Unificación Alemana
1871), pintura al
óleo de Anton von Werner, 1885.
Fuente: Wikipedia La enciclopedia libre
unificación alemana fue un proceso histórico que tuvo
lugar en la segunda mitad del siglo XIX en Europa Central y que culminó con la creación
del Imperio alemán el 18 de enero de 1871 reuniendo diversos Estados hasta
entonces independientes, como Prusia, Baviera o Sajonia.
Antes de la formación de un Estado nacional unificado,
el territorio de Alemania se encontraba dividido en un mosaico político de 39
Estados.[1] Entre ellos destacaban, por su importancia económica y política, el
Imperio austríaco y el Reino de Prusia.
Antecedentes
La situación alemana tras 1834
Revolución liberal
de 1848 en Berlín, los rebeldes utilizan ya como colores alemanes al negro,
rojo y amarillo
Sacro Imperio Romano Germánico
en un solo estado alemán. Un paso importante en este
proceso fue la formación de un mercado único en la región. A ello
contribuyeron, tanto los junkers, la aristocracia terrateniente prusiana, como
la burguesía industrial de la cuenca del Ruhr.
En 1834, se creó una unificación aduanera que sumó a
Prusia a otros Estados alemanes previamente asociados en esta materia. Sin
embargo, debido a las diferencias entre Austria y Prusia, el proceso de
unificación política no pudo llevarse a cabo en la primera mitad del siglo XIX.
Desde 1848 fue cada vez más intensa la actividad de grupos nacionalistas que
alentaban la formación de un único estado para todos los alemanes ante la
crónica debilidad de los pequeños Estados germanos entonces existentes. Sin
embargo, el liberalismo era una gran amenaza para las intenciones monárquicas
de Austria y Prusia, por lo que en Europa se crearon alianzas para el control
gubernamental de cada nación:
La Santa Alianza. El tratado fue firmado el 26 de
septiembre de 1815 por el emperador Francisco I de Austria, el rey Federico
Guillermo III de Prusia y el zar Alejandro I de Rusia, que fue su principal
promotor. Aunque el acuerdo era un acto político para evitar que las ideas
liberales se expandieran por Europa, la redacción del tratado contenía una
declaración de carácter puramente religioso. Tras la caída de Napoleón, los
tres monarcas declaraban su firme resolución de seguir como única guía para la
futura administración interior y exterior de sus Estados los principios de la
religión cristiana: justicia, caridad y paz.[2] A este
acuerdo se unieron después otros
reinos europeos.
La Cuádruple Alianza. Formada por los miembros de la
Santa Alianza más Inglaterra. Su principal promotor fue el primer ministro
británico Castlereagh. Renovó el acuerdo de 1813 por el que las potencias se
habían comprometido a derrotar a Napoleón y cambiaba su objetivo al
mantenimiento, incluso por la fuerza, de las transformaciones operadas en
Europa por el Congreso de Viena e impedir la implantación del liberalismo en
cualquier estado europeo.
La Quíntuple Alianza. Surgió en 1818 durante el
Congreso de Aquisgrán, cuando Francia, que había recuperado su monarquía, fue
admitida como potencia europea por las que formaban la Cuádruple Alianza. Su
principal promotor fue Metternich y su principal objetivo era terminar con
cualquier movimiento liberal que pudiera perjudicar al sistema monárquico,
intentando que las ideas liberales herederas de la Revolución francesa quedaran
pronto olvidadas, incluso por la fuerza. Esto proporcionaba a los aliados la
capacidad de intervenir en cualquier nación europea si se consideraba
necesario.
Prusia y Austria eran muy distintas en los aspectos
económicos, sociales y políticos. Austria estaba configurada como un imperio
centralista y autoritario que gobernaba un territorio habitado por diferentes
pueblos —eslavos, alemanes, húngaros, rumanos e italianos— con distintas
lenguas, religiones y costumbres. Esta situación motivó frecuentes
sublevaciones nacionalistas contra la monarquía austriaca. La población
prusiana, sin embargo, era mucho más homogénea.
En lo económico, Austria no contaba con una burguesía
poderosa capaz de lograr un desarrollo industrial propio. El mantenimiento de
un ejército y una administración que garantizasen la unidad imperial le creó
graves dificultades financieras. Prusia, en cambio, experimentó un desarrollo
económico muy intenso en su parte occidental que la convirtió en el referente
del crecimiento industrial de los territorios alemanes. El aumento de la
producción de acero, carbón y hierro en la segunda mitad del siglo XIX así lo
demostró.
Todo ello, unido a la revolución de los medios de
transporte y de las comunicaciones —ferrocarriles, barcos de vapor, telégrafos—
posibilitó la formación de un activo mercado económico y trajo consigo otras
consecuencias: la consolidación de una burguesía industrial, aliada de los
terratenientes junkers, y el predominio en su gobierno de las ideas liberales,
que buscaban la formación definitiva de un Estado nacional.
La Confederación Germánica
Bandera de guerra
de la Confederación
Fue una unión establecida en 1815 por el Congreso de
Viena que agrupó a 39 Estados alemanes en una confederación de Estados
soberanos bajo la presidencia de la Casa de Austria, para reemplazar al extinto
Sacro Imperio Romano Germánico destruido por Napoleón.
La Confederación no suponía ninguna concesión al
creciente nacionalismo alemán, ya que estaba bajo el control de la nobleza y de
las casas reales, ajenas al liberalismo nacionalista. Esto se reflejaba en su
dieta, que no era un parlamento de representantes elegidos por el pueblo, sino
un congreso de delegados nombrados por los gobiernos de los estados. La Dieta
tenía su sede en Fráncfort del Meno, y fue su única entidad central; aunque en
1834 se creó la Unión Aduanera de Alemania y, con ello, un mercado interno
unitario para la mayoría de los Estados.
El estallido de la Revolución alemana de 1848-1849 y
el entusiasmo popular producido por ella mostró que, tarde o temprano, los
diversos estados alemanes (39 en total) quedarían unificados en un solo Estado,
pero estaba aún por definirse si tal proyecto sería dirigido por Prusia o por
Austria, dando inicio al Dualismo Alemán.
La Confederación solo funcionó cuando coincidían las
posiciones de Austria y Prusia, cuya confrontación condujo finalmente a la guerra
de las Siete Semanas. Tras el triunfo prusiano, la Confederación Germánica
quedó disuelta y fue sustituida en el año 1867 por la Confederación Alemana del
Norte.
Dos potencias contrapuestas: Prusia y
Austria
La situación geográfica de Austria era la del sur de
Europa Central, ocupando la zona de los Alpes y gobernando varios territorios
no germanos (norte de Italia, Eslovenia, Hungría, extremo sur de Polonia), su
único acceso marítimo era al Adriático (de escasa relevancia económica) y de
ahí de modo indirecto al Mediterráneo.
La familia que ocupaba el trono era la de los
Habsburgo-Lorena, que había transformado Austria en imperio en 1806, tras la
disolución del Sacro Imperio Romano Germánico, lo cual confirmaba además la
notable expansión territorial austriaca desde 1683.
Francisco José I de Habsburgo-Lorena era el emperador
de Austria en ese tiempo y el primer ministro era el destacado diplomático
Klemens von Metternich, sincero conservador, partidario aún del Antiguo Régimen
y horrorizado por toda posibilidad que las ideas de la Revolución francesa se
expandieran de nuevo por Europa.
Austria estaba gobernada por una monarquía centralista
y autoritaria, a pesar de las notables diferencias entre los pueblos sujetos al
Imperio.
Después de la derrota y exilio de Napoleón, Austria
experimentó un periodo de crecimiento económico y prosperidad. Su población de
ascendió a 37,5 millones de habitantes en 1843. También se produjo una
expansión urbana y la población de Viena alcanzó los 400.000 habitantes.
Durante la era Metternich, el Imperio austriaco también mantuvo una economía
estable y alcanzó un presupuesto casi equilibrado, a pesar de tener un
importante déficit tras las guerras napoleónicas.
Bandera del Reino de Prusia
Bandera del Imperio austríaco
La posición geográfica de Prusia era la del noreste de
la actual Alemania, teniendo su base en las regiones de Prusia propiamente
dicha, Brandemburgo, Pomerania, y Silesia, controlando casi toda la orilla sur
del mar Báltico, su expansión territorial hacia el oeste tras el Congreso de Viena
le daba además acceso al mar del Norte y al lucrativo comercio internacional de
dicho espacio marítimo.
La familia que ocupaba el trono en Prusia era la de
los Hohenzollern, que había elevado Prusia a la categoría de reino en 1701.
Guillermo I de Alemania era el rey de Prusia y desde
1862 el primer ministro era Otto von Bismarck, llamado el Canciller de Hierro.
Precisamente Bismarck había ya admitido la necesidad de unificar a los diversos
Estados alemanes en un solo país con instituciones sólidas, eliminando
particularismos locales, y con una economía lo bastante fuerte para subsistir y
tornarse en gran potencia europea. Para ello, Bismarck concebía que la unidad
de Alemania debía ocurrir sólo bajo la guía del Reino de Prusia, el estado más
poderoso y avanzado.
El sistema de gobierno prusiano era la monarquía
parlamentaria, aunque por sufragio censitario, y evitando el otorgamiento de
mayores libertades a los súbditos, por lo cual distaba de ser una democracia.
Prusia experimentó un desarrollo económico considerable
desde el inicio de la Revolución Industrial, convirtiéndose en el centro
industrial más poderoso de Europa continental. Prusia impulsó la industria del
acero, carbón y hierro. Sus comunicaciones por ferrocarril crecieron, por lo
que pudieron formar un mercado económico activo con el resto de estados
alemanes.
Hubo dos propuestas para unificar los Estados y estas
fueron:
La Pequeña Alemania, la cual estaría formada por
Prusia y mantendría un sistema de gobierno igual al de Prusia.
La Gran Alemania, la cual estaría formada también por
Austria.
Antecedentes económicos
Las principales causas económicas fueron:
La Revolución Industrial hizo que se extendieran la
industria y el comercio, por lo que las economías de los estados que la
experimentaron se desarrollaran mejor que las de los que no. La influencia del
desarrollo industrial favoreció el comercio internacional a estados que
disponían de manufacturas y controlaban al mismo tiempo fuentes de materia
prima. Gracias a la Cuenca del Ruhr, rica en carbón y hierro, Prusia mantuvo un
activo desarrollo industrial y logró exportar sus manufacturas exitosamente por
el Mar del Norte. Sin mayores industrias propias, Austria aún dependía de la
agricultura (basada en las tierras de Hungría y Transilvania) y poseía un
mediano desarrollo industrial, además ocurrido en tierras no germanas bajo su
dominio: Bohemia y Moravia. La escasez de materias primas como hierro y carbón
lastraban el desarrollo de la industria austriaca.
Liberalismo económico: el liberalismo económico de
origen británico se expandió por Europa y trajo como consecuencia la
consolidación del capitalismo y la burguesía. Esto resultó muy marcado en
Prusia, donde la vieja aristocracia de los junkers debía usar toda su
influencia para no ser desplazada por ricos burgueses de reciente riqueza
(comerciantes e industriales) que exigían voz y voto en los asuntos públicos.
Tal conflicto era muy pequeño en Austria, pero el liberalismo económico impuso
una competencia comercial que perjudicó a los productos agrícolas que eran base
de la economía austriaca. Prusia impuso su influencia gracias a las
exportaciones de manufacturas a bajo costo, mientras que disponía de una base
agraria suficiente que le permitió prescindir de las importaciones agrícolas de
Austria.
Surgimiento del Zollverein; un sistema de unificación
aduanera que se organizó en 1828 y entró en vigor el 1 de enero de 1834. El
Zollverein se inició en Prusia, Estado al que se adhirieron Hesse-Darmstadt,
Baviera y Wurtemberg para crear una zona de aranceles unificados: el desarrollo
industrial de Prusia atrajo a otros estados que veían más rentable liberar sus
aranceles con Prusia (que exportaba manufacturas muy demandadas) que con
Austria (cuyas exportaciones agrícolas competían con la producción interna de
otros Estados como Baviera y Sajonia).
La burguesía prusiana empezó a dominar la economía del
Estado y a acceder a una nueva forma de poder; tras el fracaso de las
Revoluciones de 1848 en Alemania, esta burguesía impuso el liberalismo en el
terreno económico pero rehusó implantar una democracia masiva que incluyera a
la clase obrera. Comenzó a surgir en paralelo una clase obrera en Prusia con la
transformación de los antiguos campesinos siervos en obreros urbanos: la
creciente industrialización hizo que los capitales se dirijeran a la industria
y ya no buscasen la simple acumulación de tierras.
Empieza a surgir el nacionalismo centrípeto
(consecuencia del periodo en que Alemania había sido conquistada por Napoleón),
cuyo objetivo era unificar todos los estados alemanes para eliminar la amenaza
de todo ataque externo. Precisamente los rebeldes alemanes de 1848-1849
utilizaban el recuerdo de la "Guerra de Liberación alemana" contra la
Francia napoleónica como muestra de la urgencia de unificar los rsos estados
alemanes y como señal de que el pueblo alemán, más allá de las diferencias
políticas, tenía un "objetivo común". Espedivecíficamente, en 1862
fue designado canciller prusiano el aristócrata Otto von Bismarck, quien
concibió la unificación de Alemania bajo dirección prusiana dentro de un molde
autoritario y centralista, pero asegurando no solo solidez política, sino
también prosperidad económica y poderío militar, aspectos que Bismarck
consideraba interdependientes. Dueño de una gran energía para el trabajo, con
sangre fría para la intriga política, y hábil diplomático para calcular los
temores y ansias de las potencias extranjeras, Bismarck se convirtió en el
líder político del proyecto de unificación.
Guerras de Unificación
Guerra de los Ducados
La Guerra de los Ducados fue un conflicto militar que
enfrentó a Austria y Prusia contra Dinamarca en 1864, por el control de los
ducados de Schleswig y de Holstein, de población mayormente alemana, pero bajo
soberanía danesa. Ante las pretensiones del monarca danés de anexionar ambos
ducados a su reino, Bismarck reclamó en la Dieta de Fráncfort la intervención
contra Dinamarca. Ésta salió derrotada en la guerra, por lo que debió ceder
ambos ducados, que a través del acuerdo en la Convención de Gastein en 1865
serían repartidos entre los vencedores. El ducado de Schleswig iría para
Prusia, mientras que el ducado de Holstein, para Austria.[3] No
obstante, Bismarck aprovechó el
atractivo de la Zollverein para imponer la influencia de Prusia allí, geográficamente
muy alejados de Austria propiamente dicha, alegando el "derecho de la
determinación de los pueblos", por lo cual debía respetarse el deseo de
los locales para unirse económicamente (más tarde políticamente) a Prusia.
Austria, sin fuerzas para oponerse a la penetración prusiana en Holstein,
abandonó sus derechos sobre el ducado. Indirectamente, Bismarck también logró
marcar la primacía prusiana sobre los austriacos entre los otros estados
germanos (Sajonia, Baviera, o Württemberg), aumentando el prestigio de Prusia y
debilitando las posibles alianzas de Austria.
Guerra austro-prusiana
El Imperio alemán de 1871. Al excluir a Austria, Bismarck optó por una «pequeña Alemania» (Kleindeutschland ).
El objetivo de la guerra austro-prusiana de 1866 para
los prusianos era expulsar a los austriacos de la Confederación Germánica y
descartar toda posible unificación en torno a la corona de Austria. Para ello,
Bismarck se sirvió de las tensiones políticas que germinaban desde hacía
décadas entre ambos estados, siendo que para esas fechas Bismarck había
impulsado el desarrollo industrial de Prusia para tornarla en un enemigo
temible ante Austria.
Mientras este conflicto estaba en desarrollo, se
aplicó la tesis del Zollverein: aranceles preferenciales para los aliados de
Prusia. En paralelo, la guerra estallaba el 23 de junio.
Además de la expulsión de los austriacos del proyecto
unificador, Prusia también tenía otro objetivo: anexionar definitivamente
Holstein y Schleswig a la Alemania del Norte, además de destruir la influencia
de Austria sobre otros estados alemanes (Hamburgo y Hesse) y atraerlos a la
órbita prusiana.
Prusia prometió a Italia devolverle Venecia a cambio
de entrar en la guerra; tal acuerdo generó que Italia declarase la guerra a
Austria y la obligase a luchar en dos frentes y distraer sus esfuerzos bélicos.
Aunque Austria derrotó a Italia en tierra y mar, las derrotas ante Prusia le
forzaron a capitular.
Prusia ganó la guerra, que finalizó con el tratado de
Praga. Este supuso la anexión a Prusia de Hannover, Hesse, Fráncfort y
Schleswig-Holstein. Por parte de Austria reconocieron la finalización de la
Confederación Germánica y, por tanto, su exclusión del futuro Estado Alemán.
Italia consiguió que se le cediera Venecia. Por último, Prusia acabó con la
anexión de los Estados del Sur de Alemania dentro del Zollverein, así como sus
ejércitos, bajo la autoridad de Prusia. Esta etapa culminó con la creación, en
julio de 1867, de la Confederación Alemana del Norte (con la integración de 23
estados alemanes) bajo la organización de Prusia.[4] Prusia
consiguió todos sus objetivos
consagrados en este tratado.
Guerra franco-prusiana
El interés de Prusia en esta guerra, que tuvo lugar en
1870-1871, era acorralar a Francia territorialmente, para ofrecer un motivo de
unidad entre los estados alemanes aún renuentes a unirse a Prusia, y con ello
expandirse y unificar Alemania.
Desarrollo:
La reina Isabel II de España fue destituida del trono
en 1868 por rebeliones internas. A fines de 1869 los regentes españoles
recibieron la propuesta de un primo del rey prusiano Guillermo I, el príncipe
Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen, para acceder al trono español. Tal oferta
fue recibida con enojo por Napoleón III de Francia, quien interpretó esto como
una intromisión en España y un "cerco dinástico" que amenazaría
Francia.
El emperador francés lanzó a sus diplomáticos a una
ofensiva para evitar la coronación de Leopoldo Hohenzollern en Madrid, y Prusia
aceptó retirar la candidatura tras unos supuestos agravios al embajador
francés, en esfuerzo calculado para provocar una reacción iracunda de Napoleón
III. El canciller prusiano Otto von Bismarck calculó que la furia del monarca
francés causaría que Francia iniciase una guerra imprudente contra Prusia,
mucho mejor preparada bélicamente.
Otto von Bismarck fotografiado en 1890
Napoleón III, acompañado por el príncipe imperial de
tan sólo 14 años, llegó a Metz para tomar el mando del ejército y efectivamente
declarar la guerra a Prusia a fines de julio de 1870, lanzando sus tropas
contra el Rin. Los cálculos de Bismarck se hicieron ciertos y en Berlín se pudo
alegar que Prusia no había provocado la guerra, lo cual unió a varios estados
alemanes a su causa.
Tras seis semanas de lucha, las tropas prusianas
vencieron a las francesas, peor equipadas y mal preparadas para una guerra en
tales momentos. Derrotaron a las divisiones francesas, mandadas por el mismo
Napoleón III, en Sedán y obligaron al monarca francés a capitular en el sitio
el 2 de septiembre. Semanas después, los soldados prusianos cercaron París e
impusieron a Francia el Tratado de Fráncfort en marzo de 1871.
Consecuencias:
Alemania despojó a Francia de las regiones de Alsacia
y Lorena que serían "territorios imperiales" alemanes hasta 1919.
Fin del Segundo Imperio francés; Francia proclamó la
III República que duraría hasta 1940.
Guillermo I fue nombrado káiser de Alemania en la
Galería de los Espejos del palacio de Versalles el 18 de enero de 1871,
unificando de hecho a Alemania y dando inicio al Imperio Alemán
Alemania despojó a Francia de las regiones de Alsacia
y Lorena que serían "territorios imperiales" alemanes hasta 1919.
Fin del Segundo Imperio francés; Francia proclamó la
III República que duraría hasta 1940.
Guillermo I fue nombrado káiser de Alemania en la
Galería de los Espejos del palacio de Versalles el 18 de enero de 1871,
unificando de hecho a Alemania y dando inicio al Imperio Alemán
Consolidación y fraccionamiento
El Imperio alemán fue fundado el 18 de enero de 1871
tras la victoria de Prusia en la guerra franco-prusiana y supuso la unificación
de los diferentes Estados alemanes en torno a Prusia, excluyendo a Austria,
bajo el liderazgo del canciller Otto von Bismarck. Se inició un período de gran
desarrollo de la nación alemana en todos los campos: económico, geográfico,
político y militar.
Sin embargo, como los alemanes descubrieron, grandes
discursos, banderas, y multitudes entusiastas, una constitución, una
reorganización política y la provisión de una superestructura imperial; y la
Unión Aduanera revisada de 1867 a 1868, todavía no hacían una nación.
Un elemento clave del Estado-nación es la creación de
una cultura nacional, con frecuencia aunque no necesariamente. A través de la
política nacional la Kulturkampf (1872 a 1878) que siguió un modelo político,
económico, y de unificación administrativa trató de ir en esa dirección, con
una notable falta de éxito, con algunas contradicciones en la sociedad alemana.
En concreto, se trataba de una lucha por el lenguaje, la educación y la
religión. Una política de germanización de las personas no alemanas de la
población del imperio, incluyendo los polacos y daneses, comenzó con el
lenguaje, en particular, la lengua alemana, la escolaridad obligatoria
(germanización), y el intento de creación de planes de estudio estandarizado
para esas escuelas para promover y celebrar la idea de un pasado compartido.
Otro elemento importante en la construcción de la nación, la historia del
pasado heroico, cayó a esos historiadores alemanes nacionalistas como el
constitucionalista liberal Friedrich Dahlmann (1785-1860), su alumno
conservador Heinrich von Treitschke (1834 a 1896), y otros menos conservadores,
tales como Theodor Mommsen (1817-1903) y Heinrich von Sybel (1817-1895), por
nombrar a dos.
El Imperio Alemán se mantendría hasta la Revolución de
Noviembre de 1918 que llevó, hacia el final de la Primera Guerra Mundial, al
cambio desde la monarquía del Imperio a una república pluralista, parlamentaria
y democrática.
La revolución comenzó como un levantamiento marinero
en Kiel; en pocos días se propagó por toda Alemania y forzó la abdicación del
Káiser Guillermo II el 9 de noviembre de 1918. Los objetivos de los revolucionarios
fracasaron en enero de 1919 ante la oposición de los líderes del Partido
Socialdemócrata de Alemania (SPD).
El desenlace formal de la revolución ocurrió el 11 de
agosto de 1919 con la rúbrica de la nueva Constitución de la República de
Weimar.
| Canciller federal de la Confederación Alemana del Norte | ||
|---|---|---|
| 1 de julio de 1867-18 de enero de 1871 | ||
| Presidente | Guillermo I | |
Con afecto,
Ruben
.jpg)

.svg.png)
.svg.png)



-es.svg.png)

.jpg)
).jpg)




.jpg)

.jpg)


_(14781539332).jpg)
