sábado, 10 de agosto de 2019

¿Y quién fue Bartolomé Herrera?


¿Y quién fue Bartolomé Herrera?


Continuamos con nuestra serie biográfica ¿Y quién fue…?, en esta oportunidad para ocuparnos de un personaje del clero peruano, de posturas ideológicas y políticas que ejercieron fuerte influencia en la sociedad del siglo 19. La Gran Unidad Escolar Bartolomé Herrera se fundó en 1947 y hasta hoy es uno de los colegios nacionales más populares de Lima Metropolitana. Ubicado en la avenida La Marina, una de las principales arterias que úne Lima con la Provincia Constitucional del Callao, se destacó en décadas pasadas por su banda de música y su campo deportivo, que hoy luce remodelado tras años de abandono. Su infraestructura, en cambio (aulas, patios, instalaciones diversas), adolece de exactamente las mismas carencias de las demás instituciones emblemáticas. Sus paredes, amplias y hasta hace poco, recién pintadas, son constantes víctimas del vandalismo urbano, que no conoce límites y que algunos llaman “graffiti”. Recordemos pues, quién fue Bartolomé Herrera:

Bartolomé Herrera Vélez (Lima, 24 de agosto de 1808), fue un filósofo y político conservador, defensor del orden social semifeudal de entonces, que se convirtió en figura eminente del clero del Perú durante el siglo XIX, en virtud a su fuerte carácter y participación política. Su nombre ha pasado a la historia como colaborador en los gobierno de José Rufino Echenique y Ramón Castilla, además de ser uno de los intelectuales religiosos más influyentes de su tiempo.
Huérfano desde 1813, inició su formación académica bajo la dirección de Luis Vélez, su tío materno. En febrero de 1823 ingresó al Real Convictorio de San Carlos, del que llegó a ser rector. Al ser evidentes sus aptitudes religiosas, fue el propio rector del Convictorio, Manuel José Pedemonte, quien impulsó su dedicación a la carrera religiosa, ordenándose Sacerdote en 1831.
En 1839, Bartolomé Herrera fue nombrado director de la Biblioteca Nacional, y un año después obtuvo el curato de Lurín. En 1842 asistió, como rector, al inventario de libros de la Biblioteca del Convictorio de San Carlos, efectuado durante la visita del doctor Manuel Ascencio Cuadros.
Durante esos años también integró la comisión revisora de los libros que ingresaban a la Biblioteca Nacional, dirigida en ese entonces por Francisco de Paula González Vigil, y fue docente en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En ese periodo introdujo los manuales del krausismo alemán (tendencia filosófica según la cual, Dios, sin ser del mundo ni estar fuera de él, lo contiene en sí y de él trasciende), traducidos del francés por él mismo.
Asimismo, postulaba que un grupo reducido (élite) debía estar al frente de la nación; aún más, que debía predominar la “soberanía de la inteligencia”, inspirada en la filosofía francesa de la restauración monárquica, contra el postulado jacobino (revolucionario) de la “soberanía popular”, como preconizaban los liberales, entre ellos José Gálvez Egúsquiza, y el sacerdote progresista Francisco Xavier de Luna Pizarro.
Su carrera política, por otra parte, se inició con una diputación por Lima, en 1849, alcanzando luego la Presidencia de la Cámara de Diputados. También fue ministro de varias carteras durante los Gobiernos de José Rufino Echenique y de Ramón Castilla, y llegó a ser presidente del Congreso.
En 1852 viajó a Europa y se entrevistó con los principales reaccionarios de la época; conoció a Juan Donoso, en París, y trabajó como capellán para el Papa Pío IX. Más adelante se encargó de los Ministerios de Justicia, de Instrucción Pública, de Gobierno y de Relaciones Exteriores. Suscribió la Convención Fluvial, por la que el Emperador reinante del Brasil reconoció a las naves peruanas el derecho de libre navegación por el Amazonas.
Designado obispo de Arequipa, tomó posesión de su sede el 6 de enero de 1861, cargo que ejerció hasta su fallecimiento, en 1864.
Con afecto,
Ruben

Mariano Melgar


Mariano Melgar

(Mariano Lorenzo Melgar Valdivieso; Arequipa, 1790 - Umachiri, 1815) Poeta peruano considerado uno de los fundadores de la literatura peruana contemporánea. Pese a su formación neoclásica, escribió poemas amorosos a imitación de los yaravíes indígenas, manifestando en su gusto por las tradiciones populares autóctonas una adelantada sensibilidad romántica que ha permitido emparentarlo con el poeta cubano José María Heredia y el ecuatoriano José Joaquín Olmedo.

Mariano Melgar
De gran precocidad intelectual, Mariano Melgar cursó filosofía y teología y recibió las órdenes religiosas menores en 1810; pero abandonó la carrera eclesiástica al enamorarse de una dama, María Santos Corrales, que aparece en sus poemas con el nombre de Silvia. Enseñó latín, retórica, filosofía, física y matemáticas. En 1812 viajó a Lima para estudiar derecho en los claustros de San Carlos, coincidiendo su estancia en la capital con las manifestaciones en favor de la independencia.
Melgar retornó a Arequipa en 1814; entretanto, su amada Silvia cedió a la oposición de sus padres y rechazó al poeta; el dolor afectó gravemente su salud. Probablemente a ello se debió la excelente traducción de los Remedia amoris de Ovidio, que dejó inédita, y desde luego, la composición Carta a Silvia. Melgar se incorporó poco después a la rebelión emancipadora de Mateo Pumacahua, a quien sirvió como auditor de guerra; tras la batalla de Umachiri fue apresado y sometido a consejo de guerra; el 12 de marzo de 1815 fue fusilado. Póstumamente, en 1878, se editó el volumen Poesías de don Mariano Melgar.
A pesar de su formación neoclásica, la obra de Melgar presenta rasgos prerrománticos: sentimentalismo, amor por la naturaleza, culto a la libertad y fervor patriótico. También resulta prerromántico su interés por las inquietudes del pueblo y su asimilación de una forma mestiza de canción muy extendida en los Andes, los yaravíes, en que el idioma es el español pero la música y la temática resultan andinas; los yaravíes son composiciones en metros cortos cuyo tema más común es el lamento amoroso, y se cantan con acompañamiento de guitarra o de "quena" (flauta de caña de los indios peruanos).
En el espíritu y en el nombre mismo, el yaraví proviene de los harauis de los incas, canciones líricas de amor o de asuntos campestres, tristes o alegres, y acompañadas por la flauta. Documentados por los cronistas, en los siglos XVI y XVII se los menciona como cantos indígenas y populares, sin precisar bien su carácter. Pero en el siglo XVIII, con la iniciación de la conciencia nacional y los anuncios del Romanticismo, alcanzan nuevo impulso, sobre todo en el sur del Perú, y ya con el carácter específico de poesía triste, de lamentación y soledad.
Compuestos originalmente en lengua quechua, se escribieron luego en español; rural en sus comienzos, el yaraví pasó a la ciudad, y la "quena" se unió o se reemplazó con la guitarra. El centro de esa transformación criolla fue Arequipa, y Melgar el poeta más excelente y de más fuerza dramática. Los yaravíes de Melgar significaron el triunfo de esa veta popular entre las capas urbanas y cultas, especialmente en Arequipa, donde un yaraví melgariano es considerado como una especie de himno de la "patria chica".
En la edición póstuma de las Poesías de don Mariano Melgar (1878) aparecen sólo diez yaravíes, pero se le atribuyen muchos más, porque su nombre se ha convertido en un símbolo del género. Su poder de atracción es aún tan grande que sus yaravíes siguen cantándose y llorándose noche tras noche en Arequipa. Desde el punto de vista estrictamente literario, los "yaravíes" de Melgar son algo ingenuos, y su versificación es a menudo defectuosa, pero alcanzan un singular dramatismo con la música y con los acentos doloridos de los cantores. Constituyen además una manifestación sumamente interesante del mestizaje cultural en América.
Aparte de los yaravíes, en las inclinaciones líricas de Mariano Melgar se aprecian diversas facetas: la de poeta erótico, influido principalmente por la poesía de Anacreonte; la de autor de odas, entre las que son dignas de especial mención las dedicadas a la libertad y al mar, con algunas elegías, y la de fabulista, aspecto éste muy singular en las letras peruanas. Cinco son solamente las fábulas que escribió (el cantero y el asno, las abejas, las cotorras en un maizal, los gallos y los pavos y el asno cornudo). Su formación clásica adquirida en sus tiempos del seminario, que no dejó de influirle a lo largo de su breve carrera lírica, lo llevó a traducir composiciones de Ovidio y Virgilio. En su traducción de Remedia amoris de Ovidio modificó ingeniosamente su título por el de Arte de olvidar.


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Mariano Melgar Valdivieso




Biografía de Mariano Melgar Valdivieso, prócer y poeta peruano. Símbolo del Romanticismo Peruano. Nacido en Arequipa destacó también como músico, pintor, astrónomo y místico. Mariano Melgar y sus Yaravíes.




Mariano Melgar Valdieso
Prócer y Poeta Peruano. Compositor de Yaravíes
Mariano Melgar
Poeta, músico, pintor, guerrero, astrónomo, místico y sobre todo, patriota. Mariano Melgar reúne todas las virtudes de su pueblo arequipeño: romanticismo, valor moral, gran voluntad, mente lúcida, gran amor por el terruño, profundo patriotismo, rebeldía y culto por la Libertad.

Mariano Melgar Valdivieso nació en Arequipa el 10 de agosto de 1790. Fueron sus padres don Juan de Dios Melgar y doña Andrea de Valdivieso, miembros de una distinguida familia y de holgada posición. 

Niño prodigio
Melgar recibió una esmerada educación, facilitada por los dotes admirables y precocidad de aquel niño prodigio que a los tres años sabía leer correctamente, que dominaba el latín a los ocho y a los doce hablaba perfectamente el inglés y el italiano. En sus ratos apacibles dibuja y pinta los bellos paisajes donde se desenvuelve su primera juventud.

Melgar religioso
El medio ambiente lo orientó hacia los estudios religiosos y teológicos. Realizó sus estudios en el Seminario de "San Gerónimo", de Arequipa. Vistió el hábito de clérigo y nunca dejaría de ser religioso y cristiano.
Su versión humanística y su dominio del latín lo obligaron a hacer traducciones de Virgilio y Ovidio. Recibió la tonsura de manos del venerable Obispo Pedro Chavéz de la Rosa.
La construcción de una iglesia en su ciudad natal, le da ocasión para dejar a la posteridad perennizado un aspecto de su poderoso espíritu constructivo y una prueba de su amor a Dios y de su cristianismo. Dirige a un oficial de albañilería y levanta la cúpula de la iglesia de San Camilo que desafía a la acción de los años como la misma gloria de quien puso sus manos de elección en esa obra pía.

Descubre su vocación
Por aquella época conoce a la bella Manuelita Paredes, hija del Tesorero Fiscal de Arequipa, que se transforma en la primera pasión de Melgar y la inspiradora de sus primeros yaravíes, forma poética lírica en que el gran cantor arequipeño expresa su amargura y su tristeza. En el fondo ambos se amaban, pero el destino los separó.
Melgar descubre entonces que su temperamento es poco adicto a la disciplina claustral y decide despojarse del hábito eclesiástico, abandonando el seminario para seguir su verdadera vocación: la poesía, el foro y el magisterio.
Se dedica a devorar cuanto libro de nueva ideología cae en sus manos. 

Silvia, su gran amor
Cuando Mariano tenía 16 años conoce a María Santos Corrales, la "Silvia" de sus amores, una bella niña de nueve años, que inspirará las más grandiosas notas de su lira.
En sus elegías, en sus sonetos, en su Carta a Silvia, en sus yaravíes, transborda la encendida pasión, el dolor de amar, el deseo infinito de confundirse con el ser amado, la nostalgia de horas de ventura que pasaron, la desesperación y la esperanza, el afecto y el ansia del olvido, el reproche por las falsas promesas, la decepción y la plenitud de amar a través de la vida y a través de la muerte; siendo, además, el amor de Silvia una forma de su amor a la Patria.

"(...) por Silvia amo a mi Patria con esmero y por mi Patria amada a Silvia quiero".

Su viaje a Lima
Persuadido por sus padres para estudiar Jurisprudencia (pretexto para alejarlo de Silvia) viajó a Lima hacia 1811. La metrópoli, sacudida por el ardor oratorial de Baquijano y Carrillo y preñada de inquietud revolucionaria, no hizo sino fortalecer su convicción liberal y prepararlo para la lucha de la libertad de la patria. 
En Lima, fue profesor de Teología, Derecho, Historia y Matemáticas. De aquella época data la traducción de "El arte de olvidar", de Ovidio.

El dolor de perder a Silvia
Vuelto a Arequipa, Melgar pide la mano de de su amada, pero la niña, influída por sus padres, está contra el poeta, por lo que Melgar sufre los desdenes de Silvia. Apesadumbrado, erró por la soledad de la campiña de Majes, impregnando el ambiente con tristeza de sus yaravíes. 
Esta es sin duda la época determinante del apogeo del yaraví en la obra de Melgar.

"El yaraví - dice F. García Calderón - es el ¡ay! que emite el alma cuando está agobiada por un pesar o por un amor desgraciado. No es el acento ardoroso del odio, ni la devoradora expresión de la venganza; es el gemido del que ve perdido su amor y continúa queriendo."

Melgar y la causa libertaria
En el año de 1814 se produce la revolución de Pumacahua en el Cusco, que hace zozobrar la aparente tranquilidad del virreynato.
Melgar, que se encontraba en Majes, se adhiere a la gran causa libertaria y marcha al combate por la independencia nacional.
Aquella escena terrible de la despedida a sus padres inspirará más tarde a pintores y artistas. 
El virrey Abascal desplegó toda su energía y toda su fuerza sobre los rebeldes. 

El sacrificio del Prócer
En la batalla de Humachiri (Puno), Melgar se batió como el más valiente dirigiendo la artillería, en los momentos culminantes bajó de su caballo y manejó el cañón con olímpico denuedo.
Ramírez, general realista, destruyó las tropas rebeldes y Melgar fue hecho prisionero.
Sereno, estoico, grande, afrontó el injusto proceso sumario que se le instauró allí mismo, por ser un patriota. Y subió al patíbulo como todo un héroe, ofrendadno su preciosa vida a la libertad de su patria. 

Fue fusilado en la mañana del 12 de marzo de 1815, cuando aún no había cumplido los 25 años. El padre del poeta mártir murió al saber la noticia. 

La gloria de Mariano Melgar no sólo es gloria arequipeña, ni siquiera gloria peruana, es gloria de América, gloria de aquellos que creen y luchan por el amor y la libertad.

YARAVÍ VII
¿Con que al fin tirano dueño,
Tanto amor, amores tantos,
Tantas fatigas,
No han conseguido en tu pecho
Más premio que un duro golpe
De tiranía?

Tú me intimas que no te amé
Diciendo que no me quieres
Ay, vida mía,
Y que una ley tan tirana
Tenga de observar, perdiendo,
Mi triste vida!

Yo procuraré olvidarte
Y moriré bajo el peso
De mis desdichas.
Pero no pienses que el Cielo
Deje de hacerte sentir
Sus justas iras

Mariano Melgar

El poeta romántico y patriota peruano que dedicó gran parte de su producción literaria a los indígenas de su terruño, al amor, y a la causa revolucionaria independentista, Mariano Lorenzo Melgar Valdivieso, nació el 10 de agosto de 1790, en Arequipa (Perú).
Fueron sus padres Doña Rosa Valdivieso Gallegos y Don Juan de Dios Melgar Sanabria, quienes conformaron una familia tradicional, católica y adinerada. Fue un niño sumamente precoz. Dominó la lecto-escritura a la edad de tres años y para los 10, hablaba y escribía correctamente el latín, el inglés y el francés; y leía a Cicerón y a Virgilio.
Estudió en el Convento de San Francisco y litigó por la obtención de una capellanía en el valle de Majes, influido por su padre. La Biblioteca del Seminario Conciliar de San Jerónimo, donde ingresó en 1807, y obtuvo órdenes menores, a los 20 años, le sirvió para conocer las nuevas ideas revolucionarias. Enseñó Latinidad y Retórica, Filosofía, Física y Matemática.
A los 20 años abandonó los hábitos al enamorarse de Manuelita Paredes, “Melissa”, cuyo padre se desempeñaba en Arequipa como Tesorero Fiscal, a quien le dedicó “Soneto a la Mujer”, y se dedicó a escribir. También sintió vocación por la pintura y la música.

Su segundo amor fue María Santos Corrales, “Silvia”, siete años menor que él, siendo además su prima segunda; mencionada en sus yaravíes, forma poética lírica y nostálgica; en sus elegías, y a quien le dedico “Carta a Silvia”, amor que se confunde con el amor a su patria, y que se tornó imposible por la oposición familiar.
Estudió Derecho en Lima y regresó a Arequipa, pero al no poder reanudar su relación sentimental con Silvia, se instaló en el valle de Majes.

En 1813 se publicó la fábula “El ruiseñor y el calesero” en el periódico “El Investigador” en Lima, donde acusó a los gobernantes de imponer al pueblo una cultura extraña.
A fines de 1814 se unió a la causa revolucionaria por la independencia de su país. En la lucha patriótica fue fusilado, tras ser tomado prisionero, el 12 de marzo de 1815, en Umachiri. Tenía tan solo 24 años. Su padre no pudo resistir la noticia, y murió.
En 1827, póstumamente se publicaron muchas otras de sus fábulas en el periódico “El Republicano”: “El murciélago”, “Los gatos”, “El cantero y el asno”, “Las abejas” y “El asno carnudo”. En 1830 y 1831 aparecieron publicadas, respectivamente, “Las cotorras y el zorro” y “Las aves domésticas”. En 1891, se publicaron las fábulas “El sol” y nuevamente “El ruiseñor y el calesero” en el periódico “La Bolsa” de Arequipa. Una fábula no publicada, está guardada en la Biblioteca de Lilly de la Universidad de Indiana. Su nombre es “La ballena y el lobo”. Fue reconocido como patriota peruano, oficialmente, el 2 de julio de 1964.
Con afecto,
Ruben
Muerto yo tu llorarás
El error de haber perdido
una alma fina.
Y aún muerto sabrá vengarse
Este mísero viviente
Que hoy tiranizas.

A todas horas mi sombra
Llenará de mil horrores
Tu fantasía
Y acabará con tus gustos
El melancólico espectro
De mis cenizas.