad para enfrentarse a la Literatura permiten, de todas maneras, catalogar su obra, con toda justicia, dentro de los cánones de un periodismo excepcional.
El escritor y político, Luis Alberto Sánchez (LAS), lo describió fisica e intelectualmente como: “alto, desgarbado, de grandes ojos ardientes, violento y talentoso”
     
        

En 1920, viajó a Buenos Aires donde colaboró en diferentes publicaciones tales como: “La Crítica”, “La Razón” “Caras y Caretas” y “Hogar”. Desató el escándalo cuando se burló de Rabindranath Tagore, en un reportaje publicado con bombos y platillos en la prensa argentina.
PREMIO
También se trasladó a Bolivia, en 1928, incorporándose a la redacción de “El Diario” y “La Razón” de La Paz. Allí ganó el primer premio en un concurso literario, con su poema "Rapsodia ante el Illimani".
Luego de retornar al país, asumió la dirección de “La Revista Semanal” y fundó “El Hombre de la Calle” (1930), de humorismo político, labor en la que fue secundado por su hermano Ernesto More.
Desterrado, viajó a Chile en 1932. Ese mismo año polemizó con José Santos Chocano, defendiendo los derechos peruanos sobre Leticia, en litigio con Colombia. Nuevamente en el Perú fundó “Todo el Mundo”,” La Calle” y “Cascabel”, siendo esta última su revista más duradera. Pues subsistió de 1935 a 1951.
Muchos años, la pluma de More no tuvo descanso. Infinidad de diarios comenzaron a publicar sus artículos y crónicas en las que nunca faltó el ánimo polemista y contestatario, como expresión de agudo observador del acontecer nacional.
Murió en Lima el 8 de febrero de 1955, a los 67 años de edad. Pero antes colaboró en el diario “El Comercio”, desde 1950 donde firmó con el seudónimo de F.
Asimismo en la revista “Caretas” entonces dirigida por su fundador Francisco Igartua; gran admirador de su obra, autor y compilador del libro “Andanzas de Federico More” publicado en 1989, en homenaje al centenario de su nacimiento.

                                                            
                               More en 1910                                                       

SUS OPINIONES
Aquí una de sus frases contundentes: “La aplicación de la pena de muerte equivale a un asesinato. Afirmo que la vida humana siempre está en la mano de Dios, del destino de los dioses. Jamás en manos de los hombres”.
Luego explica con fuerza total y detalle minucioso: Si esto opino de la muerte, legalmente aplicada como pena, fácil es deducir lo que opinaré del asesinato. Para mi el asesinato de Antonio Miró Quesada y el de Manuel Pardo son los actos más cobardes, más salvajes, más infames que hay en la Historia del Perú”.
En uno de sus escritos, allá por 1935, le dijo a Haya de la Torre en una carta pública que le envió: “sobre la acción pública de usted, tan breve y tan luctuosa, tan efímera y tan infortunada, pesan dos cargos mortales. Ha suprimido usted a los rebeldes y ha creado asesinos.
A continuación, añadió: “a los grupos de hombres libres y activos los ha remplazado con bandas de facinerosos.  La lucha la ha convertido en una pavorosa aventura judicial. Ya en el Perú no hay gobiernistas y opositores. Hay delincuentes y víctimas. Ha encenegado usted a los niños, ha pervertido a los adolescentes, ha deconsolado a los hombres maduros y ha ensombrecido los últimos años de los viejos”.
Nació en Puno el 21 de enero de 1888. Fueron sus padres el Coronel Federico More y Julia Barrionuevo. Sus antepasados, los Marqueses de Feria y Val delirios y los Condes de la Vega del Ren, descendientes del primero que ostentó esos títulos: José Ignacio Bustamante de Vega y Cruzar, llegado a Ayacucho cuando mediaba el siglo XVIII.
Contó en una oportunidad More a sus amigos y allegados que el Marquesado de Feria tenía probados títulos nobiliarios. De acuerdo a su versión, uno de sus parientes cercanos fue el Sexto Marqués de Feria y Val delirios, quien murió en Lima, en 1911, siendo Senador por Ayacucho.
Otro de ellos de apellido Barrionuevo como su madre fue Capitán de las Milicias Reales.  Una Choque huanca, hija de vieja y noble raza, resultó también una de sus antepasadas.
Nieto de un Magistrado que dio gloria a la Corte Superior de Puno y sobrino carnal de un héroe que luchó en el Morro de Arica. De aquello referente a la nobleza y de esto, el periodista se vanagloriaba.
ESTUDIOS
Muy niño, fue llevado a Lima y no volvió a su tierra natal hasta los siete años. Tras corta permanencia en la sierra, volvió a la capital, en la que estuvo hasta 1900.
 Desde ese año hasta 1904, residió en Arequipa. Visitó mucho, indistintamente, estas ciudades e incluso vivió, por temporadas largas, en la hacienda de sus padres ubicada en Puno.
Inició sus estudios escolares en la ciudad lacustre. Los prosiguió en centros religiosos de Lima  y Arequipa. Pasó luego al Colegio Nacional San Carlos, de su tierra natal y de nuevo se fue a la blanca ciudad, concluyendo su formación escolar en el célebre plantel estatal de la Independencia Americana.
Fue en este último núcleo educativo donde hizo su primer intento periodístico al redactar, con otros alumnos, una publicación titulada "El Fuete". Ingresó a la Escuela Militar de Chorrillos, pero apenas cursó el primer año.
Nada tenia que hacer allí. Por temperamento y forma de ser, definitivamente no era un hombre de armas. En dicha escuela redactó, con algunos compañeros, otra hoja titulada, "El Sable", donde tuvo la osadía de burlarse de sus superiores. Tal publicación no pasó del segundo número.
PRIMERAS PUBLICACIONES
Empezó escribiendo en “El Siglo” de Puno, “El Comercio” del Cuzco, “El Lucero” de Lima,  “La Bolsa” y “El Pueblo” de Arequipa. En 1906, vieron la luz sus primeros artículos. No dejó de publicar un momento en los citados periódicos, hasta agosto de 1910, año en que su vida intelectual cambió de campo y de actividad.
En efecto, se dedicó a la Literatura. Fue autor de un folleto de versos, “Miosotis”, que salió en Arequipa, y, publicó otros dos libros: “teoría Máxima”, verso, e “Inquietudes”, prosa, editados en el extranjero.
Pero eso duró poco porque volvió de lleno al periodismo. En Arequipa se encontraba, cuando llegó la excursión de universitarios limeños, y acompañó a ellos hasta el Cuzco, como Corresponsal de “El Deber”, periódico clerical.
 Buscó ex profesamente esa corresponsalía, por tratarse de un diario católico al que More, radical desde los principios de su actuación, quiso jugar una trastada. Efectivamente, el ardoroso y anticlerical discurso de More en la Universidad del Cuzco, exaltó a “El Deber” que empezó a insultar a su Corresponsal.
EN LIMA
Pero existía un hecho evidente: este corresponsal había servido á su periódico con toda puntualidad, como consta del detalladísimo servicio telegráfico que entonces publicó “El Deber”, sobre la actuación de los excursionistas en el Cuzco.
Aquel discurso que originó duelos y acérrimas controversias, valió a More un viaje a Lima. Llevado triunfalmente por los excursionistas. Llegó a la capital en los días de las fiestas de primavera y fue considerado en el programa de esas efemérides Por ello mismo, dictó una conferencia en el Centro Universitario.
La charla sobre ”La Juventud Peruana”, le valió el más completo de los triunfos. Desde entonces, estuvieron para él abiertas las columnas de todos los periódicos limeños.  Colaboró en “La Prensa”,  “Variedades”, “Ilustración Peruana”,  “Los Balnearios” y  “La Opinión Nacional”.
 En este último periódico, fue durante diez meses redactor en jefe, escribiendo la sección “Alrededor de la Crónica”, diariamente. Después intervino en la fundación del diario “La Crónica”, teniendo a su cargo, en este gran periódico, las secciones “Vida teatral” y “Murmuraciones”, de crítica ambas.
F.M.
En Lima se vinculó con los intelectuales de la época, de la mano de Abraham Valdelomar. Conoció incluso a Ricardo Palma. Alternó con los jóvenes integrantes del grupo Colónida colaboró en la revista del mismo nombre, siendo su director en su cuarto y último número.
More firmaba en Colónida como F. M. Ocho de sus poemas fueron publicados en el libro antológico que editaron los colónidas: “Las voces múltiples”. De acuerdo a la crítica literaria de la época, sus contribuciones poéticas se caracterizaron “por un rebuscado esoterismo y cierta enfermiza sensualidad”.
Fundó “Don Lunes”, un semanario humorístico de mucho impacto, en colaboración con el dibujante Julio Málaga Grenet. Dicha publicación tuvo, en su momento, mucho más éxito que cualquier otra revista de su género.
Luego de despotricar contra Lima y los limeños, a través de una conferencia dada en el Teatro Colón, se alejó del Perú, física y espiritualmente. Pero, a los pocos años, volvió a radicar en Lima, la ciudad que tanto atacó, aunque esta vez vino ya curado de sus excesos antipatrióticos.
Fue amigo de Javier Prado Ugarteche, el Rector de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Estuvo un buen tiempo empeñado en rehabilitar la figura del padre de aquel, Mariano Ignacio Prado, el presidente peruano que, en error garrafal, abandonó el Perú en plena guerra con Chile.
                                              
         
       

 Su teoria, similar a las que publicaron historiadores de la talla de Basadre y Markham, era que el director de la guerra no había dispuesto de fondos públicos. Ni robado los dineros de la gran colecta que se hizo entre la sociedad limeña para afrontar el conflicto armado. Sólo cometió el gran defecto de irse.
 La crítica es el campo donde More desarrolló sus más intensas actividades. Las “cabezas” que publicó en “Ilustración Peruana” tuvieron resonancia continental.
 Sus furibundos ataques a los poetas José Gálvez y Felipe Sassone, marcaron época e incluso originaron un fuerte movimiento literario a su favor. Como irónico, lector incansable y productor continuo, figura entre los más asiduos y entusiastas.                           
Prologó “Nenúfares”, libro de versos del poeta limeño Alejandro N. Herrera. Enérgico polemista, intrépido al atacar y criticar. Lo demostró cuando fue corresponsal en Lima de El Diario de Venezuela.
En esa oportunidad, la prensa a nivel americano trató de desvirtuar la acción de la diplomacia peruana en Caracas Solitariamente, More desde “El Diario”, escribió sobre los acontecimientos, dijo la verdad, y aunque provocó virulentas respuestas por parte de Ecuador y Colombia, salvó el prestigio de los plenipotenciarios del Perú.
 Sus doce crónicas publicadas en agosto de 1911, fueron de entera defensa al Perú y su posición internacional de independencia, defendiendo por completo la soberania nacional y reafirmando el derrotero de la libertad plena en las decisiones políticas.
Posteriormente, continuó escribiendo desde Lima, en prestigiadas publicaciones internacionales como “Letras” y “El Fígaro” de La Habana, “El Tiempo” y “El Universal” de Caracas. Su labor de conferencista continúo sin descanso
Sus más notables charlas fueron en el Centro Universitario de Lima, donde habló sobre “Los poetas jóvenes del Perú”; y en la Confederación de Artesanos, tratando el tema de “La Raza Indígena”.
 Las intervenciones de por si polémicas provocaron apasionadas discusiones en la prensa y en los círculos intelectuales. Fue miembro, en Lima, de la Sociedad Conservadora de Monumentos Históricos y Obras de Arte. Además de la Sociedad Gente de Letras de París.
Como periodista, en la capital y en el extranjero, escribió veinte artículos semanales. Sin descansar, durante todos los días hasta cumplir dos años.  Su seudónimo de Stylo llegó a ser enteramente conocido en el continente.
ELOGIOS
El insigne intelectual José de la Riva Agüero habló de More, en un artículo para la Biblioteca Internacional. Lo mismo hizo el maestro Francisco Mostajo, montonero y rebelde, en Arequipa. Cuando escribió en las páginas de la revista “Prisma”.
A propósito de una conferencia que ofreció sobre Chocano, Lugones y Darío, la prestigiada revista “Variedades” de Lima, le dedicó otro artículo elocuente de entero homenaje. Otra publicación de renombre “Balucarios”, también lo elogió por completo. Por su parte, “El País”, destacó ampliamente su valía intelectual.
En los días del Congreso Estudiantil de Lima, ofreció á los asistentes una lectura de sus versos, en el Teatro Municipal, durante una velada en la que tomó parte Mariano H. Cornejo, ilustre jurista y parlamentario muy ligado a su tierra natal, Arequipa y a Puno.
Realizó su famosa conferencia en el Teatro Olimpo de Lima, en la que trató sobre La Mujer de Teatro”, en tiempos que precisamente habia grandes discriminaciones de género. Contra ellas se fue.
 En Arequipa, intervino en una actuación en el Teatro Fénix, donde habló sobre “Literatura y Periodismo”. Mientras que, en Puno, en el Salón Teatro, trató el tema: “La Filantropía, el Trabajo, la Caridad y el Amor”. El público de todas esas ciudades, realmente, quedaba impactado
En las fiestas del Centenario de las Cortes de Cádiz, Zoila Aurora Cáceres, la distinguida escritora hija del héroe nacional Andrés Avelino Cáceres pronunció, en el Ateneo de Madrid, una conferencia sobre los “Poetas Jóvenes del Perú”.
 En ese acto, More fue objeto, de los más calurosos elogios, por parte de tan distinguida expositora que se convirtió en una de las precursoras del feminismo en el Perú.
                 
Los que lo conocieron catalogaron a More como un bohemio, en todo el sentido de la palabra sin ningún tipo de convencionalismos, amante constante de la aventura y enemigo de cualquier tipo de disciplinas.  Un hombre de mundo que vivió con la risa en los labios y la ironía en las frases que pronunciaba.
 Libró las más crudas campañas periodísticas y provocó los más violentos incidentes con el consabido levantamiento de pasiones. Los que lo defendieron como el periodista Francisco Igartua, aseguran que “como pocos siempre deslindó sinceridades,  desenmascaró a los malos y enalteció a los buenos”.


El brillante comunicador en la plenitud de su vida.         
                                 

Una existencia fructífera dedicada por entero a la controversia periodística. Lo hizo con brillantez y firmeza. Aunque muchas veces, de acuerdo a voces enteramente críticas, se equivocó porque se excedió. Pero, indiscutiblemente, destacó y, sobre todo, su pluma resultó impecable. Como una de las mejores de la historia del periodismo nacional. (EDENM)






Publicado por Edgardo de Noriega

Con afecto,
Ruben