sábado, 30 de julio de 2022

José Faustino Sánchez Carrión

 

José Faustino Sánchez Carrión



 

Biografía

José Faustino Sánchez Carrión fue hijo de Agustín Sánchez Carrión y de Teresa Rodríguez y Ledesma. Nació en Huamachuco, en el actual departamento de La Libertad, en el seno de una familia minera.

Inició su formación cultural con maestros privados, de los que obtuvo los fundamentos de latinidad y filosofía. En 1802 pasó a cursar estudios en el Seminario de San Carlos y San Marcelo de Trujillo, pero dejó su inicial vocación religiosa y en 1804 se trasladó a Lima para estudiar Derecho en el Real Convictorio de San Carlos, dirigido entonces por el sacerdote Toribio Rodríguez de Mendoza, otro ilustre precursor de la independencia que difundía por entonces las ideas del liberalismo y que José Faustino supo asimilar. Pronto descolló como excelente estudiante y de notable talento oratorio. En 1810 hizo el elogio poético de José Baquíjano y Carrillo, otro gran precursor de las ideas liberales, a quien admiraba.

Sus ideas llegaron a ser conocidas por todos, inclusive por el propio virrey José Fernando de Abascal, ante quien pronunció un discurso por el segundo aniversario de la Constitución Política de la Monarquía Española, pero en vez de tener este un carácter servil y laudatorio, como prescribía el ceremonial, habló sobre las libertades y recalcó la igualdad entre criollos y españoles prescritas en la Constitución de Cádiz. Se dice que Abascal ordenó que a partir de entonces no se le encomendaran discursos o conferencias. Pese a ello, siguió destacando en los estudios e incluso, aun colegial, se le encargó que dictara el curso de Filosofía en el Convictorio, debiendo interrumpir sus estudios por un año. Se graduó de bachiller en leyes en 1813, y cumplida la práctica reglamentaria, se recibió de abogado el 5 de noviembre de 1818. Ese mismo año ingresó al Colegio de Abogados de Lima, institución que le encargó la defensa de las personas insolventes (1819).

Simultáneamente se dedicó a la labor docente y encontró en la cátedra un nuevo estímulo para su vocación oratoria. Se le encomendó la enseñanza de las leyes y cánones y el curso de Digesto Viejo en San Marcos.

El 8 de noviembre de 1819, contrajo matrimonio con María Josefa Antonia Dueñas. Por entonces debió ocurrir su alejamiento del Convictorio y su destierro fuera de Lima, ordenado por el nuevo virrey Joaquín de la Pezuela. El motivo sería su participación en las actividades patrióticas, entonces en efervescencia ante la inminente llegada de la expedición de San Martín. Al parecer se retiró a Sayán, un pueblito cercano a Huacho, donde descansó para restablecer su quebrantada salud. En diciembre de 1820 nace su primera hija, Juana Rosa, y poco después concurrió a la proclamación de la Independencia de Trujillo, que realizó el marqués de Torre Tagle, que ganaba así, sin mayor violencia, un importante territorio peruano para la causa emancipadora (prácticamente todo el norte). Tras la prematura muerte de su esposa, José Faustino contrae segundas nupcias con su cuñada, María Mercedes Dueñas, con la cual tuvo tres hijos: Tomás (1822), Juana María de la Expiración (1823) y María Matea de los Dolores (la cual nació tres meses después de su muerte, el 20 de septiembre de 1825).

Lo que se puede asegurar a ciencia cierta es que en junio de 1821 José Faustino se hallaba en Huamachuco, donde fue por la muerte de su padre y donde permaneció algunos meses, por lo que no fue testigo de la proclamación de la independencia en Lima, realizada en julio de 1821.

En diciembre de 1821 retornó a Lima y se consagró por entero a propagar y defender los principios republicanos, contra los planes monárquicos de San Martín y sus colaboradores, entre ellos su ministro Bernardo de Monteagudo, que para tal fin abrió los debates en la llamada Sociedad Patriótica. En defensa del republicanismo Sánchez Carrión escribió dos cartas que firmó con el seudónimo de «El Solitario de Sayán». Su sólida y convincente argumentación fue decisiva para la adopción del sistema republicano. Monteagudo fue destituido y expulsado del país. Sánchez Carrión expuso sus planteamientos en El Correo Mercantil Político y Literario. Después de la asonada popular del 25 de julio de 1822, contra Monteagudo, colaboró en el bisemanario La Abeja Republicana, donde fue publicada en forma completa la primera carta del Solitario de Sayán. Luego editó por su cuenta el bisemanario “El Tribuno de la República Peruana”, apelativo que desde entonces asumió para sí.

Como diputado por Trujillo integró el primer Congreso Constituyente del Perú, en el cual fue secretario, del 20 de septiembre a 20 de noviembre de 1822, así como miembro de la comisión encargada de redactar la Constitución, que fue promulgada en 1823 y que tuvo marcada inspiración liberal. En otro aspecto, se opuso al nombramiento de la Suprema Junta Gubernativa del Perú, cuerpo colegiado integrado por miembros del Congreso y al cual se le encomendó el poder ejecutivo.

Fue partidario de la idea de llamar a Bolívar para que culminara la guerra emancipadora en el Perú. Ante los desastres de las dos campañas de intermedios, el Congreso acogió esa idea y comisionó al mismo Sánchez Carrión y al poeta José Joaquín Olmedo, para cursar la invitación a Bolívar, que por entonces se hallaba en Guayaquil (19 de junio de 1823). Sánchez Carrión retornó al Perú acompañado por Bolívar. Y mientras el Libertador iba al norte peruano a organizar la campaña final contra los realistas, Sánchez Carrión se encargó de hacer una intensa campaña periodística en Lima, que sin duda influyó para que muchos se sumaran a la causa patriota.

El 3 de abril de 1824 Sánchez Carrión recibió de Bolívar la investidura de Secretario General de los Negocios de la República Peruana (o Ministro único), y como tal acompañó al Libertador a lo largo de toda su campaña en suelo peruano (del 26 de marzo a 28 de octubre de 1824). En una carta a Francisco de Paula Santander, Bolívar escribió lo siguiente sobre el ilustre tribuno peruano: “El señor Carrión tiene talento, probidad y un patriotismo sin límites”.

El 28 de octubre de 1824, Bolívar organizó nuevamente su gobierno en Jauja y nombró a Sánchez Carrión como ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores (que ejerció hasta el 26 de febrero del año siguiente). Le acompañaba el coronel Tomás de Heres como ministro de Guerra, y el sabio Hipólito Unanue como ministro de Hacienda. En la fase final de la guerra contra los españoles, sugirió al almirante Jorge Martín Guise, de acuerdo con Bolívar, la iniciación de la campaña marítima, que determinó que las últimas naves españolas se retiraran de las costas peruanas. El 7 de diciembre de 1824, dos días antes de la batalla de Ayacucho, cursó a los gobiernos americanos la invitación a un congreso anfictiónico, a realizarse en Panamá. En este sentido compartió plenamente con Bolívar el ideario de la unidad hispanoamericana, que por el momento no se concretó.

Cuando Bolívar marchó al sur en abril de 1825, dejó el poder político a un Consejo de Gobierno instalado en Lima, en el que Sánchez Carrión era el vicepresidente. Pero no pudo ya ejercer dicho cargo. Agotado por la labor realizada durante la campaña independentista y debilitada su salud, se retiró a la hacienda “Grande” de Lurín, de propiedad de la congregación de los padres del oratorio de San Felipe Neri, donde falleció el 2 de junio de 1825 a los treinta y ocho años de edad. Corrió el rumor de que Bolívar lo mandó envenenar, pero según la autopsia (de la que se conserva sólo un fragmento) que le practicó el médico Cayetano Heredia su muerte se debió a la rotura de un aneurisma que tenía en el hígado. Años más tarde, Ricardo Palma publicó un opúsculo “Monteagudo y Sánchez Carrión”, en el que se da cuenta de una conversación entre el ex-presidente colombiano Mosquera y Manuel Odriozola (Director de la Biblioteca Nacional del Perú) en el político colombiano habría afirmado que Sánchez Carrión murió envenenado,sin embargo Cayetano Heredia quien hizo la autopsia aseguró que la causa de la muerte fue natural. El Perú perdió así tan tempranamente a uno de sus hijos ilustres, cuyo talento haría falta en la organización de la naciente República.


 

Acuarela de Bernardo O’Higgins, El Batallón Numancia recibe la Bandera del Ejército Libertador al momento de pasar el puente de Huaura. Diciembre 1820

Con afecto,

Ruben

 

miércoles, 27 de julio de 2022

Poemas de Octavio Paz 2

 

Poemas de Octavio Paz 2



 

El pájaro


 

Y un pájaro cantó, delgada flecha.
Pecho de plata herido vibró el cielo,
se movieron las hojas,
las yerbas despertaron...
Y sentí que la muerte era una flecha
que no se sabe quién dispara
y en un abrir los ojos nos morimos.

Silencio


 

Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen
.

El fuego de cada día


 

A Juan García Ponce

Como el aire
hace y deshace
sobre las páginas de la geología,
sobre las mesas planetarias,
sus invisibles edificios:
el hombre.

Su lenguaje es un grano apenas,
pero quemante,
en la palma del espacio.

Sílabas son incandescencias.

También son plantas:
sus raíces
fracturan el silencio,
sus ramas
construyen casas de sonidos.

Sílabas:
se enlazan y se desenlazan,
juegan
a las semejanzas y las desemejanzas.

Sílabas:
maduran en las frentes,
florecen en las bocas.

Sus raíces
beben noche, comen luz.

Lenguajes:
árboles incandescentes
de follajes de lluvias.

Vegetaciones de relámpagos,
geometrías de ecos:
sobre la hoja de papel
el poema se hace
como el día
sobre la palma del espacio.

Tus ojos


 


 

 Los ojos de la amada el poeta encuentra el mundo. Se sabe preso de la seducción que anuncia una eternidad, una inconmensurable belleza que subyuga al amante.

Tus ojos son la patria del relámpago y de la lágrima,
silencio que habla,
tempestades sin viento, mar sin olas,
pájaros presos, doradas fieras adormecidas,
topacios impíos como la verdad,
otoño en un claro del bosque en donde la luz canta en el hombro
de un árbol y son pájaros todas las hojas,
playa que la mañana encuentra constelada de ojos,
cesta de frutos de fuego,
mentira que alimenta,
espejos de este mundo, puertas del más allá,
pulsación tranquila del mar a mediodía,
absoluto que parpadea,
páramo.

Analfabeto


 

Para el poeta, el cielo representa un libro lleno de signos indescifrables. Frente a la inmensidad, el poeta reconoce su finitud.

Alcé la cara al cielo,
inmensa piedra de gastadas letras:
nada me revelaron las estrellas.

Madrugada


 

Gaspar Friedrich: Monje junto al mar.

Rápidas manos frías
retiran una a una
las vendas de la sombra

Abro los ojos
todavía
estoy vivo
en el centro
de una herida todavía fresca.

Apremio


 

En este poema, Octavio Paz parece introducirnos a uno de los tópicos literarios por excelencia: la preocupación por el paso del tiempo.

Corre y se demora en mi frente
lenta y se despeña en mi sangre
la hora pasa sin pasar
y en mí se esculpe y desvanece

Yo soy el pan para su hambre
yo el corazón que deshabita
la hora pasa sin pasar
y esto que escribo lo deshace

Amor que pasa y pena fija
en mí combate en mí reposa
la hora pasa sin pasar
cuerpo de azogue y de ceniza

Cava mi pecho y no me toca
piedra perpetua que no pesa
la hora pasa sin pasar
y es una herida que se encona

El día es breve la hora inmensa
hora sin mí yo con su pena
la hora pasa sin pasar
y en mí se fuga y se encadena

Con afecto,

Ruben