lunes, 5 de diciembre de 2011

Actitud: Las etapas de la Vida


Paolo Coelho
Es preciso saber cuándo se acaba una etapa en la vida.

Si insistes en permanecer en ella más allá  del necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto.
Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quiera llamarlo, lo importante es  poder cerrarlos, dejar momentos de la vida que se van clausurando.
¿Termino tu trabajo? ¿Se acabo la relación? ¿Ya no vive más en esa casa? ¿Debe irse de viaje? ¿La amistad se acabo?
Puede pasarse mucho tiempo de su presente “revolcándose” en los porqués”, y regresar   una y otra vez el  “casete” para tratar de entender por qué sucedió tal hecho.

El desgaste va a ser infinito porque en  la vida usted y yo, su amigo, sus hijos, sus hermanos y hermanas y todos estamos abocados a ir cerrando capítulos, a pasar  la hoja, a terminar con la etapa, porque son momentos de la vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado.
Ni siquiera preguntándonos porque lo  que sucedió, hay que soltar, hay que desprenderse.

No podemos ser niños eternos ni  adolescentes tardíos ni empleados de empresas inexistentes, ni tener, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.
Los hechos pasan  y hay que dejarlos ir.
Por eso a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, documentos por tirar o vender, libros por regalar.
Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación,  dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con cartas marcadas, hay que aprender a perder y ganar. Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir solo con lo que tenemos en el presente. El pasado ya paso.
No esperes que te devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién es usted.
Suelte el resentimiento, el “prender su televisor personal” para darle y darle al asunto. Lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo o amargarlo.

La vida esta para adelante, nunca para atrás.
 Porque si usted anda por la vida dejando puertas abiertas  por si acaso, nunca podrá desprenderse de vivir lo de hoy con satisfacción. Noviazgos, o amistades, que no clausuran, “posibilidades de regresar”
 (¿A qué?  Necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron; si puede enfrentarlos ya y ahora, ¡hágalo ya!, sino déjelo ir, cierre capítulos.
Dígase usted mismo que no y que no vuelve.

Pero no por orgullo ni soberbia, sino porque ya no encaja allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en ese escritorio, en ese edificio.
Usted no es el mismo que se fue hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto no hay nada a que volver. Cierre la puerta, pase la hoja, cierre el círculo.
Ni usted será el mismo ni el contorno al que regresa será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático.
Es salud mental, amor por usted mismo, después lo que ya no está en su vida.

Recuerde que nadie es indispensable, ninguna persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir porque: cuando usted vino a este mundo, llego sin ese “adhesivo”, por lo tanto es “costumbre” vivir pegado a  el, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él “adhesivo “humano o físico, que hoy le duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y humanamente se puede lograr, p porque  le repito, nada ni nadie es indispensable. Solo es costumbre, apego, necesidad.
Pero cierre, clausure, limpie, tire, oxigene, despréndase, sacuda, suelte.
Hay tantas palabras para significar salud mental, cualquiera  que sea que escoja le ayudara definitivamente a seguir adelante con tranquilidad. Esa es la vida.