miércoles, 9 de octubre de 2024

Cuento :Jamás en la vida

 

 

Jamás en la vida



Cuento

Fernando Ampuero

 


Fuente: Revista Literaria Universidad Guadalajara Méjico

 

En la imagen con marco de plata que está en el estante de mi dormitorio, la veo caminando por la plaza San Martín. Es una fotografía en blanco y negro, tomada a principios de los años cuarenta. ¿Quién la tomó? Algún fotógrafo ambulante, sin duda; había muchos de éstos por las plazas de Lima. Pero la imagen, captada en movimiento, no está borrosa ni muestra la menor distorsión. Es una instantánea nítida, bien contrastada y de encuadre vertical, que registra el paso de una chica esbelta en sus dieciocho años. Una chica con zapatos de tacones y un holgado y liviano abrigo oscuro sobre un vestido claro, y cuyos accesorios —cartera pequeña, sombrero turbante, flor en la solapa del abrigo, collar de perlas— combinan a la perfección. En otras palabras, me encuentro ante una imagen que, en la segunda década del siglo xxi, resulta glamurosa, porque el estilo de moda en los cuarenta rebosaba elegancia, distinción. Esa chica fresca y distraída, y que yo ahora veo tan bonita, sería en pocos años mi madre.

 

Mamá murió relativamente joven. Falleció de un infarto, causado por un electroshock que le aplicaron en un psiquiátrico, a los cincuenta años. Sobre esto escribí unas pocas líneas en una novela, dejando abierta la eventualidad de que el lector interprete el hecho como ficticio. No lo fue.

 

El drama de mamá empezó en su primera regla, con un súbito charco de sangre entre las piernas y un desorden químico. Se le declararon una diabetes y un cuadro de melancolía aguda. «Manía depresiva», le diag- nosticaron. La internaron tres meses y se recuperó.

 

Su primer psiquiatra fue Honorio Delgado, ilustre médico que se carteaba con Sigmund Freud; el segundo, Javier Mariátegui, discípulo favorito de Honorio, era hijo del pensador marxista José Carlos Mariátegui, fundador del Partido Socialista Peruano. Uno y otro consiguieron aliviar las crisis de mamá con las medicinas experimentales de la época, que no eran tan buenas como las de hoy. A veces, si las dosis eran altas, mamá se ponía frenéticamente alegre; correteaba por la casa, reía, tocaba al piano y era el alma de las fiestas. Otras, se comportaba de forma normal. Yo la recuerdo a menudo en ese estado: serena, cariñosa, comprensiva.

 

A mis seis años, en opinión de mis tías, fue una madre modelo. Me cuidaba y engreía como si fuera el niño más preciado del planeta. Cada tres días ordenaba que me cambiaran el piyama, así como las sábanas y fundas de la cama; y, a la hora del aseo, ella misma me bañaba con agua tibia, me peinaba y acicalaba, y tras acomodar los mullidos almohadones en la cabecera, que yo usaba como respaldar durante mis lecturas, me perfumaba con la refrescante colonia Drowa.

 

Terminada su tarea, profería gozosos comentarios:

 

—¡Qué guapo estás! ¡No sólo eres inteligente, sino que también te ves como un niño muy guapo! ¡Pareces un marajá!

 

Mi mujer considera que mi fuerte autoestima nació ahí, en esos días. Que la gente podrá decir cualquier barbaridad sobre mis actos o mis obras y que permaneceré a buen resguardo, indemne.

 

Mamá, creo yo, me dedicaba más arrumacos que a mi hermano mayor. Se sentía culpable. Yo me enteré pronto de aquella culpa, a los trece años, una noche en la que, sin pedir permiso, fui a una de mis primeras fiestas con baile y copas, y regresé a la casa a las tres de la madrugada. Alterada por la preocupación de que me hubiera sucedido algo terrible, mamá se puso a chillar y mi abuelo no tuvo otra opción que sedarla. Entonces el abuelo, que estaba esperándome en la puerta de la casa, me recibió con un talante de energúmeno y dijo de golpe lo que todos me ocultaban.

 

—¡Tu madre está enferma! —alzó la voz, como rara vez lo hacía—. ¡Es una mujer muy nerviosa! ¡Ya es hora de que lo sepas!

 

«Muy nerviosa» significaba que rondaba la orilla de la locura. Había estado loca, en realidad. Fuera del breve internamiento en su adolescencia, la habían recluido por un año cuando yo tenía tres meses de nacido, debido a que una tarde en que desperté llorando de la siesta se acercó a la cuna y quiso ahorcarme. Sus manos apretaban mi cuello, y su dulce mirada —ella tenía unos diáfanos ojos verdes— mostraba un pozo de tinieblas. La abuela y una empleada de la casa la detuvieron. Ella, al darse cuenta de lo que había hecho, temía volver a enloquecer y, según su psiquiatra, pensaba que su segundo parto, el que me trajo al mundo, era la causa de su desequilibrio. También me enteré de que había intentado suicidarse. Se ató al cuello el cordón del hábito del Señor de los Milagros y se colgó de la ducha; por suerte, el grueso fierro de aquel baño antiguo se rompió. Todo esto me lo soltó el abuelo en menos de tres minutos. Y, refiriéndose a algunos de sus parientes, agregó que la verdadera culpa provenía de un problema hereditario, genético, se diría ahora («nació linda pero dañada»), y que además, para agudizar su mala suerte, se enamoró de mi padre («un hombre irresponsable»), de quien estaba separada. El abuelo detestaba a mi padre y no le permitía ni siquiera visitarla.

 

Tantas revelaciones, en apariencia, no me afectaron. En apariencia. De cualquier modo, mi hermano mayor rugió contra el abuelo; decía que no tenía edad para estar al corriente de cosas tan tristes y menos de esa manera. Yo callaba, o los calmaba a todos.

 

Durmieron a mamá por un tiempo. Y tan pronto despertó, volvió a ser un ángel de dulzura. ¿Recordaba lo sucedido? Vagamente, dijo el psiquiatra. Pero algún impulso recóndito solía acercarla a mí, como si pidiera perdón o intentara protegerme.

 

Pocos meses después, enfermé yo: me dio asma. Me ahogaba, sentía que me faltaba aire y por lo tanto respira- ba con broncos resuellos. La abuela recurrió a un remedio casero: tostadas con ajo, perejil y aceite de oliva; el médico aconsejó que no me agitara y que, de preferencia, guardara cama. Ante ello, el abuelo, sabiendo que era hiperactivo y que me podía aburrir, trajo libros nuevos: cuentos y novelas maravillosas, Las mil y una noches, La isla del tesoro, Colmillo Blanco y otros clásicos.

 

Sin embargo, el asma no cedía. Y una noche, mientras miraba las estrellas por la ventana de mi cuarto, advertí que me ponía azul por falta de aire. Me levanté y quise abrir la ventana, pero no pude, pues algo endu- recía el seguro, así que cogí una jarrita de agua y la arrojé contra el vidrio; éste se destrozó y entró aire fresco. Y luego, alarmada por el estrépito, mi familia en pleno irrumpió por la puerta de mi cuarto.

 

Todos manifestaron su irritación, claro está, a excepción de mi madre, que me miraba y sonreía como si se tratara de una simple travesura. ¿Era una sonrisa sintomática? No me lo pareció. Por eso mismo, para mí, los esporádicos raptos de locura de mamá no han constituido graves heridas indelebles; sólo una, en todo caso, me suscita una reminiscencia, aunque reconozco que algo de ésta dejó huella.

 

La huella, para ser preciso, es un hábito inconsciente o un tic nervioso, que sería exagerado calificar de lesión psicológica. ¿Y cómo se produjo? Por otro suceso de rutina, también nocturno. Hacia mis quince años, dormía a pierna suelta en mi cuarto cuando repentinamente una pesadilla turbó mi descanso. Lancé dos gritos, al parecer desaforados, y, según me contó mamá, comencé a hablar dormido. Era la medianoche y tales gritos ella los oyó desde lejos. Mamá estaba en la cocina, pues se había despertado hambrienta y quería prepararse un sándwich. Corrió veloz a mi dormitorio para ver qué pasaba. Me encontró dormido y hablando en sueños, y entonces le dio curiosidad lo que yo decía. Cargó la silla de mi escritorio y, cuidando de no hacer ruido, la llevó hacia el borde de mi cama; acto seguido, quieta como una esfinge, se sentó a escucharme.

 

No entendió mucho. A su criterio, mi sueño trataba de una pelea, ¡una más!, y el discurso era confuso, pero fue en ese trance cuando desperté. El tiempo que les tomó a mis ojos adaptarse a la penumbra duró dos segundos; hacía una noche clara y las cortinas de la ventana estaban abiertas. Además, en esa época, no sé por qué, dormía siempre volteado hacia la pared. Y así las cosas, tan pronto juzgué que no estaba solo —pre- sentí otra respiración en el cuarto—, di una rápida media vuelta en la cama. Verla y llevarme una sorpresa fue- ron la misma cosa. Mamá, con expresión ausente, se hallaba despeinada y en camisón, sentada con las rodillas juntas, pero lo que me resultó más inquietante fue verle las manos en su regazo: sostenían un filoso cuchillo.

 

Aquella era una visión estereotipada; las buenas películas de terror, desde Psicosis hasta Carrie, fueron imitadas por la televisión y eran parte sustancial de la vida cotidiana.

 

—Mamá —dije—. ¿Qué haces?

 

—Nada —contestó, sonriendo—. Quería oír lo que hablabas, pero se me hizo difícil. Sólo oí claramente la palabra «perro» y varias lisuras… Has tenido una pesadilla, con gritos y todo…

 

—¿Una pesadilla? —no me acordaba de nada—. ¿Y ese cuchillo?

 

—Ah, bueno… estaba cortando pan para prepararme un sándwich cuando empezaste a gritar. ¡Qué raro que lo haya traído!…

 

No hablamos más. Ella volvió enseguida a la cocina y, diez minutos más tarde, mamá y yo, cada uno en su cuarto, procuramos conciliar otra vez el sueño. Pero yo, de hecho, ya era una persona diferente. Por decir lo menos, mi modo de dormir experimentó un cambio. Jamás en la vida, a partir de esa noche, he vuelto a dormir mirando a la pared. Jamás en la vida. Dormí esa noche, y dormiría en adelante, de cara a la puerta del cuarto. Hasta hoy no puedo dormir si no vigilo la puerta.

Con afecto,

Ruben



 

 

martes, 8 de octubre de 2024

Fernando Ampuero

 

Fernando Ampuero



Fernando Pedro Ampuero del Bosque es un periodista y escritor peruano, que ha practicado los géneros más diversos: cuento, novela, teatro, ensayo, crónica, poesía.

Fernando Ampuero y El peruano imperfecto en la Cátedra Bolaño, 2011

Información personal

Nacimiento    13 de julio de 1949

(73 años)

 Perú, Lima

Nacionalidad Peruana

Educación

Educación     Colegio de la Inmaculada

Educado en   Pontificia Universidad Católica del Perú

Información profesional

Ocupación     Escritor, periodista, poeta y novelista Ver y modificar los datos en Empleador      Pontificia Universidad Católica del Perú

Fernando Pedro Ampuero del Bosque (Lima, 13 de julio de 1949) es un periodista, escritor, cuentista, poeta, dramaturgo y guionista peruano, que ha practicado los géneros más diversos: cuento, novela, teatro, ensayo, crónica, poesía.

 

Biografía

Estudió en Lima, en el Colegio de la Inmaculada y en la Universidad Católica. Ha sido subdirector de la revista Caretas, director de Jaque y Somos, editor general de Canal N y director de los programas televisivos Documento y Uno más uno de ATV. Hasta fines del 2008, fue director de la unidad de investigación del diario El Comercio y de su suplemento cultural El Dominical y de ATV Noticias.

 

Como periodista de investigación, "ha logrado meter a la cárcel a varios compatriotas suyos, en una cruzada contra la corrupción que emprendió desde el periodismo. Esto le valió andar por las calles con dos guardaespaldas, uno de los cuales recibió una bala en el muslo como señal de advertencia".1​

 

"Los periodistas hemos ejercido la misión de fiscalizadores, o bien de investigadores, reemplazando a veces a la policía", ha dicho, aunque reconoce que es una tarea frustrante: "Por un tipo que logras desenmascarar y encarcelar, surgen diez igual o peor de corruptos".1​

 

Inició su carrera literaria durante un largo viaje de mochilero, que lo llevó a vivir un tiempo en las Islas Galápagos.2​ Su primer libro fue una recopilación de relatos aparecida en 1972 y titulada Paren el mundo que acá me bajo, al que le han seguido varios volúmenes de cuentos, Malos modales (1994), Bicho raro (1996), Mujeres difíciles, hombres benditos (2005), Lobos solitarios y otros cuentos" (2018), las compilaciones Fantasmas del azar (2010) y Cuentos (2013,2016,2017), y sus volúmenes de cuentos selectos Íntimos y salvajes (2017), Mientras arden los sueños (2019) y Ampuero esencial Vol. 1 y Vol. 2

 

Su novela más conocida es Caramelo verde (1992), que dio comienzo a su Cuarteto de Lima, compuesta además por Puta linda (2006), Loreto (2014) y Hasta que me orinen los perros (2008). Esta última está basada en uno de sus cuentos más celebrados: Taxi driver sin Robert de Niro, que según The Times Literary Supplement "es uno de los más impactantes cuentos latinoamericanos del siglo XX". Sobre esta circunstancia, Ampuero ha explicado en una entrevista:

 

"Soy esencialmente un cuentista. Mis novelas en realidad son cuentos largos".

 

En 2011 publicó El peruano imperfecto, una obra más personal que sus anteriores novelas y en la que el protagonista, Pedro José de Arancibia, es, como él, muy alto (Ampuero mide casi un metro noventa), dirigió la unidad de investigación en El Comercio, cuyo guardaespaldas recibió un balazo en un muslo y que desciende al igual que él de un conquistador español y una princesa inca; también mochileó por el mundo entero, vivió en Galápagos y Budapest, y escribe cuentos. "Este juego de espejos le divierte, porque si bien hay algunos aspectos que son fielmente tomados de su historia personal, hay otros ficticios: 'Lo que hice fue exagerar algunos episodios de mi vida y atenuar otros que, de no hacerlo, parecerían inverosímiles'".1​

 

 

Ampuero con el artista visual Ricardo Wiesse; FILSA 2018.



Publicó el libro de crónicas y ensayos Tambores invisibles (ambos en 2014), y al año siguiente su novela más lírica y personal, Sucedió entre dos párpados. En 2017 apareció la plaquette Lobos solitarios, narración celebrada por la crítica y que fue uno de los libros que figuró en la lista de más vendidos en la FIL Lima 2017.

 

En 2018, año en que publicó La bruja de Lima, primera entrega de sus memorias, Fernando Ampuero recibió el Premio FIL LIMA de Literatura.

 

Algunas de sus obras han sido traducidas a otros idiomas (Caramel vert, París, Taxi driver sans Robert de Niro, Lyon) e igualmente ha sido antologado (por ejemplo, The Picador Book of Latin American Stories, London; The Vintage Book of Latin American Stories, New York; Erzählungen aus Spanisch Amerika, München, Germany; o Beings: Contemporary Peruvian Short Stories, London, con su relato «Malos modales»,) etc.

 

Obras

 



Ampuero en 2018

Paren el mundo que acá me bajo, cuentos, Editorial Ari, 1972 (Estruendomudo, 2007)

Deliremos juntos, Kosmos, 1975 (Campodónico, 1994)

Miraflores Melody, novela, Serconsa Editores, 1979

Gato encerrado, crónicas y semblanzas, PEISA, 1987 y 1998; (Punto de Lectura, 2009); (DEBOLSILLO,Penguin Random House,2015); (TUSQUETS, Planeta, 2023).

Caramelo verde, novela negra, Campodónico, 1992 (primer libro de la Trilogía callejera de Lima); Seix Barral, 2002; Alfaguara,2006, 2012; Planeta, 2015.

Malos modales, cuentos, Campodónico, 1994 (Booket Planeta, 2007)

Bicho raro, cuentos, Campodónico, 1996 (Planeta, 2009)

Voces de Luna llena, poemario, Campodónico, 1998 (Edición de lujo, M.Zegarra Editora, 2002, ilustrada por el artista José Tola)

Cuentos escogidos, Alfaguara, 1998

El enano, historia de una enemistad, crónica novelada, Mosca Azul, 2001. PLibros, 2014. Memorias, TusQuets, 2018.

Arresto domiciliario, teatro, 2003

 


Ampuero, 31 de octubre de 2018

Muslo que subo, poemario, Alta Niebla Editores, 2004

Mujeres difíciles, hombres benditos, cuentos, Alfaguara, 2005

Puta linda, novela, Planeta AE&I, 2006 (segundo libro de la Trilogía callejera de Lima) / Salto de Página, 2006

Hasta que me orinen los perros, novela, Planeta AE&I, 2008 (tercer libro de la Trilogía callejera de Lima) / Salto de Página, 2008

Fantasmas del azar, cuentos completos, Norma, 2010

40 poemas, Alegoría Editores, 2010; con fotografías de Sonia Cunliffe

Maida Sola y otros cuentos, QG Editores, 2011

Nuevos cuentos escogidos, Albatros, 2011

El peruano imperfecto, Alfaguara, novela, 2011, (DEBOLSILLO,Penguin Random House, 2015)

Los juegos del amor, Arsam, selección de cuentos, 2012

Trilogía callejera de Lima, Tajamar editores, Santiago de Chile, novelas, 2012

Antología personal, cuentos, poemas, prosas; Punto de lectura, 2012

 


Ampuero con su libro Viaje de ida

Viaje de ida, ensayos, crónicas y prosas; Lápix editores, 2012

Cuentos, prácticamente todos los relatos escritos hasta la fecha; Planeta AE&I, Lima, 2013 (reediciones ampliadas: 2016, 2017)

Taxi driver sans Robert de Niro, cuento, Zinnia Éditions, 2013, Lyon, Francia.

Criaturas musicales y otros cuentos, selección de cuentos Plan Lector, Bizarro ediciones, 2014

Loreto, novela, Planeta AE&I, 2014

Tambores invisibles, crónicas y ensayos, PEISA, 2014

Sucedió entre dos párpados , novela, Planeta AE&I, 2015

Más allá del amor a los perros", selección de cuentos Plan Lector, Bizarro ediciones, 2017.

Íntimos y salvajes, selección de cuentos, TusQuets, México, 2017

Lobos solitarios, cuento, PEISA, 2017

La bruja de Lima, memorias, TusQuets, Lima, 2018

Lobos solitarios y otros cuentos, PEISA, Lima, 2018.

Mientras arden los sueños, nueva selección de cuentos, TusQuets, Colombia, 2019.

Ampuero esencial Volumen I, cuentos selectos 1972-1996, Booket, Planeta, Lima, 2019.

Jamás en la vida, cuentos, Planeta AE&I, Lima, 2019.

Cuarteto de Lima, novelas, TusQuets, Lima, 2019.

Ampuero esencial Volumen II, cuentos selectos 2005-2019, Booket, Planeta, Lima, 2019.

Seis capítulos perdidos y otros extravíos", miscelánea, TusQuets, Lima, 2021.

Run Run. La triste y desmesurada historia de un zorro cautivo, cuento infantil ilustrado por Camila Gómez. Lima, Planeta juvenil, 2022.

El primer cuentista", relato y libro objeto, con ilustraciones de Casandra y Joshua Tola. Lima, Lunwerg editores, 2022.

Tanta vida yo te di", cinco cuentos y una crónica. TusQuets, Lima, 2024.

Con afecto,




Ruben

 

sábado, 14 de septiembre de 2024

Frases de Ivan Turgeniev

 

Frases de Ivan Turgeniev




“El tiempo vuela a veces como un pájaro, y a veces se arrastra como un caracol. Pero la mayor felicidad del hombre sobreviene cuando no se advierte si su paso es raudo o moroso.”

“¿Quieres vivir tranquilo? Pues trata a la gente, pero vive solo; no emprendas nada ni de nada te duelas. ¿Quieres vivir dichoso? Pues empieza por sufrir.”

“Los niños desgraciados maduran antes que los niños felices.”

“¡Lo que sentía era tan nuevo y tan dulce! Seguía sentado, mirando un poco hacia atrás, sin moverme, y sólo de vez en cuando me reía calladamente, recordando algo, o me estremecía al pensar que estaba enamorado, que lo que sentía era el amor.”

“La muerte es una vieja historia y, sin embargo, siempre resulta nueva para alguien.”

“¿Usted desea ser afortunado? Aprenda a sufrir entonces.”

 “Es dulce ser la única fuente, la causa tiránica e inapelable de las grandes dichas y de la desesperación más honda de otro ser.”

“El ajedrez es una necesidad tan imperiosa como la literatura.”

“En la vida de las personas hay grandes misterios y el amor es uno de los más inaccesibles.”

“De qué sirve el ingenio cuando no nos divierte? No hay nada más fatigoso que un ingenio triste.”

“Superfluo, superfluo... he encontrado la palabra perfecta.”

“En general, las personas como yo tienen menos en cuenta los hechos positivos que las impresiones personales.”

“La desgracia de las personas solitarias y tímidas -tímidas por amor propio- consiste precisamente en que, aunque tienen ojos y los abren mucho, no ven nada o bien lo ven todo bajo una luz falsa, como a través de unos cristales de color.”

“Continuamente, toda mi vida, he encontrado ocupado mi lugar, quizá porque buscaba ese lugar donde no debía.”

“Es evidente que la Naturaleza no contaba con mi aparición y, en consecuencia, se comportó conmigo igual que con un huésped no esperado ni invitado.”

“Un hombre es capaz de entender cómo vibra el éter y qué es lo que sucede en el sol; pero es incapaz de comprender por qué cualquier prójimo suena la nariz de distinto modo que él.”

Con afecto,

Ruben

 

 

 

jueves, 12 de septiembre de 2024

Iván Turgenev

 

Iván Turgenev




(Novelista, Escritor de Cuentos Cortos, Poeta y Popularizador de la Literatura Rusa en Occidente)

Iván Turgenevfue un célebre escritor de cuentos, novelista y poeta de Rusia. Fue uno de los principales escritores que desempeñó un papel importante en la popularización de la literatura rusa en Occidente. Fue el único novelista ruso de su época que se creía que tenía una perspectiva europea. Su novela ‘Padres e Hijos’ fue una de sus obras más populares; también se considera una de las mejores novelas del siglo 19. Tanto los segmentos políticos rusos de izquierda como de derecha desconfiaban de Turgenev, ya que la izquierda creía que estaba siendo muy crítico con los jóvenes revolucionarios, mientras que la derecha creía que no estaba siendo lo suficientemente crítico. La mayoría de sus obras retratan una versión realista de la vida de los campesinos rusos. Pudo traer mucho amor y preocupación por su tierra natal, Rusia, del mundo occidental a través de sus escritos.Turgenev a menudo era considerado tímido, restringido y de voz suave por sus contemporáneos a pesar de que estaba físicamente bien construido con hombros anchos.

 

También Conocido como: Iván Sergeyevich Turgenev


Firma

 

Murió A la Edad: 64

 

Familia:

padre: Sergei Nikolaevich Turgenev

 

madre: Varvara Turgeneva

 

hermanos: Nikolay Turgenev, Sergei Turgenev

 

niños: Paulinette Turgeneva

 

País Nacido: Rusia

 

 

Murió en: 3 De septiembre, 1883

 

lugar de la muerte: Bougival, Francia

 

Causa de la Muerte: Absceso

 

Enfermedades y Discapacidades: Liposarcoma

Datos importantes

1. ¿Por qué es conocido Ivan Turgenev?

Ivan Turgenev es conocido por ser un destacado novelista y dramaturgo ruso, particularmente reconocido por sus obras centradas en cuestiones sociales y la condición humana.

2. ¿Cuáles son algunas de las famosas obras literarias de Ivan Turgenev?

Algunas de las obras literarias famosas de Ivan Turgenev incluyen "Padres e Hijos", "Un Mes en el País," "Rudin", y "En la víspera."

3. ¿Cómo influyó el estilo de escritura de Ivan Turgenev en la literatura rusa?

El estilo de escritura de Ivan Turgenev, caracterizado por el realismo y la profundidad psicológica, tuvo un impacto significativo en la literatura rusa, influyendo en las futuras generaciones de escritores y contribuyendo al desarrollo de la novela rusa.

4. ¿Qué temas exploró a menudo Ivan Turgenev en sus obras?

Ivan Turgenev a menudo exploraba temas como el amor, la clase social, el conflicto generacional y las complejidades de las relaciones humanas en sus obras literarias.

5. ¿Cómo contribuyeron las obras de Ivan Turgenev al canon literario ruso?

Las obras de Ivan Turgenev se consideran contribuciones esenciales al canon literario ruso debido a su descripción perspicaz de la sociedad, caracterizaciones vívidas y relevancia duradera para los lectores contemporáneos.

Infancia y Vida Temprana


Retrato Turgenov  por Eugene Lami 1843



Ivan Turgenev nació el 9 de noviembre de 1818, hijo de Sergei Nikolaevich Turgenev y Varvara Petrovna Turgeneva en Oryol, Rusia. Sergei era coronel de la caballería rusa y pertenecía a la familia Turgenev, que era de la aristocracia Tula. Su madre provenía de la rica casa Lutovinov de la Gobernación de Oryol. Tenía dos hermanos, Nikolai y Sergei, y era el segundo hijo de la familia.

Después de su educación regular, Ivan Turgenev estudió durante un año en la Universidad de Moscú. Luego estudió Clásicos, Literatura rusa y filología en la Universidad de San Petersburgo de 1834 a 1837.

Luego se mudó a Alemania, donde estudió filosofía e historia en la Universidad de Berlín. Finalmente regresó a San Petersburgo, donde dio su examen de maestría.

En 1841, comenzó su carrera en el Servicio Civil ruso, probablemente para cumplir el deseo de su madre de verlo trabajar en el gobierno y pasó dos años de su carrera en el ministerio del interior.

 

Obras

Aunque Ivan Turgenev había escrito muchos poemas y cuentos en su carrera temprana, el primer trabajo que lo llevó a la fama fue ‘A Sportsmanmans Sketches’, que era una colección de cuentos publicados en 1852. Las historias se basaron en sus observaciones de la vida campesina y la naturaleza durante los días que pasó cazando en los bosques de la finca de su madre en Spasskoye.

Cuando fue encarcelado durante un mes por escribir un obituario de Nikolai Gogol, escribió el famoso cuento ‘Mumu’ en 1854. Esta fue una historia sobre un campesino sordo y mudo cuya única fuente de felicidad era su perro, Mumu, a quien se ve obligado a ahogar en circunstancias desafortunadas.

Entre 1853 y 1862, Ivan Turgenev escribió algunas de sus mejores obras, incluyendo ‘Rudin,’ que fue publicado en 1856; ‘A Nest of the Gentry’ en 1859; ‘On the Eve’ en 1860; y ‘Fathers and Sons’ en 1862. La mayoría de estos libros se basaban en su amor por Pauline y también en sus experiencias con su madre, que era una autoritaria estricta.

La historia de ‘A Nest of the Gentry,’ que se publicó en 1858, rebosaba de nostalgia y su amor por el campo ruso. El libro también tenía ‘Liza’, que se convirtió en uno de los personajes más memorables de la literatura rusa junto con Tolstoyws ‘Natasha Rostova’.

Después de que Alejandro II ascendió al trono ruso, lo que llevó a la relajación del clima político, escribió la novela ‘On the Eve’ en 1860. La novela fue sobre el revolucionario búlgaro Insarov.

En 1862, a Ivan Turgenev se le ocurrió la obra maestra ‘Padres e Hijos,’ cuyo personaje principal ‘Eugene Bazarov’ es considerado el ‘primer Bolshevik’ en la literatura rusa.



 La novela trataba sobre los constantes conflictos entre las generaciones mayores y las generaciones más jóvenes que tenían diferentes perspectivas sobre la vida.

Su último libro, titulado ‘Virgin Soil,’ fue publicado en 1877. El libro trataba de hacer justicia a los problemas contemporáneos de la sociedad rusa.

Familia y Vida Personal


Doctorado  Universidad Oxford 1879 

Ivan Turgenev nunca se casó. Sin embargo, tuvo algunos asuntos con los sirvientes de su familia. Uno de sus asuntos llevó al nacimiento de su hija ilegítima, Paulinette.

También estuvo estrechamente asociado con la popular cantante de ópera Pauline García Viardot con quien tuvo una relación platónica. También conocía a su esposo, y a menudo viajaba con la pareja.

No tenía muchos amigos. Su amigo literario más cercano fue Gustave Flaubert con quien compartió puntos de vista similares. Ambos tenían una visión del mundo sin prejuicios y pesimista.

Muerte y Legado



Durante sus últimos años, la salud de Ivan Turgenevvys comenzó a deteriorarse, y en enero de 1883, un tumor maligno fue eliminado de su región suprapúbica. Sin embargo, el cáncer ya había alcanzado su médula espinal, lo que le causó un dolor intenso durante sus últimos meses.


Recuerdo a su obra



Murió el 3 de septiembre de 1883, debido a un absceso espinal, en Bougival, cerca de París. Sus restos fueron llevados a Rusia y fue enterrado en el cementerio de Volkovo en St. Petersburgo.

En su lecho de muerte, fue visitado por Tolstoi a quien dijo, “amigo mío, volver a la literatura”. Fue después de esto que Tolstoi escribió las obras populares ‘The Death of Ivan Ilyich’ y ‘The Kreutzer Sonata.’

Ivan Turgenev fue uno de los favoritos de muchos escritores de la próxima generación, incluidos Henry James y Joseph Conrad, que tenían ideologías similares. También fue elogiado por Vladimir Nabokov, que era conocido por despedir a muchos autores como escritores pobres.

Otros Datos sobre Ivan Turgenev

Ivan Turgenev tenía una pasión por la caza y pasó una cantidad significativa de tiempo en el campo persiguiendo este pasatiempo, que a menudo inspiró sus escritos.



Turgenev era conocido por su amor por la cultura y la literatura francesa, y pasó gran parte de su vida viajando entre Francia y Rusia, influyendo en su estilo de escritura y temas.

Tenía una estrecha amistad con su compañero escritor Gustave Flaubert, con quien intercambió ideas y críticas sobre el trabajo del otro.

Turgenev era un defensor de la reforma social y a menudo usaba sus escritos para resaltar los problemas de servidumbre y desigualdad de clase en Rusia.

A pesar de su reputación como escritor serio, Turgenev tenía un lado alegre y humorístico, como lo demuestran sus cartas ingeniosas y anécdotas compartidas entre amigos y colegas.



Con afecto,

Ruben

 

 

 

 

 

lunes, 9 de septiembre de 2024

Cuento :El Gorrion

El gorrion 



Ivan Turgenev



 

Volvía de cazar y caminaba por una avenida del jardín, con mi perro corriendo delante de mí.

De pronto, dio pasos más cortos y empezó a avanzar sigilosamente, como si estuviera siguiendo una presa.

Miré a lo largo de la avenida y vi un gorrión joven, con el pico y la cabeza cubiertos de pelusa amarilla. Se había caído del nido (el viento sacudía violentamente los abedules de la avenida) y permanecía inmóvil, agitando impotente sus alas a medio crecer.

Mi perro se acercaba lentamente a él, cuando, de repente, un viejo gorrión de garganta oscura, descendió como una piedra justo delante de su nariz y, todo erizado, aterrorizado, con pío desesperado y lastimoso, se arrojó dos veces hacia las fauces abiertas de dientes brillantes.

Saltó para salvarlo; se arrojó ante su polluelo... pero todo su cuerpecito temblaba de terror; su canto era áspero y extraño. Desmayado de miedo, ¡se ofreció!

¡Qué monstruo tan grande le debió parecer aquel perro! Y, sin embargo, no podía mantenerse en su rama alta, a salvo del peligro... Una fuerza más fuerte que su voluntad lo arrojó al suelo.

Mi Trésor se quedó quieto, retrocedió... Era evidente que él también reconoció esa fuerza.

Me apresuré a llamar al perro desconcertado y me fui lleno de reverencia.

Sí, no se rían. Sentí reverencia por aquel pajarillo heroico, por su impulso de amor.

El amor, pensé, es más fuerte que la muerte o el miedo a la muerte. Sólo por él, por el amor, la vida se mantiene y avanza.

Abril de 1878.

Con afecto,

Ruben