miércoles, 4 de noviembre de 2020

ACHO, LA PLAZA MÁS ANTIGUA DE AMÉRICA

 

 

Acho, la  plaza  mas antigua de  America

Joselito 'El gallo'



 

 

 

La Plaza de toros de Acho, coso taurino ubicado en Lima, Perú. Es la plaza de toros más antigua de América, una de las más grandes del mundo, la más importante de las 56 plazas oficiales de toros con que cuenta dicho país, y considerada como una de las de mayor prestigio del continente americano. En ella se realiza anualmente la Feria del Señor de los Milagros, que reúne a las principales figuras del toreo.HistoriaLa Plaza de Acho, es el coso taurino más antiguo de América y el tercer más antiguo del mundo, después de la Maestranza de Sevilla y la de Zaragoza en España. Fue fundada el 30 de enero de 1766, durante el gobierno colonial del virrey Manuel de Amat y Juniet.En sus famosas “Tradiciones Peruanas”, Ricardo Palma dice que la primera corrida detoros en Lima fue en 1538, celebrando la derrota de los Almagristas. Por otro lado, según escritos históricos del clero, la primera corrida tuvo lugar un lunes 29 de marzo de 1540, por la consagración de los santos óleos. Inclusive, el mismo Inca Garcilazo de la Vega, en sus “Comentarios Reales”, habla ya de las corridas de toros.Entre 1659 y 1660 hubieron en el Perú, diez “Corridas Reales” de toros por el nacimiento del príncipe Felipe, hijo de Felipe IV. El 15 de noviembre de 1667, se celebra una corrida en el Callao, con ocasión de la llegada del Virrey Conde de Lemos al primer puerto peruano. El 24 de julio de 1668, se realizó otra corrida en la ciudad de Lima, celebrando el nacimiento de un hijo de dicho Virrey. El 27 de julio de 1622 se desarrolló una corrida en la Plaza Mayor de Lima, para agasajar el arrivo de un nuevo Virrey, don Diego Fernández de Córdoba, Marqués de Guadalcázar.No todos los virreyes fueron amantes de las corridas, como el Conde de Chinchón, quien trató de impedir este tipo de afición. Sin embargo, el Rey Felipe IV, dictó una Real Cédula a favor de éstas, durante el Virreynato del Marqués de Mancera.La Plaza Mayor de Lima, sirvió por muchos años de escenario de las corridas de toros, en la cual se escenificaban un promedio de 4 corridas anuales, según lo ordenado por el Virrey don Diego López de Zúñiga, Conde de Nieva. En esta plaza se celebraban las corridas por: Pascua de Reyes, San Juan, Apóstol Santiago y Nuestra Señora de la Ascensión; además, de lidias por la llegada de un nuevo virrey, o por la juramentación o conmemoración de monarcas, canonizaciones, etc. Para festejos menos importantes, se habilitaban plazas o plazuelas distritales como: plazoleta de Santa Ana, plaza de la Inquisición, plazoleta del Cercado, plaza de Cocharcas, plazoleta de Santo Domingo, etc.Con toda esta afición taurina, a lo largo de dos siglos, el año de 1765, don Agustín Hipólito de Landaburu, tuvo la idea de construir una plaza de toros de acuerdo con la cantidad de adeptos que iba ganando la lidia. En 1756, se había construído una de madera, donde el 22 de febrero de 1762, el pueblo limeño había celebrado

jubilósamente la llegada de otro virrey: Manuel de Amat y Juniet. Esta pequeña Plaza, estaba ubicada en los terrenos de HAACHO, palabra quechua que significa desde donde se ve el mar.Sabiendo que al virrey le gustaban las corridas, pidió a su cuñado don Juan José Belzunce, para que por encargo de él, tratara de obtener una autorización de construcción; lo que le fue concedido. Luego, Hipólito de Landauro, ordenó dicha obra a Cristóbal de Bargas y la nueva plaza, fue inaugurada el 30 de enero de 1766, luego de una inversión de 107,609 pesos y 6 reales.El cartel de la corrida inaugural lo integraron los toreros Pisi, Gallipavo y Maestro de España, y el primer toro que se lidió en la nueva plaza, se llamó “Albañil Blanco”, perteneciente a la ganadería de la Hacienda Gómez de Cañete, que después cambió al nombre de “Unanue”, cuyo propietario era Agustín Hipólito de Landaburu, quien se encargó igualmente de la administración de la plaza.A su deceso, continúo al frente su viuda, asesorada por su hermano Juan José Belzunce. Y así la administración de la Plaza de Acho se fue delegando familiarmente. Al deceso de la viuda, asumió su lugar el hijo de ambos, don Hipólito de Landaburu y Belzunce, quien al viajar a Europa, dejó todo en manos de su albacea don Hipólito Unánue.En 1832, el albacea de Landaburu y Belzunce legó la plaza de toros, a favor del Hospicio de los Pobres, administrada por la Junta Real de Beneficencia de Lima.En 1944, Fernando Graña Elizalde, Alejandro Graña Garland, José Antonio Roca Rey, conjuntamente con un grupo de amantes de la tauromaquia, toman en arriendo la Plaza de Acho por 20 años.En 1945, su remodelación estuvo a cargo del ingeniero Francisco Graña Garland. Se amplió su capacidad a trece mil espectadores, para lo cual se tuvo que acortar las dimensiones del ruedo.La primera Feria del Señor de Los Milagros se realiza un 12 de octubre de 1946, gracias a la idea del crítico taurino don Fausto Gastañeta y la gestión de su sucesor, otro afamado crítico, Manuel Solari Swayne “Zeñó Manué”.

 

LA HISTORIA DE LA PLAZA DE TOROS DE LIMA "PLAZA DE ACHO"







La consabida historia de nuestra Plaza de Toros de Lima “Plaza de Acho” se remonta al sábado 22 de febrero de 1762, cuando los habitantes de la ciudad de Lima con una corrida de toros celebró jubilosamente la llegada del Virrey don Manuel Amat y Juniet en los terrenos denominados del Acho (HAACHO es una palabra castellana que significaba “parte alta” ósea desde donde se ve el mar llegar las embarcaciones al puerto del Callao). Este fue el primer intento de establecer un lugar especialmente construido para las celebraciones de las corridas de toros en Lima. Es necesario recordar que la influencia que ejerció sobre el Virrey Amat y Juniet la mestiza Micaela Villegas ó  Miquita (nombre de cariño le decían sus familiares) Villegas “La Perricholi” y como no se ha investigado detenidamente su vida, posiblemente se ignore lo mucho que a favor de Lima hiciera ésta cortesana nacida en Lima y criada en Huánuco (confusión o no sobre su nacimiento, y que no es tema taurino que nos interese más allá de la historia). Es pues muy posible que a ella se le deban muchas de las obras que el virrey catalán realizó en nuestra ciudad limeña (específicamente en el barrio del Rímac, donde geográficamente está edificada la Plaza de Toros de Acho), entre las obras realizadas por el Virrey Manuel de Amat y Juniet se describen las siguientes: el palacio de la Quinta Presa (casa donde vivió La Perricholi), el Paseo de Aguas (cuenta la historia que el Virrey Amat le pidió a La Perricholi ser su amante y ella le respondió que lo haría cuando él le ponga la Luna a sus pies, al poco tiempo el virrey enamorado mando construir una fuente – reservorio de agua – muy pequeño en altura pero amplio en longitud y ancho, por lo que servía de espejo al cielo, y una vez que hubo ‘Luna Llena’ invitó a pasear a La Perricholi, diciéndole que hoy pone la Luna a sus pies), la Alameda de los Descalzos (vereda rodeada de jardines con 12 estatuas en mármol de carrara, que simbolizan los doce signos zodiacales), la Plaza de Toros de Lima “Plaza de Acho”.


Por el año del 1765 el acaudalado vecino de la ciudad de Cañete, don Agustín Hipólito de Landaburu, se decidió a construir una verdadera plaza de toros firme (hay que recordar que en 1762 ya había una construida de madera en los terrenos de Acho), y para que hiciera las gestiones administrativas ante el virrey Amat, confirió poderes a su cuñado don Juan José Belzunce, quien se traslado a Lima, y en el mismo año de 1765 obtuvo la autorización concediéndole el permiso para la construcción de una plaza de toros firme, también le autorizó el permiso para celebrar ocho corridas de toros cada año, y de la utilidades se deberían entregar una determinada cantidad al Hospicio de los Pobres, que regentaba la Real Junta de Beneficencia. La historia cuenta que al constructor y propietario de la plaza firme de Lima don Agustín Hipólito de Landaburu cuándo se le preguntó ¿a cuánto había ascendido la inversión de la construcción de la Plaza de Toros de Lima?, éste respondió que la construcción había costado 107,609 pesos y 6 reales.


La fecha de inauguración de la Plaza de Toros de Lima “Plaza de Acho” tenía una serie de vacíos históricos, ya que las fuentes de principios de siglo, así como las diversas publicaciones sobre el tema no daban una fecha exacta, pero gracias a las investigaciones realizadas por el doctor Aurelio Miro Quesada Sosa se llegó a determinar que la primera corrida se celebró el 30 de enero de 1766, en la que se lidiaron 16 reses destinadas para los diestros de a pie y a caballo. En el cartel de esta corrida inaugural figuraban los espadas “Pizi”, “Maestro de España” y “Gallipavo”, los tres peruanos. Y el primer toro que pisó el ruedo de Acho para ser lidiado se llamó “Albañil Blanco”, procedente de la hacienda Gómez, ubicada en la localidad de Cañete (sur de Lima), y que según don José Emilio Calmell en uno de sus libros publicados cuyo título es “Diccionario Taurino del Perú”, los ejemplares de esta hacienda cañetana llevaban sobre sus lomos la divisa rosa y caña.


La historia señala que a ésta primera corrida asistió el Virrey don Manuel de Amat y Juniet, y que el festejo se realizó aún pendiente del permiso y autorización del Rey de España Carlos III, que un año más tarde se dio por Real Cedula. El contratista de la plaza don Agustín Hipólito de Landaburu se dedicó a explotar el negocio de organizar corridas de toros con bastante acierto, pues obtenía muy buenas utilidades cada temporada. No lo disfrutó por mucho tiempo, ya que por cláusulas del contrato que le eran desfavorables a él, dejó de dar corridas. A la muerte de don Agustín Hipólito de Landaburu continúo explotando la Plaza de Toros de Lima “Plaza de Acho”, su viuda, la misma que fue asesorada por su hermano don Juan José Belzunce, quien también antes había asesorado al malogrado Landaburu. A la muerte de la viuda de don Agustín Hipólito de Landaburu fue su hijo don Hipólito de Landaburu y Belzunce quien heredó sus cuantiosos bienes, entre ellos la Plaza de Toros de Lima (Plaza de Acho), quien no continúo la labor de sus padres. Al marchar éste a España y luego de ser enviado a Francia, su albacea don Hipólito Unánue se hizo cargo de la plaza de toros.

En el año de 1832 don Hipólito Unánue como albacea de Landaburu y Belzunce dejó como legado testamentario de su patrocinado la Plaza de Toros de Lima “Plaza de Acho” a favor del Hospicio de los Pobres, administrada por la Junta Real de Beneficencia de Lima (actualmente forma parte del patrimonio de Sociedad de Beneficencia de Lima Metropolitana, propietaria de la Plaza de Acho), para su explotación a favor de dicho hospicio. La entidad propietaria del coso taurino limeño procedió a sacar a remate la explotación de dicho inmueble, siendo el primer asentista don José Antonio Morote.

La antigua y vieja Plaza de Toros de Lima “Plaza de Acho” sufrió con el correr del tiempo tres grandes modificaciones: la primera se efectúo en 1865, la que fue denominada de “refacción”, con motivo de prepararla para la celebración de su centenario; la segunda y la más importante en 1944, denominada la “remodelación” a cargo de la Sociedad Explotadora de Acho, de común acuerdo con la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima (nombre anterior que llevaba la propietaria del viejo coso rimense) ; y por último las obras realizadas en el año de 1961, a la que se ha denominado de “ampliación” ya que el área de la plaza fue aumentada con los grandes patios de ingreso, formando atrios, pérgolas y explanadas, así como la edificación de un restaurante, dos bares y un Museo Taurino.

La antigua Plaza de Toros de Lima “Plaza de Acho” tenía una capacidad para 6,300 personas y un ruedo con 90 metros de diámetro. Con la remodelación del año 44 la nueva estructura de la Plaza de Acho se ahondó, teniendo el ruedo ahora 60 metros de diámetro, y también se la elevó sobre las mismas columnas (sin modificarlas) columnas conocidas como “machotes” (columnas o contrafuertes) y que se conservan originalmente construidas desde 1765 en barro y caña, ésta vez la nueva capacidad de la plaza se había ampliado aproximadamente para 13,300 personas.

La llamada reinauguración tras la remodelada Plaza de Toros de Lima “Plaza de Acho”, se llevó a cabo el 7 de enero de 1945. El cartel de la tarde inaugural estuvo conformado por los toreros españoles Rafael Ponce “Rafaelillo”, Juan Belmonte Campoy y el torero peruano Adolfo Rojas “El Nene”, que esa tarde recibió la alternativa de matador de toros. Aquella tarde se lidiaron seis toros de la prestigiosa ganadería nacional de “La Viña”, de propiedad de don Víctor Montero, con divisa celeste y blanca.


Es por el año de 1946, y por gestión de don Manuel Solari Sawyne “Zeñó Manué” por intermedio del diario decano “El Comercio” se establece la ‘Temporada de Octubre’, más tarde llamada ‘Feria del Señor de los Milagros’. Esta idea de crear una temporada o feria partió de su antecesor don Fausto Gastañeta en 1942, también desde las páginas del diario “El Comercio” y fiel a sus convicciones don Manuel Solari continúo llevando a cabo, hasta que en 1946 vio luz del anhelo e instauración. A partir de ese momento se inicia una nueva página en la historia taurina del Perú.


La feria limeña se inicia un 12 de octubre de 1946, en el cartel seis toros mejicanos de La Punta, para los diestros Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” (español), Luis Procuna (mejicano) y Alejandro Montani (peruano). Aquella tarde partieron plaza un campero andaluz, un charro mejicano y un chalán peruano. Esta feria por razones políticas en 1948 sólo se redujo a novilladas. Del 1949 al 1951 esta ya prestigiosa y postinera feria se lleva a cabo en la Monumental Plaza de Lima, también conocida como Plaza de Chacra Ríos (hoy es el Coliseo Amauta). Nuevamente desde 1952 hasta nuestros días se realiza en la Bicentenaria Plaza de Toros de Acho. En el año de 1996 se realizaron las corridas conmemorativas por las ‘Bodas de Oro’ con motivo de los 50 años de la Feria del Señor de los Milagros, al igual que en 1946 partió plaza un campero andaluz, un charro mejicano y un chalán peruano, y en el cartel se lidiaron toros mejicanos de Javier Garfias, para los diestros Alejandro Silveti (mejicano), Vicente Barrera (español) y Rafael Gastañeta (peruano).


Un punto importante en la historia taurina del Perú fue el 18 de octubre de 1962, fecha en la que el Museo Taurino de Acho abrió sus puertas al público, en el que se muestran objetos taurinos de gran importancia para la historia taurina nacional. Un año antes se crea el primer Patronato del Museo Taurino para que éste se encargue de la búsqueda de objetos taurinos, los que luego de ser catalogados se exponen a la afición.

Con afecto,

Ruben

 

 

 

 

250 Años de historia del toreo en la Plaza de Acho

 

250 Años de historia del toreo en la Plaza de Acho


 

 

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Se cumplen el 30 de enero

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250 años de historia del toreo en la plaza de Acho


 

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Se comenzó a construir en 1765 y un año más tarde ya se pudo inaugurar, aún sin concluir las obras, a instancias del Virrey Manuel Amat. Se trata de la plaza de toros más antigua de América y en toda la historia taurina tan sólo es antecedida por las españolas de Béjar y Zaragoza; la sevillana de la Maestranza comenzó su construcción con anterioridad –en 1749-- , pero se inauguró con posterioridad a la limeña. La plaza fue fundada el 30 de enero de 1766, pero en 1945 fue remodelada por el ingeniero Francisco Graña Garland, ampliándose su capacidad a 13 000 espectadores, a costa de reducir las dimensiones de su ruedo, que dejó de ser el de mayor tamaño del mundo. Por el coso del distrito limeño de Rimac han desfilado todas las figuras del toreo, del pasado y del presente.

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El próximo 30 de enero se cumplirán dos siglos y medio desde que el coso limeño de Acho abriera por primera vez sus puertas. Es, por tanto, uno de los recintos taurinos más antiguos del mundo, manteniendo intactos, a día de hoy, su categoría y prestigio. A lo largo de todo este período, han desfilado por su ruedo las reses de las mejores ganaderías, así como la flor y nata de la torería de cada época.

Cuando el 30 de enero de 1766 Pizzi, Maestro de España y Gallipavo trenzaron el paseíllo inaugural en Acho, el edificio se encontraba aún sin finalizar. El ejemplar que rompió plaza llevaba por nombre “Albañil Blanco” y pertenecía como el resto de las reses a lidiar a la ganadería propiedad del promotor del coso, Agustín Hipólito de Landáburu y Rivera, sita en la hacienda Gómez del municipio de Cañete.

Esta nueva plaza de toros comenzó a construirse en junio de 1765 cuando el Virrey del Perú, Manuel de Amat, autorizó el inicio de las obras. La ubicación de la misma fue el lugar conocido como “El Acho”, emplazamiento que ya habían ocupado anteriormente otros cosos limeños. En el contrato que firmó Landáburu, se fijaban los días en los que, obligatoriamente, debían celebrarse espectáculos taurinos en el moderno recinto. Éstos eran las tres jornadas de carnaval, los jueves que precedían a la mencionada fiesta y tres fechas más sin precisarse en el calendario, hasta llegar a los ocho festejos anuales que el privilegio otorgado permitía.

La rúbrica del acuerdo implicaba también la exclusiva de la organización de corridas de toros en un territorio de unas ocho leguas alrededor de la ciudad. En compensación a este derecho, debía entregarse por parte del arrendatario de la plaza 1.500 pesos al año al Hospital de Pobres. A la conclusión de los trabajos en el coso en 1767, se habían invertido un total de 84.896 pesos en levantar el flamante circo de la capital de Perú, cuya inauguración oficial tuvo lugar al año siguiente.

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Los inicios de la actividad taurina

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Los primeros diestros españoles figuran en la lista de toreadores correspondiente a 1780, señalándose además el dato de su origen geográfico. Manuel Romero “El Jerezano” y Antonio López, de Medina-Sidonia, aparecen en la citada relación como “matadores”, al igual que también se indican los nombres de los “capeadores de a caballo”. La mencionada temporada de 1780 se vio, en gran medida, influenciada por los acontecimientos protagonizados por Tupac Amaru y otros miembros de su familia que se sublevaron contra el poder establecido.

Una vez concluida la rebelión, las corridas regresaron a Acho con absoluta normalidad. En el siglo XVIII la autoridad era la encargada de conceder la licencia necesaria para celebrar todo tipo de espectáculos. El día anterior al mismo se anunciaba por las calles de la urbe y se daban a conocer los animales a lidiar por medio de listines. A la hora marcada de inicio del festejo, se efectuaba el despejo de plaza por parte de los militares. Éste era un recuerdo de los siglos pasados, que perduró en el coso estrenado en 1766 por lo que suponía de realce de la función.

Tras estos prolegómenos, los corredores de llaves entregaban las del toril a quien ocupaba ese puesto, para una vez abierta la puerta regresar a la zona donde se hallaba el Virrey para devolver la llave. En 1792 el alto mandatario designado por la metrópoli, Francisco Gil de Taboada, se mostró favorable a la solicitud formulada por Mariana Belzunce (viuda de Landáburu) para colocar en el recinto una cerca que sirviera como defensa y protección.

Al comenzar el siglo XIX la propiedad del coso continuaba en poder de la familia Landáburu, en este caso de Agustín Leocadio (hijo de Agustín Hipólito y Mariana Belzunce), si bien su adscripción al bando francés en la guerra que libraba España contra las tropas napoleónicas, supuso que la Junta Central ordenara la confiscación de todas sus propiedades, entre ellas la organización de las corridas de toros en Acho. Después de su fallecimiento en Londres en 1814, se logra levantar el referido bloqueo que imposibilitaba la realización de cualquier tipo de operación. Una vez resueltos diversos trámites, en octubre de 1817 se produce la cesión de la plaza capitalina al Hospicio de Pobres. Éste, andando el tiempo, pasó a denominarse “Sociedad de Beneficencia de Lima Metropolitana”, institución que regenta actualmente el coso más importante de Perú.

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Los primeros toreros españoles

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En cuanto a los espadas que conformaban los carteles, hasta mediados de siglo no aparecieron matadores españoles, siendo, por tanto, exclusivamente diestros nacionales quienes se anunciaban en Acho. Entre ellos cabe destacar a Pedro Villanueva, Cecilio Ramírez y Lorenzo Pizi. Igualmente, en el primer cuarto de la centuria también se establece un nuevo reglamento para el circo limeño, que sustituyó al reinante desde 1765. A partir de 1849, gran parte de los toreros peninsulares más sobresalientes de cada época hicieron el paseíllo en la ciudad fundada por Pizarro.

Posiblemente, uno de los que gozó durante más tiempo del favor del público fue José Lara “Chicorro”, quien desde su debut en 1856 impactó de tal forma entre la afición que se mantuvo por espacio de más de veinte años en competencia con los peruanos, especialmente con Ángel Valdez. Ambos rivalizaban en la ejecución de vistosas suertes como el salto al trascuerno ó con la garrocha y protagonizaban vibrantes tercios de banderillas. La carrera taurina de Valdez fue bastante extensa en el tiempo, ya que el último astado lo estoqueó el 19 de septiembre de 1909 contando con 71 años de edad.

Otros espadas españoles que disfrutaron de una gran popularidad en la parte final del siglo fueron Gonzalo Mora, Manuel Hermosilla y Julián Casas “El Salamanquino”. Todos ellos contribuyeron de manera fundamental a la evolución de la Tauromaquia en el Perú, al trasladar allí los avances ya consolidados al otro lado del Atlántico. En 1863 se efectuó la primera remodelación importante del recinto, en ella se invirtieron 25.000 pesos.

El impulsor del enorme cambio experimentado en la cabaña brava del país andino fue el alcalde de Lima y empresario de la plaza, Manuel Miranda, que arribó a España con la idea de comprar vacas y sementales de las mejores vacadas y estirpes ganaderas. Se hizo con machos y hembras de Veragua, Miura, Mazpule, Colmenar y Navarra. Con esos productos formó la divisa de “Cieneguilla” que, como consecuencia del enfrentamiento que tuvo lugar entre Chile y Perú (1879-1883), fue arruinada y destruida por completo.

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La llegada de José y Juan

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Al comenzar la siguiente centuria, las principales figuras del toreo seguían acudiendo al coso de Acho al término de la campaña en los ruedos peninsulares. Diestros como Antonio Fuentes, Rafael el Gallo, su hermano José ó Juan Belmonte, triunfaron rotundamente en el circo limeño.

Centrando la atención en “Gallito”, durante la temporada de 1919-1920 compareció hasta en nueve ocasiones en la plaza capitalina, llegando incluso a pasaportar seis toros en solitario la última de las tardes en la que hizo el paseíllo. Fue ésta la única oportunidad que el menor de los Gómez Ortega pisó el continente americano para torear.

Tras atravesar unos años difíciles en los que los festejos decayeron en su categoría, en 1944 se inicia una profunda transformación tanto en el interior del coso como en la conformación de su feria taurina. Por lo que respecta a las obras, se suprimió el llamado “templador” que, situado en el centro del anillo, cumplía las funciones de burladero ante la carencia de callejón, construyéndose en su lugar uno de dos metros de anchura. Además se aumentó el número de burladeros, hasta un total de ocho, equipándose, igualmente, de una nueva barrera y de dos portones dobles de gran tamaño, el destinado al acceso de las cuadrillas al redondel y el que conectaba éste con el desolladero.

Tan sobresaliente como la referida modificación, es la que se desarrolla en el ruedo, ya que ésta supuso la reducción considerable de sus dimensiones (52 metros de diámetro) y la disminución de su altura. Estos cambios significaron un incremento en el número de localidades, que pasaron de 6.554 a 13.360, distribuidas en quince tendidos. Otras dependencias de la plaza también son renovadas, caso de la enfermería, añadiéndose asimismo, la tradicional capilla. El hecho de poder albergar a un mayor número de espectadores, conllevó una formidable ventaja para el coso de Acho, ya que a raíz de ello se empezó a gestar la creación de una gran feria.

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El resurgir de la plaza


Luis Ordoñes

 

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El Cordovez

Una parte importante del éxito de esta iniciativa hay que atribuirlo al diario El Comercio, que desde un primer momento se mostró favorable a la misma, estimulando esa corriente de opinión al conjunto de la ciudadanía. El 7 de enero de 1945 se reinauguró el remozado circo, organizándose por ese motivo la primera temporada completa con la mayoría de las figuras del toreo de España y México, así como con los toreros locales más destacados. Uno de ellos, Adolfo Rojas “El Nene”, se convirtió en matador de toros, acartelándose en aquella jornada junto a Rafael Ponce “Rafaelillo” y Juan Belmonte Campoy. Otros diestros que completaron la nómina de contratados fueron Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana”, Silverio Pérez, Fermín Espinosa “Armillita” ó Félix Rodríguez.

El ganadero Fernando Graña también jugó un papel primordial a la hora de alcanzar el objetivo de implantar un ciclo de nivel. Las extraordinarias actuaciones de “Manolete” en Acho en marzo de 1946 fueron el espaldarazo definitivo a los novedosos proyectos que se encontraban en vías de instauración. El 12 de octubre de ese mismo año se celebró una función histórica, pues en la citada fecha nació la Feria del Señor de los Milagros. Para tal oportunidad se dispuso una corrida de La Punta para una terna de matadores internacional compuesta por el diestro cordobés Manuel Rodríguez “Manolete”, el azteca Luis Procuna y el local Alejandro Montani. En ese mismo serial también intervinieron Fermín Espinosa “Armillita” ó Domingo Ortega entre otros.

A partir de esa fecha, todos los toreros relevantes han pasado cada temporada por el coso de la capital del Perú, desde Antonio Bienvenida hasta Sebastián Castella ó Alberto López Simón, por citar dos de los espadas que han constituido el ciclo del pasado mes de noviembre. Al quedar plenamente consolidada la Feria limeña, se instituyó uno de los galardones más prestigiosos de los otorgados en la América taurina, el Escapulario de Oro. A la larga lista de ganadores del mencionado premio, entre los que sobresale el nombre de Enrique Ponce, se ha sumado en la edición de 2015 una de las más firmes promesas del toreo actual, Andrés Roca Rey.

En los años 60 se estableció una distinción análoga a la que reconocía al triunfador de la feria, en este caso, subrayando el juego del mejor de los astados lidiados en Acho, fue el Escapulario de Plata. La ganadería de Daniel Ruiz ha sido la última que se ha añadido a la relación de hierros que se han hecho acreedores a tal honor, gracias a las magníficas condiciones evidenciadas por “Travieso”, corrido el 15 de noviembre y al que desorejó López Simón.

También en la década de los 60 se remozó, nuevamente, la plaza. En 1961 se abrió un corral de exhibición de las reses, se estrenó el museo taurino y se dotó a la zona ocupada por los tendidos se sombra de una verja de hierro que facilitaba la visión del interior desde la calle. En 1964 los trabajos se centraron en realizar un nuevo embarcadero, modernizando también la báscula. Por último, en 1966 y aprovechando el bicentenario del circo, se acometieron cambios en el área de los escaños de sol, proporcionándose una verja de similares características a la ya colocada en 1961 en sombra. Así, la plaza adquirió la estructura que hoy puede verse, con 15 tendidos, acomodándose el público en las 21 filas y 51 palcos de sombra ó bien en las 25 filas de sol. A esto hay que sumar los 4 grandes palcos destinados a las diferentes autoridades presentes en el festejo: Presidencia del mismo, Presidencia de la República y los altos cargos de las municipalidades de Lima y el Rimac. El remate perfecto al inmueble es una arquería típica cuyos machones sustentan la edificación.

Desde la creación de la feria, se han producido bastantes indultos en el principal coso del país, inclusive de toros españoles como ocurrió con “Buen Mozo”, un burel de Torrestrella al que se le perdonó la vida en la Corrida de Beneficencia de 1984. Otros han sido “Cubito”, de Las Salinas en 1963; “Resbaloso”, de Yencala en 1975; “Garnabato”, de la vacada del Jaral del Monte en 1977; “Serenito” de La Pauca en 1978; “Tamborero”, nuevamente, del Jaral del Monte en 1979; “Sarraceno” de La Pauca, en 1987 y por último “Marqués”, de la divisa de Salamanca y “Repostero”, de La Viña, ambos en 1990.

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Los antecedentes de Acho

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Con todo lo dicho, anteriormente a 1766 la afición taurina peruana llevaba siglos disfrutando con la lidia de reses bravas, pues hay noticias de que en marzo de 1540 tuvo lugar un festejo en la Plaza Mayor en el que parece que Francisco Pizarro ó bien uno de sus dos hermanos, Fernando ó Gonzalo, pasaportó con el rejón a un astado. La primera temporada regular fue la de 1559, determinándose fechas y fiestas para la celebración de las corridas.

En esa época era el Cabildo de Lima el responsable de regular cada fiesta con toros, sistema que fue modificado posteriormente al encargarse de ello los distintos gremios de la ciudad. Además de los días señalados de antemano para las funciones con reses, había variados acontecimientos sociales que solían conmemorarse lidiando animales en diversos puntos de la urbe, como serían la proclamación de un nuevo monarca en la metrópoli, el nacimiento de un vástago en la familia real ó el nombramiento y presentación ante el pueblo del Virrey arribado desde España.

Años antes de la inauguración de la plaza de Acho, en 1756, se concluyó la construcción de una plaza de madera, que se ubicaba en las inmediaciones del recinto actual. La iniciativa de dicha edificación fue de Pedro José Bravo de Lagunas, quien llevó adelante el aludido plan tras la autorización del mandatario correspondiente, Conde de Superunda. El fin de los festejos llevados a cabo en el referido coso era obtener fondos suficientes para rehabilitar el Hospital de San Lázaro, tras el terremoto que asoló Lima en 1746. Aún en 1763 se dio el visto bueno por parte del Virrey Manuel de Amat a una solicitud cursada por Miguel de Adriazén y su propio hermano, Antonio de Amat, para levantar otro coso en idénticos terrenos del anterior. De esta forma, se llegó a 1765.

Como se puede comprobar, la historia taurina de Lima es extensa y prolija, sostenida en una afición muy entendida. Las perspectivas de futuro son muy halagüeñas, merced a la irrupción de dos nuevos valores que relanzarán más si cabe la Fiesta de los toros en Perú: Andrés Roca Rey y Joaquín Galdós.

BIBLIOGRAFÍA.
Cossío, José María de: “Los Toros. Tratado técnico e histórico”. Tomo V. Espasa Calpe. Madrid, 1986.
Cossío, José María de: “Los Toros. El Toro Bravo II”. Tomo 3. Editorial Espasa Calpe. Madrid, 2007.
Cossío, José María de: “Los Toros. El Toreo fuera de España”. Tomo 7. Editorial Espasa Calpe. Madrid, 2007.

HEMEROGRAFÍA.
Revista 6 Toros 6.
Revista Aplausos.


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© Carmen de la Mata Arcos/2016

 

Con afecto,

Ruben